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Estaba un hombre sentado en un banco de plaza donde siempre acostumbraba a quedarse por algún tiempo.
El se relajaba mirando los árboles al sol y al viento, las palomas en búsqueda de alimentos, los ambulantes vendiendo baratijas, los pájaros haciendo nidos, los niños jugando, las campanas de la iglesia repicando los viejitos jugando a los dados y al dominó.
Súbitamente se vio rodeado por 7 bultos de rostros encubiertos, y uno de ellos le dijo: - Nosotros somos moradores del futuro. -¿Y que me vienen a decir? - pregunto él, sintiéndose incómodo. Así, uno a uno comenzaron a decir:
1º - Yo soy una tormenta: un día podré llevar todo lo que posees. 2º - Yo soy el Hambre: un día podré llegar y conocerás uno de los mayores dolores que sufre el mundo. 3º - Yo soy el desempleo: un día podré visitarte y no sabrás cómo sobrevivir. 4º - Yo soy un incendio: un día podré dejarte sin techo y sin abrigo. 5º - Yo soy la melancolía: un día podré alcanzarte y perderás las ganas de vivir. 6º - Yo soy la soledad: un día podré golpear tu puerta y no tendrás compañeros para oírte o para conversar. 7º - Yo soy la vejez: cuando Yo llegue, estarás vacío, enfermo y sin metas.
De repente, como en un torbellino, los 7 bultos hablaban al mismo tiempo, atropelladamente.
Poniéndose a respirar hondo, al rato fue reaccionando y, como en un pase de magia, él pudo ver los rostros de los 7 bultos. El hombre, antes relajado y tranquilo, comenzó a temblar. Eran exactamente iguales a él!
Él, con decisión, dijo: "¡Paren! ¡Ustedes son ladrones de paz! ¡Son asaltantes de mentes distraídas!" "¡Ustedes son YO mismo! ¡Son mis pensamientos! ¡Ustedes no viven en el futuro!" "Viven en mi cabeza, pero en ella soy YO quién manda! "
Y prosiguió:
"Aquí aprendí con los árboles que la renovación es posible después de tener sus hojas caídas. Aquí aprendí con las palomas que siempre habrá más alimento que palomas hambrientas. Aquí aprendí con los vendedores ambulantes que el empleador no siempre es indispensable y que siempre habrá medios para sobrevivir. Aquí aprendí con los pájaros que, por cada nido derrumbado, nuevos nidos pueden ser construidos. Aquí aprendí con los niños que no es necesario ningún esfuerzo para ser feliz y querer vivir. Aquí aprendí con el tañir de las campanas que, por más solos que estemos, siempre habrá alguien para escucharnos. Y aquí aprendí con los viejitos, que es posible alcanzar las metas aunque sea venciendo en una apuesta de dados o en un juego de dominó."
Poco a poco aquellos 7 bultos fueron cambiando sus pesadas expresiones y, sonriendo, dijeron:
1º - Yo soy la Prosperidad. 2º - Yo soy la Abundancia. 3º - Yo soy el Progreso. 4º - Yo soy la Seguridad. 5º - Yo soy la Alegría. 6º - Yo soy el Compañerismo. 7º - Yo soy la Certeza de que la Vida es Eterna.
...Y sintiendo que había dominado los propios "fantasmas", el hombre salió caminando suave y tranquilamente en dirección al Mañana...
Vive hoy, como si fuera el mañana...Tu derrota se inicia, cuando tu esfuerzo termina.
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Un viejo guerrero Samurai, que en su juventud logró sobrevivir a los embates de diversas guerras entre señoríos, presintió que sus días en este plano de vida se terminarían, y decidió dar lo poco que tenía a sus tres únicos hijos, los cuales también eran samuráis, pero de un nivel de pelea muy básico.
Como él presentía que su destino con el TAN TIEN se acercaba decidió que no sería posible enseñar Kenjutsu por completo a sus tres hijos y esto lo puso muy triste pues sin duda después de su partida ellos serían presa fácil de otros guerreros de mayor nivel.
Mientras se preparaba espiritualmente en meditación para su partida, le llegó una visión y una forma de dar el último legado a sus jóvenes hijos.
Mientras hacia un recuento de las posesiones en armas que tenía y al observar las flechas que había forjado años antes como regalo para sus hijos, (las flechas tienen una simbología muy particular para los Japoneses pues denotan el vehículo con que se trasladan los deseos y las metas, y su objetivo es no regresar del lugar donde salieron) así comparó los deseos que dejaría como último legado para sus tres hijos.
Días mas tarde convocó a los tres para dar sus bendiciones y para heredarles lo que les correspondiese a cada uno y durante ese momento dijo: "Sé que ustedes seguirán mis pasos como guerreros y se que aún son muy jóvenes e inmaduros en las artes del sable, no obstante que sus técnicas son complementarias y que solo les enseñe a atacar y no a defender, les tengo una herencia mas por darles.
Sepan que en estas flechas esta el secreto para que ustedes puedan ser invencibles a pesar de que solo saben técnicas de ataque."
Los tres muchachos se quedaron sorprendidos, se miraban entre si, pues no sabían como tres flechas habrían de hacerlos invencibles. El anciano se sonrió y les entregó una flecha a cada uno de ellos. Los chicos las miraron y quedaron mas confusos pues las flechas no parecían tener alguna cualidad superior y uno de ellos dijo:
"Padre gracias por tu regalo y por entregarnos estas flechas, pero dime ¿Cómo es que esta simple flecha me va hacer invencible?
El anciano le dijo:
"Si decides romper esta flecha con tus propias manos seguramente lo lograras sin ningún tipo de problema pero si juntas las tres te será parcialmente imposible romperlas, júntalas de una sola vez e intenta romperlas tan solo con tus manos."
El chico comprobó que su padre tenía razón pues a pesar de que eran simples flechas, estaban hechas de maderas duras y al juntar las tres no se podían romper.
El anciano sonrío de nuevo al ver que ninguno de los tres pudo romper el grupo de flechas y continúo diciéndoles:
"Así como el estilo de estas tres flechas es el de solamente atacar su objetivo, el de ustedes es igual, pero pongan atención pues esta es la herencia más importante que les dejaré. Las flechas son indestructibles si se juntan pero si se deja una sola cualquiera podrá romperla, estas flechas representan a sus cualidades y a sus personalidades de combate, de igual manera, para que ustedes sean invencibles, siempre deberán pelear juntos y atacando de una manera definitiva y sin titubear , pues el día que decidan pelear solos será el último: rota una de las flechas las otras son mas fáciles de romper. Esta es la manera de que los tres sean invencibles a pesar de que solo saben ataques y no defensas."
Desde entonces ninguno de los tres hermanos se atrevió a pelear solo y desde ese momento juntos fueron invencibles.
(Desconozco el autor)
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Se cuenta que allá por el año 250 AC., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse.
Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.
Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración y sin poder creerlo le preguntó: - ¿Hija mía, qué vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura.
Y la hija respondió: - No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.
Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:
- Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China.
La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc.
El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.
Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.
En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.
Finalmente llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.
Entonces, con calma el príncipe explicó:
Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: LA FLOR DE LA HONESTIDAD. Todas las semillas que entregué eran estériles.
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Una mujer soñó que entraba en una tienda recién inaugurada en la plaza del mercado y, para su sorpresa, descubrió que Dios se encontraba tras el mostrador.
“¿Qué vendes aquí?” Le preguntó. “Todo lo que tu corazón desee”, respondió Dios.
Sin atreverse casi a creer lo que estaba oyendo, la mujer se decidió a pedir lo mejor que un ser humano podría desear: “Deseo paz de espíritu, amor, felicidad, sabiduría y ausencia de todo temor”, dijo. Y luego, tras un instante de vacilación, añadió: “No sólo para mí, sino para todo el mundo”.
Dios se sonrió y dijo: “Creo que no me has comprendido, aquí no vendemos frutos, únicamente vendemos semillas”.
(Desconozco el autor)
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Había un hombre muy rico que poseía muchos bienes, una gran casa con una piscina enorme y varias estancias, mucho ganado, varios empleados, y un único hijo, su heredero.
Lo que más le gustaba al hijo era hacer fiestas, estar con sus amigos y ser adulado por ellos.
Su padre siempre le advertía que sus amigos sólo estarían a su lado mientras él tuviese algo que ofrecerles; después, le abandonarían.
Un día, el viejo padre, ya avanzado en edad, dijo a sus empleados que le construyeran un pequeño establo. Dentro de él, el propio padre preparó una horca y, junto a ella, una placa con algo escrito: "Para que nunca desprecies las palabras de tu padre" Más tarde, llamó a su hijo, lo llevó hasta el establo y le dijo:
Hijo mío, yo ya estoy viejo y, cuando yo me vaya, tú te encargarás de todo lo que es mío... Y yo sé cual será tu futuro.
Vas a dejar la estancia en manos de los empleados y vas a gastar todo el dinero con tus amigos.
Venderás todos los bienes para sustentarte y, cuando no tengas más nada, tus amigos se apartarán de ti.
Sólo entonces te arrepentirás amargamente por no haberme escuchado.
Fue por esto que construí esta horca.
¡Ella es para ti!
Quiero que me prometas que, si sucede lo que yo te dije, te ahorcarás en ella.
El joven se rió, pensó que era un absurdo, pero para no contradecir a su padre le prometió que así lo haría, pensando que eso jamás sucedería.
El tiempo pasó, el padre murió, y su hijo se encargó de todo, y así como su padre había previsto, el joven gastó todo, vendió los bienes, perdió sus amigos y hasta la propia dignidad.
Desesperado y afligido, comenzó a reflexionar sobre su vida y vio que había sido un tonto. Se acordó de las palabras de su padre y comenzó a decir:
Ah, padre mío... Si yo hubiese escuchado tus consejos... Pero ahora es demasiado tarde.
Apesadumbrado, el joven levantó la vista y vio el establo. Con pasos lentos, se dirigió hasta allá y entrando, vio la horca y la placa llenas de polvo, y entonces pensó:
Yo nunca seguí las palabras de mi padre, no pude alegrarle cuando estaba vivo, pero al menos esta vez haré su voluntad. Voy a cumplir mi promesa. No me queda nada más...
Entonces, él subió los escalones y se colocó la cuerda en el cuello, y pensó:
Ah, si yo tuviese una nueva oportunidad...
Entonces, se tiró desde lo alto de los escalones y, por un instante, sintió que la cuerda apretaba su garganta... Era el fin.
Sin embargo, el brazo de la horca era hueco y se quebró fácilmente, cayendo el joven al piso. Sobre él cayeron joyas, esmeraldas, perlas, rubíes, zafiros y brillantes, muchos brillantes... La horca estaba llena de piedras preciosas. Entre lo que cayó encontró una nota. En ella estaba escrito:
Esta es tu nueva oportunidad. ¡Te amo mucho!
Con amor, tu viejo padre.
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Cuentan que una vez un hombre, era perseguido por varios malhechores que querían matarlo. El hombre ingresó a una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores de la que él se encontraba. Con tal desesperación elevó una plegaria a Dios diciendo: “Dios Todopoderoso, haz que dos ángeles bajen y tapen la entrada, para que no entren a matarme”.
En ese momento escuchó a los hombres acercándose a la cueva en la que él se encontraba y, vio que apareció una arañita.
La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada.
El hombre volvió a elevar otra plegaria. Esta vez más angustiado y cerrando los ojos dijo: “Señor te pedí ángeles, no una araña”.
Y continuó: “Señor, por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme”.
Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada y, observó a la arañita que seguía tejiendo la telaraña.
Estaban ya los malhechores ingresando a la cueva anterior de la que se encontraba el hombre y, éste quedó esperando su muerte.
Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva que se encontraba el hombre, la arañita ya había tapado toda la entrada con su telaraña.
Entonces escuchó esta conversación:
- “Vamos, entremos a esta cueva”. - “No, ¿no ves que hay una telaraña? Nadie ha entrado a esta cueva. Sigamos buscando en las demás”.
La Fe es creer que se tiene lo que no se ve. Perseverar en lo imposible.
(Desconozco el autor)
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¿Recuerdas la fábula? Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. …y decidieron correr una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron la competencia
La liebre arrancó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante algún tiempo.
Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha.
Pero pronto se durmió. La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y terminó primera, declarándose vencedora indiscutible.
Moraleja: Los lentos y estables ganan la carrera.
Pero la historia no termina aquí: La liebre, decepcionada tras haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció sus errores.
Descubrió que había perdido la carrera por ser presumida y descuidada. Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca la hubiesen vencido.
Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente.
Moraleja: Los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.
Pero la historia tampoco termina aquí: Tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad.
Como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente.
La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. Mientras la liebre, que no sabía nadar, se preguntaba "¿qué hago ahora?", la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso y terminó en primer lugar.
Moraleja: Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, llegan primeros.
Pero la historia tampoco termina aquí: El tiempo pasó y tanto compartieron la liebre y la tortuga, que terminaron haciéndose buenas amigas.
Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo.
En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre sobre su caparazón y, sobre la orilla de enfrente la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta la meta.
Como alcanzaron la línea de llegada en un tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que aquella que habían experimentado en sus logros individuales.
Moraleja: Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales.
Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las habilidades de cada uno, no seremos completamente efectivos.
Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor.
La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital:
Cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros recursos...¡y obtenemos mejores resultados!
"Para ser exitoso no tienes que hacer cosas extraordinarias. Haz cosas ordinarias, extraordinariamente bien."
(Desconozco el autor)
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Una noche, mientras se hallaba en oración, el hermano Bruno se vio interrumpido por el croar de una rana. Pero, al ver que todos sus esfuerzos por ignorar aquel sonido resultaban inútiles, se asomó a la ventana y gritó: "¡Silencio! ¡Estoy rezando!"
Y como el hermano Bruno era un santo, su orden fue obedecida de inmediato: todo ser viviente acalló su voz para crear un silencio que pudiera favorecer su oración.
Pero otro sonido vino entonces a perturbar a Bruno: una voz interior que decía: "Quizás a Dios le agrade tanto el croar de esa rana como el recitado de tus salmos..." "¿Qué puede haber en el croar de una rana que resulte agradable a los oídos de Dios?", fue la displicente respuesta de Bruno. Pero la voz siguió hablando: "¿Por qué crees tú que inventó Dios el sonido?"
Bruno decidió averiguar el porqué. Se asomó de nuevo a la ventana y ordenó: "¡Canta!" Y el rítmico croar de la rana volvió a llenar el aire, con el acompañamiento de todas las ranas del lugar. Y cuando Bruno prestó atención al sonido, éste dejó de crisparle, porque descubrió que, si dejaba de resistirse a él, el croar de las ranas servía, de hecho, para enriquecer el silencio de la noche.
Y una vez descubierto esto, el corazón de Bruno se sintió en armonía con el universo, y por primera vez en su vida comprendió lo que significa orar.
(Anthony de Mello)
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Había una vez un rey, descendiente de una antigua y poderosa dinastía, que había sido despojado del trono por la adversidad y estaba huyendo de sus enemigos.
El rey estaba empapado por la lluvia, en medio de una zona pantanosa, cuando llegó a una pequeña choza de pastores. Pensó descansar allí por algún tiempo, pero cuando entró se encontró que dos pastores se le habían anticipado y descansaban envueltos en mantas para protegerse del frío.
Amablemente le dieron la bienvenida y compartieron con él algo de pan, queso y cebollas, que era la única comida que tenían.
El rey dijo:
— Algún día, cuando recobre mi reino, os pagaré con moneda propia de un rey.
Sucedió que, aunque los dos pastores habían ofrecido comida al rey y habían sido igualmente generosos, no se comportaban en todo de la misma forma.
El primer pastor comenzó a decir a toda la gente que él era mejor que un noble, pues había dado comida a un rey, cuando no había nadie más que lo hiciera.
Pero el segundo pastor, reflexionando, se dijo a sí mismo:
“El haber estado en la choza y el haber tenido un poco de comida fueron simples accidentes. El haber ofrecido comida al rey fue una acción normal. Pero el rey, con una generosidad realmente noble, quiso interpretar estos hechos como algo de mérito. Ahora, yo debo inspirarme en su ejemplo y hacerme digno de tal nobleza”.
Dos o tres años después, el rey recuperó su reino y mandó llamar a los pastores. A cada uno se le dieron valiosos regalos, y los dos tuvieron posiciones poderosas en la corte.
Pero el primer pastor, no habiendo hecho ningún esfuerzo por mejorar y prepararse, no tardó en tomar parte en una intriga de la corte y fue ejecutado en caso a su conjura.
Por el contrario, el segundo pastor trabajó tan bien y con tal lealtad que, cuando el rey llegó a una edad avanzada, fue nombrado y aceptado como su sucesor.
(Cuento hindú)
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Un hombre recorrió medio mundo para comprobar por sí mismo la extraordinaria fama de que gozaba el Maestro.
"¿Qué milagros ha realizado tu Maestro?", le preguntó a un discípulo.
"Bueno, verás..., hay milagros y milagros.
En tu país se considera un milagro el que Dios haga la voluntad de alguien.
Entre nosotros se considera un milagro el que alguien haga la voluntad de Dios".
(Desconozco el autor)
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En la corte tuvo lugar un fastuoso banquete. Todo estaba dispuesto de tal manera que cada cual se sentaba a la mesa según su rango.
No había llegado todavía el monarca cuando apareció un hombre muy pobremente vestido y que se sentó en el sitio de mayor importancia. Tan insólito comportamiento indignó al primer ministro, quien le preguntó:
-¿Acaso eres un visir?
El hombre repuso:
-Mi rango es superior al de visir.
-¿Acaso eres un primer ministro?
-Mi rango es superior.
El primer ministro preguntó:
-¿Acaso eres el mismo rey?
-Mi rango es superior.
Desconcertado, el primer ministro preguntó nuevamente:
-¿Acaso eres Dios?
-Mi rango es superior. Y el primer ministro vociferó fuera de sí:
-Nada es superior a Dios.
El mendigo repuso apaciblemente:
-Ahora sí sabes mi identidad. Esa nada soy yo.
(Desconozco el autor)
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Se hallaba el Buda en el bosque de Jeta, cuando llegaron numerosos ascetas de diferentes escuelas y tendencias filosóficas. Algunos decían:
-El mundo es eterno. Eso es lo cierto y todo lo demás es un engaño.
Otros aseguraban:
-El mundo no es eterno y esta es la única verdad.
Unos aseveraban que el mundo es infinito y otros que el mundo es finito. Unos, que el cuerpo y el alma son lo mismo, y otros, que son dos realidades diferentes. Algunos, que el Buda tiene existencia tras la muerte, y otros, que carece de tal. Otros, que el Buda ni existe ni no existe tras la muerte. Y así cada uno de ellos sostenía sus puntos de vista, en la convicción de que los suyos eran los verdaderos y los demás los falsos. Así pasaban su tiempo en cerradas polémicas e incluso llegaban a la indignación y el insulto. Todo ello fue oído y visto por un grupo de monjes, que después le relataron al Bienaventurado lo sucedido. Buda comentó:
-Monjes, esos disidentes son ciegos que no ven, que desconocen tanto la verdad como la no verdad, tanto lo real como lo no real. Ignorantes, polemizan y se enzarzan como me habéis relatado. Ahora os contaré un suceso de los tiempos antiguos. Había un rajá que mandó reunir a todos los ciegos que había en Savathi y pidió que les pusieran un elefante. Así se hizo. Se les instó a los ciegos a que tocasen el elefante. Uno tocó la trompa, otro el colmillo, otro la pata, otro la cabeza y así sucesivamente. Después el rajá se dirigió a los ciegos para preguntarles:
-¿Qué os ha parecido el elefante que habéis tocado?
-Un elefante se parece a un cacharro -contestaron los que habían tocado la cabeza.
-Es como un cesto de aventar -aseguraron los que hubieron palpado la oreja.
-Es una reja de arado -sentenciaron los que habían tocado el colmillo.
-Es un granero -insistieron los que tocaron el cuerpo.
Y así sucesivamente. Y todos, empeñados en su creencia, empezaron a discutir y querellarse entre ellos.
(Desconozco el autor)
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A un viajero que preguntaba como podría distinguir entre un maestro verdadero y uno falso, el Maestro le respondió lacónicamente: Si tú mismo no eres engañoso, no serás engañado.
Más tarde les dijo el Maestro a los discípulos: ¿Por qué será que los que buscan dan por supuesto que ellos son sinceros y que lo único que necesitan es el modo de detectar el fraude en los Maestros?
(Desconozco el autor)
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El Maestro Sufí contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma...
- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde - tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado...
- Pido perdón por eso. – Se disculpó el maestro – Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.
- Gracias maestro.- respondió halagado el discípulo
- Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?
- Sí. Muchas gracias – dijo el discípulo.
- ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?...
- Me encantaría... Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro...
- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte...
- Permíteme que te lo mastique antes de dártelo...
- No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el discípulo.
El maestro hizo una pausa y dijo:
-Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería como darles a comer una fruta masticada
(Desconozco el autor)
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¿Conoces la leyenda del rito de pasaje, de la juventud de los indios cherokee?
Es la historia de un niño indio.
Su padre le lleva al bosque, con los ojos vendados y le deja solo. Él tiene la obligación de sentarse en un tronco toda la noche y no quitar la venda hasta que los rayos del sol brillan a través de la mañana.
Él no puede pedir auxilio a nadie. Una vez que sobrevive la noche, él ya es un hombre. Él no puede decir nada a los otros muchachos acerca de esta experiencia, debido a que cada chico debe entrar en la masculinidad por su cuenta.
El niño esta naturalmente aterrorizado. Él puede oír toda clase de ruidos. Bestias salvajes que rondan a su alrededor. Quizás algún humano le puede hacer daño. El niño escucha el viento soplar y la hierba crujir, y permanece sentado estoicamente en el tronco, sin quitarse la venda, ya que es la única manera en que podría llegar a ser un hombre.
Por último, después de una horrible noche, el sol apareció y al quitarse la venda, fue entonces cuando descubrió a su padre sentado junto a él. Su padre veló toda la noche, para proteger a su hijo del peligro.
Así, nosotros tampoco estamos nunca solos. Aun cuando no lo sabemos, nuestro Padre Celestial esta velando por nosotros, sentado en un tronco a nuestro lado. Cuando vienen los problemas, lo que tenemos que hacer es sólo confiar en Él.
(Desconozco el autor)
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En la rama de un árbol, bien ufano y contento, con un queso en el pico, estaba el señor Cuervo. Del olor atraído, un Zorro muy maestro le dijo estas palabras un poco más o menos: "¡Tenga usted buenos días, señor Cuervo, mi dueño! ¡Vaya que estáis donoso, mono, lindo en extremo! Yo no gasto lisonjas, y digo lo que siento; que si a tu bella traza corresponde el gorjeo, juro a la diosa Ceres, siendo testigo el cielo, que tú serás el Fénix de sus vastos imperios". Al oír un discurso tan dulce y halagüeño, de vanidad llevado, quiso cantar el Cuervo. Abrió su negro pico, dejó caer el queso. El muy astuto Zorro, después de haberle preso, le dijo:
"Señor bobo, pues sin otro alimento, quedáis con alabanzas tan hinchado y repleto, digerid las lisonjas mientras yo digiero el queso"
Quien oye aduladores, nunca espere otro premio.
(Desconozco el autor)
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Una vez apareció en la plaza de Esparta, durante una reunión pública, Licurgo, el legislador que había escrito la Constitución de aquel pueblo. Iba seguido de unos criados que llevaban dos perros atados a una liebre mansa; llegado al medio de la concurrencia, sin decir palabra, soltó la liebre, y uno de los perros, contra la expectación de todos se puso a juguetear cariñosamente con el tímido animal de largas orejas.
Admiraban los espartanos, extrañados, del espectáculo, cuando Licurgo ordenó que fuera soltado el otro perro; apenas éste se vio libre, aullando se precipitó sobre la liebre, que orejas tendidas empezó a correr por el espacio en se lo permitía la apiñada muchedumbre, hasta que, rodando jadeante cayó en poder de su encarnizado adversario, que la deshizo en un momento. El pueblo contemplaba con lástima aquel espectáculo, los restos de la liebre infeliz, las manchas de sangre, la tristeza del primer perro por el fin de su amiga, cuando el legislador tomando la palabra dijo:
Ciudadanos, salud y libertad. He querido presentaros esta tarde el ejemplo palpable de lo que vale la educación. Al primer perro le enseñé desde chico a estar con las liebres sin hacerles daño, y al segundo le dejé abandonado a su bárbaro instinto natural, que aún acrecenté con la educación, amaestrándolo a perseguir las liebres dondequiera que las encontraba.
Ahí tenéis lo que es el hombre y lo que pueden ser vuestros hijos, según la educación que les déis. Abandonadlos a sí mismos, no les habléis de Dios, de obligaciones ni de moral, y crecerán en los vicios más degradantes, y un día, cuando tengan fuerzas y libertad, se lanzarán contra las instituciones y los gobiernos, y contra sus pacíficos conciudadanos, y convertirán la república en un lago de sangre. Pero educadlos en el bien, en la piedad y en la disciplina; infundidles respeto religioso al prójimo, a las leyes, a la justicia de Dios, y tendréis un pueblo feliz en medio de la grandeza, gloria y corona de la humanidad.
(Desconozco el autor)
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Unos ratoncitos, jugando sin cuidado en un prado, despertaron a un león que dormía plácidamente al pie de un árbol. La fiera, se levantó de pronto, y atrapó entre sus garras al más atrevido de la pandilla. El ratoncillo, preso de terror, prometió al león que si le perdonaba la vida la emplearía en servirlo; y aunque esta promesa lo hizo reír, el león terminó por soltarlo. Tiempo después, la fiera cayó en las redes que un cazador le había tendido y como, a pesar de su fuerza, no podía librarse, atronó la selva con sus furiosos rugidos. El ratoncillo, al oírlo, acudió presuroso y rompió las redes con sus afilados dientes. De esta manera el pequeño ex-prisionero cumplió su promesa, y salvó la vida del rey de los animales. El león meditó seriamente en el favor que acababa de recibir y prometió ser en adelante más generoso.
En los cambios de fortuna, los poderosos necesitan la ayuda de los débiles.
(Desconozco el autor)
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Pasando por un pueblo un mulo llevaba atado un gato, al que un chico, mostrando disimulo, le asió la cola por detrás del mulo.
Herido el gato, al aparecer sensible, le pegó al mulo un arañazo horrible;
Y herido entonces el sensible mulo, pegó una coz y derribó al muchacho.
Es el mundo a mi ver una cadena, va rodando la bola, y el mal que hacemos en cabeza ajena refluye en nuestro mal, por Carambola.
(Desconozco el autor)
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Un hombre, pasando por un monte, encontró una culebra que ciertos pastores habían atado al tronco de un árbol, y, compadeciéndose de ella, la soltó y calentó. Recobrada su fuerza y libertad, la culebra se volvió contra el hombre y se enroscó fuertemente en su cuello. El hombre, sorprendido, le dijo: - ¿Qué haces? ¿Por qué me pagas tan mal? Y ella respondió: - No hago sino obedecer las leyes de mi instinto. Entretanto pasó una raposa, a la que los litigantes eligieron por juez de la contienda. - Mal podría juzgar - exclamó la zorra -, lo que mis ojos no vieron desde el comienzo. Hay que reconstruir los hechos. Entonces el hombre ató a la serpiente, y la zorra, después de comprobar lo sucedido, pronunció su fallo. - Ahora tú - dirigiéndose al hombre, le dijo -: no te dejes llevar por corazonadas, y tú - añadió, dirigiéndose a la serpiente -, si puedes escapar, vete.
Atajar al principio el mal, procura; si llega a echar raíz, tarde se cura.
(Desconozco el autor)
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Un campesino alimentaba al mismo tiempo a una cabra y a un asno. La cabra, envidiosa porque su compañero estaba mejor atendido, le dio el siguiente consejo: - La noria y la carga hacen de tu vida un tormento interminable; simula una enfermedad y déjate caer en un foso, pues así te dejarán reposar. El asno, poniendo en práctica el consejo, se dejó caer y se hirió todo el cuerpo. El amo llamó entonces a un veterinario y le pidió un remedio que salvase el jumento. El curandero, después de examinar al enfermo, dispuso que se le diera de comer un pulmón de cabra para devolverle las fuerzas. Y sin titubear, el labriego sacrificó de inmediato a la envidiosa cabra para curar a su asno.

No hagas a otros lo que no quieres que hagan contigo.
(Desconozco el autor)
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Una lechuza se enteró de que en cierto palomar vivían muy bien alimentadas unas palomas. Se pintó de blanco para disfrazarse y se mezcló con ellas. Las palomas no reconocieron a la intrusa, mientras estuvo sin abrir el pico; pero un día que olvidó cuál era su papel, chilló como lechuza que era y las palomas la echaron a picotazos del palomar.
 Desconcertada, regresó a la torre de la iglesia donde vivía, pero sus compañeras no la conocieron por aquel plumaje extraño, y la echaron de su lado. Así la pobre lechuza perdió hasta su propio refugio.
Quien su bien usurpa al dueño, no espere tranquilo sueño.
(Desconozco el autor)
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Cierto día muy caluroso, una paloma se detuvo a descansar sobre la rama de un árbol, al lado del cual discurría un limpio arroyuelo. De repente, una abejita se acercó a beber, pero la pobrecita estuvo a punto de perecer arrastrada por la corriente. Al verla en tal aprieto la paloma, voló hacia ella y la sacó con el pico. Más tarde, un cazador divisó a la paloma y se dispuso a darle muerte. En aquel mismo instante acudió presurosa la abeja y, para salvar a su bienhechora, clavó su aguijón en la mano del hombre. El dolor hizo que el cazador sacudiese el brazo y fallara el tiro, con lo que se salvó la linda y blanca palomita.

Haz a los otros lo que quisieras que ellos también hiciesen por ti.
(Desconozco el autor)
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A dos amigos se aparece un oso:
El uno muy medroso se asegura en las ramas de un árbol.
El otro, abandonado a la aventura, se finge muerto repentinamente.
El oso se le acerca lentamente;
Mas como este animal, según se cuenta, de cadáveres nunca se alimenta, sin ofenderlo lo registra y toca;
Huélele las narices y la boca; No le siente el aliento, ni el menor movimiento;
Y así se fue diciendo sin recelo: Este tan muerto está como mi abuelo.
Entonces el cobarde, de su gran amistad haciendo alarde, del árbol se desprende muy ligero.
Corre, llega y abraza al compañero: Pondera la fortuna de haberle hallado sin lesión alguna.
Y al fin le dice: Sepas que he notado que el oso te decía algún recado. ¿Qué pudo ser?
Te diré lo que ha sido: “Aparta tu amistad de la persona que si te ve en riesgo te abandona”
(Desconozco el autor)
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Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa.
El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subir las escaleras se topó con una puerta entre abierta; lentamente se adentró en el cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto había 1000 perritos más observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos. El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los 1000 perritos hicieron lo mismo. Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él! Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para sí mismo: Qué lugar tan agradable! Voy a venir más seguido a visitarlo!
Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva. Posteriormente empezó a gruñir; vio como los 1000 perritos le gruñían a el. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a él. Cuando este perrito salió del cuarto pensó: "Qué lugar tan horrible es este! Nunca más volveré a entrar allí!"
En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía:"La Casa de los 1000 Espejos"
Lo que hay dentro de nosotros, eso es lo que reflejamos.
(Desconozco el autor)
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Encontrándose dos libros en una biblioteca que se iba a abrir próximamente, decía el uno al otro:
- No se como han consentido tu presencia en este lugar, puesto que a diferencia mía eres muy feo. Tu encuadernación no está adornada con oro como la mía, tampoco está hecha de cuero y además no tienes ningún dibujo bello presentándote como portada.
- Al oír estas palabras quedó el segundo libro muy apenado.
Se abrió por fin la biblioteca y el libro feo vio como era el predilecto entre el resto de ellos. Dijo entonces al libro presumido:
- Bien es cierto que eres más bonito que yo, sin embargo, yo soy más leído pues mis páginas contienen más esencia que las tuyas.
No todo lo que reluce por fuera, reluce también por dentro.
(Desconozco el autor)
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Esta es la historia de dos sadhus. Uno había sido enormemente rico y aún después de cortar con sus lazos familiares y sociales y renunciar a sus negocios, su familia cuidaba de él y él disponía de varios criados para que le atendieran. El otro sadhu era muy pobre, vivía de la caridad pública y sólo disponía de una escudilla y una piel de antílope. Con frecuencia el sadhu pobre se jactaba de su pobreza y ridiculizaba y criticaba al sadhu rico. Solía hacer el siguiente comentario:
-Se ve que era demasiado viejo para seguir con los negocios y la familia, y entonces se ha hecho renunciante, pero sin renunciar a sus lujos.
El sadhu pobre no perdía ocasión para importunar el sadhu rico y mofarse de él. Se le acercaba y le decía:
-Mi renuncia sí es muy valiosa y no la tuya, que en realidad no representa renuncia de ningún tipo, porque sigues llevando una vida cómoda y fácil.
Un día, de repente, el sadhu rico, cuando el sadhu pobre le habló así, replicó tajantemente:
-Ahora mismo, tú y yo, nos vamos de peregrinación a Gangotri (fuentes del Ganges) como dos sadhus errantes.
El sadhu pobre se sorprendió, pero tuvo que acceder a peregrinar para poder mantener su imagen.
Ambos sadhus se pusieron en marcha y un tiempo después, súbitamente, el sadhu pobre se detuvo y, alarmado, exclamó:
-¡Dios mío!, tengo que regresar rápidamente.
En su rostro se reflejaba una expresión de ansiedad.
-¿Por qué? -preguntó el sadhu rico,
-Porque olvidé coger mi escudilla y mi piel de antílope contestó el sadhu pobre.
Y entonces el sadhu rico le dijo, sin dejar de sonreír:
-Te has burlado durante mucho tiempo de mis bienes materiales y ahora resulta, curiosamente, que tú dependes mucho más de tu escudilla y tu piel que yo de todas mis posesiones.
(Desconozco el autor)
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Había una vez una hormiguita, esta hormiguita era como toda buena hormiga, trabajadora y servicial. Se la pasaba acarreando hojitas de día y de noche: casi no tenía tiempo para descansar. Y así transcurría su vida, trabajando y trabajando.
Un día fue a buscar comida a un estanque que estaba un poco lejos de su casa, y para su sorpresa al llegar al estanque vio como un botón de lirio se abría y de él surgía una hermosa y delicada florecilla.
Se acercó: -¡Hola! ¿sabes? eres muy bonito, ¿qué eres?
-Y la florcita contestó: Soy un lirio, gracias, ¿sabes? eres muy simpático, ¿qué eres?
-Soy una hormiga, gracias también.
Y así la hormiguita y el lirio siguieron conversando todo el día, haciéndose grandes amigos, cuando iba anochecer la hormiga regresó a su casa, no sin antes de prometer al lirio que volvería al día siguiente.
Mientras iba caminando a casa, la hormiga descubrió que admiraba a su nuevo amigo, que lo quería muchísimo y se dijo, "Mañana le diré que me encanta su forma de ser, mañana".
Y el lirio al quedarse solo se dijo, "Me gusta la amistad de la hormiga, mañana cuando venga se lo diré".
Pero al día siguiente la hormiguita se dio cuenta de que no había trabajado nada el día anterior. Así que decidió quedarse a trabajar y se dijo, "Mañana iré con el lirio, hoy no puedo, estoy demasiado ocupado, mañana y le diré además, que le extraño".
Al día siguiente amaneció lloviendo, y la hormiga no pudo salir de su casa y se dijo, -que mala suerte hoy tampoco veré al lirio.Bueno no importa mañana le diré todo lo especial que es para mí". Y al tercer día la hormiguita se despertó muy temprano y se fue al estanque, pero al llegar encontró al lirio en el suelo, ya sin vida.
La lluvia y el viento habían destrozado su tallo. Entonces la hormiga pensó, que tonta fui, desperdicié demasiado tiempo, mi amigo se fue sin saber todo lo que lo quería, en verdad me arrepiento.
Y así fue como ambos nunca supieron lo importante que eran. No esperes el final de tu vida para arrepentirte.
No esperes el mañana para soñar, y por ningún motivo dejes de decirle a una persona que le amas.
(Desconozco el autor)
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Un hombre estaba diciendo a sus amigos en una casa de té:
"He prestado a alguien una moneda de plata, y no tengo testigos. Me preocupa ahora que niegue haber recibido alguna vez algo de mí."
Los amigos le compadecían, pero un sufí que estaba sentado en una esquina levantó la cabeza de entre sus rodillas y dijo:
"Invítale y menciónale en una conversación delante de estas personas que le prestaste veinte monedas de oro."
"¡Pero yo sólo le presté una moneda!"
"Eso es exactamente lo que gritará", replicó el sufí, "y todo el mundo lo oirá. Tú querías testigos, ¿no es verdad?"
(Desconozco el autor)
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Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un saltamontes. ¿Hacia dónde te diriges? le preguntó. Sin dejar de caminar, la oruga contestó: Tuve un sueño anoche: soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.
Sorprendido, el saltamontes dijo mientras su amigo se alejaba; ¡debes estar loco!, ¿cómo podrás llegar hasta aquel lugar?, ¡Tu una simple oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable.
Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó, su diminuto cuerpo no dejó de moverse. De pronto se oyó la voz de un escarabajo:
¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño? Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante: Tuve un sueño y deseo realizarlo, subir a esa montaña y desde ahí contemplar todo nuestro mundo. El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo: Ni yo, con patas tan grandes, intentaría realizar algo tan ambicioso y se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros.
Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor le aconsejaron a nuestro amigo a desistir, ¡No lo lograrás jamás! le dijeron, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir. Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar. "Estaré mejor", fue lo último que dijo y murió.
Todos los animales del valle fueron a mirar sus restos, ahí estaba el animal más loco del pueblo, había construido como su tumba un monumento a la insensatez, ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable.
Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos. De pronto quedaron atónitos, aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta, poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: ¡una mariposa!,.... no hubo nada que decir, todos sabían lo que pasaría, se iría volando hasta la gran montaña y realizaría su sueño, el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir, ¡todos se habían equivocado!
Dios nos ha creado para realizar un sueño, vivamos por el, intentemos alcanzarlo, pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos, quizá necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas y entonces, con otro aspecto, con otras posibilidades y con la gracia de Dios, lo lograremos.
EL ÉXITO EN LA VIDA NO SE MIDE POR LO QUE HAS LOGRADO, SINO POR LOS OBSTÁCULOS QUE HAS TENIDO QUE ENFRENTAR EN EL CAMINO.
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Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de su esposa, cuando vio a un hombre chino poniendo un plato con arroz en la tumba vecina. El hombre se dirigió al chino y le preguntó: -'Disculpe señor, ¿de verdad cree usted que el difunto vendrá a comer el arroz? -'Sí', responde el chino, 'cuando el suyo venga a oler sus flores...'
Moraleja: Respetar las opiniones del otro, es una de las mayores virtudes que un ser humano puede tener.
(Desconozco el autor)
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Había una vez un ciudadano que vivía al lado de una carretera donde vendía unas ricas albóndigas con pan. Estaba muy ocupado y por lo tanto no se enteraba de las noticias internacionales de las grandes cadenas de la comunicación.
Alquiló un trozo de terreno, colocó una gran valla, hizo un programa gastronómico en la radio y en la televisión local y anunció su mercancía gritando a todo pulmón: "Compren deliciosas albóndigas calientes". Y la gente se las compraba. Aumentó la adquisición de pan y carne. Compró un terreno más grande para poder ocuparse mejor de su negocio. Y trabajó tanto que dispuso que su hijo dejara la Universidad donde estudiaba Ciencias Empresariales a fin de que le ayudara. Sin embargo, ocurrió algo importante. Su hijo le dijo:
-"Padre, ¿pero no escuchas las noticias, ni lees la prensa económica? Estamos sufriendo una grave crisis. La situación es realmente mala; peor no podría estar". El padre pensó: "Mi hijo estudia en la Universidad, y está informado. Sabe entonces lo que dice". Compró pues menos pan y menos carne. Sacó la valla anunciadora, dejó la publicidad en la radio y en la tele local a fin de eliminar gastos y ya no anunció sus ricas albóndigas con pan. Y las ventas fueron disminuyendo cada día más.
Después de un tiempo, el negocio estaba realmente afectado -"Tenías razón hijo mío", le dijo al muchacho. "Verdaderamente estamos sufriendo una gran crisis". Si nos programamos para fracasar, fracasaremos. Si nos mentalizamos para ganar, ganaremos. Es una simple elección personal. En estos tiempos distintos, asumamos que hay muchas oportunidades esperando por nosotros.
El optimismo es el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia, descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.
No es más optimista el que menos ha fracasado, sino quien ha sabido encontrar en la adversidad un estímulo para superarse, fortaleciendo su voluntad y empeño; en los errores y equivocaciones una experiencia positiva de aprendizaje. Todo requiere esfuerzo y el optimismo es la alegre manifestación del mismo, de esta forma, las dificultades y contrariedades dejan de ser una carga, convirtiéndonos en personas productivas y emprendedoras.
(Desconozco el autor, pero me lo envió mi jefe…)
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Una Gallina encontró unos granos de trigo y dijo a sus vecinos:
- “Si sembramos este trigo, tendremos pan para comer”.
“¿Alguien me quiere ayudar a sembrarlo?”
- “Yo no, ¡estas loca!” – dijo la vaca.
- “Ni yo, ¡tengo otras cosas que hacer!” – aseveró el pato.
- “Yo tampoco” – replicó el cerdito.
- “Mucho menos yo” – completó el cabrito
- “Entonces yo sola los sembraré”, dijo la gallina. Y así lo hizo.
El trigo creció y maduró, con unos granos dorados.
- “¿Quien me ayudara a cosecharlos?”, quiso saber la gallina.
- “Yo no, ya tengo salario mínimo garantizado”, dijo el pato
- “No son parte de mis funciones, sólo si me das una compensación” – dijo el cerdito
- “Yo no, después de tantos años de servicio”, exclamo la vaca
- “Yo no voy a arriesgarme a perder el seguro de paro” – dijo el cabrito
- “Entonces, yo misma los cosecharé” – dijo la gallina, y así fue.
Finalmente, llegó la hora de hornear el pan.
- “Quién me va a ayudar a hacer el pan?” – Indagó la gallina.
- “Yo huí de la escuela y no aprendí esas mariconadas, ¡me mantengo con el paro!” – dijo el cerdito
- “Yo no puedo arriesgar mi pensión por enfermedad” continuó el pato.
- “Suponiendo que solo sea para ayudar, eso es discriminatorio” refunfuñó el cabrito
- “Sólo si me pagan horas extras” – exclamó la vaca
- “Entonces, yo mismo lo haré” – exclamó la pequeña gallina.
Cocinó 5 panes y los puso en una cesta para que los vecinos los vieran.
De repente, toda la gente pasó y como quería pan, pedía un bocado. La gallina simplemente dijo: - “¡No!, voy a comérmelos yo sola”.
- “¡Lucro excesivo, usurera!” - gritó la vaca.
- “¡Sanguijuela capitalista!” - exclamó el pato.
- “¡Yo exijo igualdad de derechos!” - gritó el cabrito.
El cerdito gruñó: - “¡La Paz, el Pan, la Educación, son para todos! ¡El pueblo tiene derechos!”
Pintaron carteles y pancartas diciendo “Injusticia” y marcharon protestando contra la gallina, gritaron obscenidades y toda clase de improperios.
Llamaron a un Fiscal del gobierno, y le dijo a la pobre gallina: - “Usted, gallina, no puede ser así, tan egoísta. Usted ganó pan por demás ¡y por eso tiene que pagar muchos impuestos!” - “Pero yo gané ese pan con mi propio trabajo y sudor” – se defendió la gallina.
“¡Los otros no quisieron trabajar!” - replicó resentida.
- “Exactamente” - dijo el funcionario del gobierno- “Esa es la ventaja de la libre competencia. Cualquier persona, o empresa, puede ganar lo que quiera. Puede trabajar o no trabajar. Pero, de acuerdo con nuestra moderna legislación “la más moderna y adelantada del Mundo”, los trabajadores más productivos tienen que dividir el producto del trabajo con los que no hacen nada.”
Este es el socialismo más moderno del mundo, y para eso gallinita tienes que aportar con el IVA, el Impuesto al combustible, los TAGS, los peajes, a las Autopistas, a los sobresueldos, a los políticos inútiles, a los Embajadores, pagar Contribuciones, Patente del auto, patentes Municipales, impuestos de Aduanas, etc. para garantizar la Salud, la Educación, la Seguridad Ciudadana y la Justicia de nuestro pueblo! ¡Las mejores del Mundo! Los vecinos son los que ahora se preguntan ¿que le habrá pasado a la gallina que nunca más hizo pan?.
Y todos vivieron felices para siempre, inclusive la pequeña gallina, a quien no le quedó más que sonreír y cacareando dijo:“Que alegría más grande, que suerte de vivir en un país como éste”
Esta fábula debería ser distribuída y estudiada en todas las escuelas.
Cualquier semejanza con algún país, Gobierno o sistema político que usted conozca es mera coincidencia.
(Desconozco el autor)
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Cuenta la leyenda que en un monasterio budista ubicado en una ladera casi inaccesible de las frías y escarpadas montañas de los Himalayas, un buen día uno de los monjes guardianes amaneció sin vida…
Le hicieron los rituales tibetanos propios para esas ocasiones, llenas de profundo respeto y misticismo.
Sin embargo, era preciso que algún otro monje asumiera las funciones del puesto vacante del guardián. Debía encontrarse el monje adecuado para llevarlas a cabo.
El Gran Maestro convocó a todos los discípulos del monasterio para determinar quien ocuparía el honroso puesto de Guardián.
El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, colocó una magnífica mesita en el centro de la enorme sala en la que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un exquisito jarrón de porcelana, y en él, una rosa amarilla de extraordinaria belleza y dijo:
-“He aquí el problema.”
-“Asumirá el puesto de Honorable Guardián de nuestro monasterio el primer monje que lo resuelva.”
Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de gran valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro.
Los monjes se quedaron como petrificados, en el más respetuoso silencio, hundidos en sus interrogantes internas…
¿Qué representaría ese bello jarrón con flores? ¿Qué hacer con él?
¿Cuál podría ser el enigma encerrado en tan delicada belleza?
¿Simbolizaría acaso las tentaciones del mundo?
¿Podría ser algo tan simple como que necesitara agua la flor?
Eran tantas preguntas…..
En momento determinado, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y...
Zas!! Destruyó todo de un sólo golpe.
Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo:
-“Alguien se ha atrevido no sólo a dar solución al problema, sino a eliminarlo. Honremos a nuestro nuevo Guardián del Monasterio".
(Desconozco el autor)
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Se cuenta que en Inglaterra había una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Al entrar en una de ellas se quedaron prendados de una hermosa tacita.
-¿Me permite ver esa taza? -preguntó la señora- ¡nunca he visto nada tan fino!
En las manos de la señora, la taza comenzó a contar su historia:
- Usted debe saber que yo no siempre he sido la taza que usted está sosteniendo. Hace mucho tiempo era solo un poco de barro. Pero un artesano me tomó entre sus manos y me fue dando forma. Llegó el momento en que me desesperé y le grité: ¡Por favor, ya déjeme en paz! Pero él sólo me sonrió y me dijo: Aguanta un poco más, todavía no es tiempo. Después me puso en un horno. ¡Nunca había sentido tanto calor! Toqué a la puerta del horno y a través de la ventanilla pude leer sus labios que me decían: Aguanta un poco más, todavía no es tiempo.
Cuando al fin abrió la puerta, mi artesano me puso en un estante. Pero, apenas me había refrescado, me comenzó a raspar, a lijar. No se cómo no acabó conmigo. Me daba vueltas, me miraba de arriba a abajo. Por último me aplicó meticulosamente varias pinturas.
Sentía que me ahogaba. Por favor déjame en paz, le gritaba a mi artesano; pero él solo me decía: -Aguanta un poco más, todavía no es tiempo.
Al fin, cuando pensé que había terminado aquello, me metió en otro horno, mucho más caliente que el primero. Ahora si pensé que terminaba con mi vida. Le rogué y le imploré a mi artesano que me respetara, que me sacara, que si se había vuelto loco. Grité, lloré; pero mi artesano sólo me decía: Aguanta un poco más, todavía no es tiempo.
Me pregunté entonces si había esperanza. Si lograría sobrevivir a aquellos tratos y abandonos. Pero por alguna razón aguanté todo aquello.
Fue entonces que se abrió la puerta y mi artesano me tomó cariñosamente y me llevó a un lugar muy diferente.
Era precioso. Allí todas las tazas eran maravillosas, verdaderas obras de arte, resplandecían como solo ocurre en los sueños. No pasó mucho tiempo cuando descubrí que estaba en una fina tienda y ante mi había un espejo. Una de esas maravillas era yo. ¡No podía creerlo! ¡Esa no podía ser yo!
Mi artesano entonces me dijo:
- Yo sé que sufriste al ser moldeada por mis manos, mira tu hermosa figura. Sé que pasaste terribles calores, pero ahora observa tu sólida consistencia, sé que sufriste con las raspadas y pulidas, pero mira ahora la finura de tu presencia.
Y la pintura te provocaba nauseas, pero contempla ahora tu hermosura.
Y, ¿si te hubiera dejado como estabas?
¡Ahora eres una obra terminada! ¡Lo que imaginé cuando te comencé a formar!
Tú eres una tacita en las manos del mejor alfarero: Dios.
Confíate en sus amorosas manos aunque muchas veces no comprendas por qué permite tu sufrimiento.
(Desconozco el autor)
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Había una vez una isla, en la que vivian todos los sentimientos y valores del hombre:
El Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría, estaban todos... hasta el Amor.
Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse.
Entonces todos prepararon sus barcos y partieron. Unicamente el Amor quedó esperando solo, hasta el último momento.
Cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el Amor decidió pedir ayuda.
La Riqueza pasó cerca del Amor en una barca lujosísima y el Amor le dijo:
“Riqueza, ¿me puedes llevar contigo?”
"No puedo porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti."
Entonces el Amor decidió pedirle al Orgullo que estaba pasando en una magnífica barca,
“Orgullo te ruego, ¿puedes llevarme contigo?”
"No puedo llevarte, Amor..." respondió el Orgullo: “aqui todo es perfecto, podrías aruinar mi barca”.
Entonces el Amor dijo a la Tristeza que se estaba acercando:
"Tristeza te lo pido, déjame ir contigo."
"Oh Amor" respondió la Tristeza, “estoy tan triste que necesito estar sola”.
Luego el Buen Humor pasó frente al Amor; pero estaba tan contento que no sintió que lo estaban llamando.
De repente una voz dijo:
"Ven Amor, te llevo conmigo“
Era un viejo el que lo había llamado.
El Amor se sintió tan contento y lleno de gozo que se olvidó de preguntar el nombre al viejo.
Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue.
El Amor se dió cuenta de cuanto le debía y le preguntó al Saber:
“Saber, ¿puedes decirme quién me ayudó?”
“Ha sido el Tiempo” respondió el Saber.
“¿El Tiempo?" se preguntó el Amor,
“¿Por qué será que el Tiempo me ha ayudado?”.
El Saber lleno de sabiduría respondió:
"Porque solo el Tiempo es capaz de comprender cuan importante es el Amor en la vida".
(Desconozco el autor)
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Cuando el SOL y la LUNA se encontraron por primera vez, se apasionaron perdidamente y a partir de ahí comenzaron a vivir un gran amor.
Sucede que el mundo aún no existía y el día que Dios decidió crearlo, les dio entonces un toque final ...el brillo ! Quedó decidido también que el SOL iluminaría el día y que la LUNA iluminaría la noche, siendo así, estarían obligados a vivir separados. Les invadió una gran tristeza y cuando se dieron cuenta de que nunca más se encontrarían...
LA LUNA fue quedándose cada vez más angustiada. A pesar del brillo dado por Dios, fue tornándose solitaria. EL SOL a su vez, había ganado un título de nobleza "ASTRO REY", pero eso tampoco le hizo feliz.
Dios, viendo esto, les llamó y les explicó: No debeís estar tristes, ambos ahora poseeis un brillo propio.
Tú, LUNA, iluminarás las noches frías y calientes, encantarás a los enamorados y serás frecuentemente protagonista de hermosas poesias.
En cuanto a tí, SOL, sustentarás ese título porque serás el más importante de los astros, iluminarás la tierra durante el día, proporcionarás calor al ser humano y tu simple presencia hará a las personas más felices.
La LUNA se entristeció mucho más con su terrible destino y lloró amargamente... y el SOL, al verla sufrir tanto, decidió que no podría dejarse abatir más, ya que tendría que darle fuerzas y ayudarle a aceptar...lo que Dios había decidido.
Aún así, su preocupación era tan grande que decidió hacer un pedido especial a Él:
Señor, ayuda a la LUNA por favor, es más frágil que yo, no soportará la soledad... Y Dios...en su inmensa bondad...creó entonces las estrellas para hacer compañia a la LUNA.
La LUNA siempre que está muy triste recurre a las estrellas, que hacen de todo para consolarla, pero...casi nunca lo consiguen. Hoy, ambos viven asi... separados, el SOL finge que es feliz,... y la LUNA no consigue disimular su tristeza.
El SOL arde de pasión por la LUNA y ella vive en las tinieblas de su añoranza.
Dicen que la orden de Dios era que la LUNA debería de ser siempre llena y luminosa, pero no lo consiguió.... Porque es mujer, y una mujer tiene fases. Cuando es feliz, consigue ser Llena, pero... Cuando es infeliz es menguante y entonces no es posible apreciar su brillo.
LUNA y SOL siguen su destino. El, solitario pero fuerte; ella, acompañada de estrellas, pero débil.
Los hombres intentan, constantemente, conquistarla, como si eso fuese posible. Algunos han ido incluso hasta ella, pero han vuelto siempre solos. Nadie jamás consiguió traerla hasta la tierra, nadie, realmente, consiguió conquistarla, por más que lo intentaron.
Sucede que Dios decidió que ningún amor en este mundo fuese del todo imposible, ni siquiera el de la LUNA y el del SOL... Fué entonces que El creó el eclipse.
Hoy SOL y LUNA viven esperando ese instante, esos raros momentos que les fueron concedidos y que tanto cuesta, sucedan.
Cuando mires al cielo, a partir de ahora, y veas que el SOL cubre la LUNA, es porque se acuesta sobre ella y comienzan a amarse. Es a ese acto de amor al que se le dio el nombre de eclipse. Es importante recordar que el brillo de su éxtasis es tan grande que se aconseja no mirar al clelo en ese momento, tus ojos pueden cegarse al ver tanto amor.
Tu ya sabías que en la tierra existían sol y luna... y también que existe el eclipse.... pero esta es la parte de la historia que tu no conocias, a que no?
(Desconozco el autor)
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Hace mucho tiempo, en un reino distante, vivía un rey que no creía en la bondad de Dios. Tenía, sin embargo, un súbdito que siempre le recordaba acerca de esa verdad. En todas las situaciones decía: ”Rey mío, no se desanime, porque todo lo que Dios hace es perfecto. El nunca se equivoca”
Un día el rey salió a cazar junto con su súbdito, y una fiera de la jungla le atacó. El súbdito consiguió matar al animal, pero no evitó que su Majestad perdiese el dedo meñique de la mano derecha. El rey, furioso por lo que había ocurrido, y sin mostrar agradecimiento por los esfuerzos de su siervo para salvarle la vida, le preguntó a éste:
-“¿Y ahora, que me dices, Dios es bueno?, Si Dios fuese bueno yo no hubiera sido atacado, y no hubiera perdido mi dedo” El siervo respondió: -“Rey mío, a pesar de todas esas cosas, solamente puedo decirle que Dios es bueno, y que quizás, perder un dedo, sea para su bien. Todo lo que Dios hace es perfecto. ¡El nunca se equivoca!”
El rey, indignado con la respuesta del súbdito, mandó que fuese preso a la celda más oscura y más fétida del calabozo. Después de algún tiempo, el rey salió nuevamente para cazar, y fue atacado, esta vez, por una tribu de indios que vivían en la selva. Estos indios eran temidos por todos, pues se sabía que hacían sacrificios humanos para sus dioses.
Inmediatamente después que capturaron al rey, comenzaron a preparar, llenos de júbilo, el ritual del sacrificio. Cuando ya tenían todo listo, y el rey estaba delante del altar, el sacerdote indígena, al examinar a la víctima, observó furioso: -“¡Este hombre no puede ser sacrificado, pues es defectuoso!..¡Le falta un dedo!” Luego, el rey fue liberado.
Al volver al palacio, muy alegre y aliviado, liberó a su súbdito y pidió que fuera a su presencia. Al ver a su siervo, le abrazó afectuosamente diciendo: -“Dios fue realmente bueno conmigo. Debes haberte enterado que escapé justamente porque no tenía uno de mis dedos.
Pero ahora tengo una gran duda en mi corazón: si Dios es tan bueno, ¿por que permitió que estuvieses preso, tú que tanto lo defendiste?“ El siervo sonrió, y dijo: ...
-"Rey mío, si yo hubiera estado junto con usted en esa caza, seguramente habría sido sacrificado en su lugar, ¡ya que no me falta ningún dedo! Por lo tanto, acuérdese siempre:
Todo lo que Dios hace es perfecto. ¡El nunca se equivoca!
(Desconozco el autor)
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Mariana se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul. Al día siguiente, Julia, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar. Mariana no podía pues saldría con su madre aquella mañana.
Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían.
Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió, hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.
Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota.
Llorando y muy molesta Mariana se desahogó con su mamá "¿ves mamá lo que hizo Julia conmigo? Le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó tirado en el suelo".
Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo:
"Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa? Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te dejó.
¿Recuerdas lo que dijo tu abuela? Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil quitar la mancha. Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo".
Mariana no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver el televisor.
Un rato después sonó el timbre de la puerta...Era Julia, con una caja en las manos y sin más preámbulo dijo:
"Mariana, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta?
Él vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero el se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado.
Cuando le conté a mi madre ella preocupada me llevó a comprar otro igualito, para ti. Espero que no estés enojada conmigo. ¡No fue mi culpa!“
"¡No hay problema!, dijo Mariana, ¡mi ira ya secó! Y dando un fuerte abrazo a su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo ensuciado de lodo".
Nunca reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como ellas realmente son. Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y correcta delante de una situación difícil.
Acuérdate siempre: ¡Deja la ira secar!
(Desconozco el autor)
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Un hombre rico y su hijo tenían gran pasión por el arte.
Tenían de todo en su colección; desde Rafael hasta Picasso.
Muy a menudo, se sentaban juntos a admirar las grandes obras de arte. Desgraciadamente, el hijo tuvo que partir a la guerra.
Fue muy valiente y murió en la batalla mientras rescataba a otro soldado
El padre recibió la noticia y sufrió profundamente la muerte de su único hijo.
Un mes más tarde, justo antes de la Navidad, alguien tocó a la puerta.
Un joven con un gran paquete en sus manos dijo al padre: Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado por quien su hijo dio la vida. Él salvó muchas vidas ese día, y me estaba llevando a un lugar seguro cuando una bala le atravesó el pecho, muriendo instantáneamente.
Él hablaba muy a menudo de usted y de su amor por el arte. El muchacho extendió los brazos para entregar el paquete:
"Yo sé que esto no es mucho. Yo no soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted recibiera esto."
El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo, pintado por el joven soldado. Él contempló con profunda admiración la manera en que el soldado había capturado la personalidad de su hijo en la pintura. El padre estaba tan atrapado por la expresión de los ojos de su hijo que los suyos propios se llenaron de lágrimas.
Le agradeció al joven soldado y ofreció pagarle por el cuadro.
“¡Oh no, Señor, yo nunca podría pagarle lo que su hijo hizo por mí. Es un regalo”!
El padre colgó el retrato arriba de la repisa de su chimenea.
Cada vez que los visitantes e invitados llegaban a su casa, les mostraba el retrato de su hijo antes de mostrar su famosa galería.
El hombre murió y unos meses más tarde y se anunció una subasta con todas las pinturas que poseía. Mucha gente importante e influyente acudió con grandes expectativas de hacerse con un famoso cuadro de la colección. Sobre la plataforma estaba el retrato del hijo.
El subastador golpeó su mazo para dar inicio a la subasta.
"Empezaremos los remates con este retrato del hijo, ¿quién ofrece por este retrato?"
Hubo un gran silencio.
Entonces una voz del fondo de la habitación grito: "Queremos ver las pinturas famosas, olvídese de esa". Sin embargo el subastador persistió: "¿Alguien ofrece algo por esta pintura?
¿$100.00? ¿$200.00?"
Otra voz gritó con enojo:
"No venimos por esa pintura, venimos por los Van Goghs, los Rembrandts.
Vamos a las ofertas de verdad" Pero aún así el subastador continuaba su labor:
"El Hijo, El Hijo, El Hijo... ¿Quién se lleva El hijo?"
Finalmente una voz se oyó desde atrás, el viejo jardinero del padre y del hijo. Siendo un hombre muy pobre, ofreció lo único que podía ofrecer, $10.
"Tenemos $10 ¿Quién da $20?", grito el subastador."
La multitud se estaba enojando mucho. No querían la pintura de "El Hijo". Querían las que representaban una valiosa inversión para sus propias colecciones. El subastador golpeó por fin el mazo:
"Va una, van dos, VENDIDA por $10"
"Empecemos con la colección!", gritó uno. El subastador soltó su mazo y dijo: "Lo siento mucho, damas y caballeros, pero la subasta llego a su final"
Pero, ¿y las pinturas?", dijeron los interesados.
"Lo siento" Contestó el subastador "Cuando me llamaron para conducir esta subasta, se me dijo de un secreto estipulado en el testamento del dueño."
Yo no tenía permitido revelar esta estipulación hasta este preciso momento. Solamente la pintura de "EL HIJO" sería subastada. Aquel que la aceptara heredara absolutamente todas las posesiones de este hombre, incluyendo las famosas pinturas.
El hombre que aceptó quedarse con "EL HIJO" se queda con TODO".
(Desonozco el autor)
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Hubo una vez un limosnero que estaba tendido al lado de la calle.Vio a lo lejos venir al Rey con su Corona y Capa y pensó:
“Le voy a pedir y seguramente me dará bastante”.
Y cuando el Rey pasó cerca, le dijo:
“Su Majestad, ¿Me podría, por favor, regalar una moneda?”
Aunque en su interior pensaba que El Rey le iba a dar mucho más.
El Rey le miró y le dijo:
“¿Por qué no me das algo tú?¿Acaso no soy tu Rey?”.
El mendigo no sabía que responder a la pregunta y dijo:
“Pero Su Majestad, ¡YO NO TENGO NADA!”.
El Rey respondió:
“Algo debes tener.¡BUSCA!"
Entre su asombro y enojo el mendigo buscó entre sus cosas y supo que tenía una naranja, un pedazo de pan y unos granos de arroz
El mendigo pensó que el pedazo de pan y la naranja eran mucho para darle, así que en medio de su enojo tomó 5 granos de arroz y se los dio al Rey.
Complacido el Rey dijo:
“VES COMO ¡SI TENIAS!”.
Y le dio 5 Monedas de Oro, una por cada grano de arroz.
El Mendigo dijo entonces:
“Su Majestad, creo que acá tengo otras cosas”
Pero el rey no le hizo caso y dijo:
“Solamente de lo que me has dado de corazón, te puedo Yo dar”.
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No había peor oficio en el pueblo que ser “el portero del prostíbulo” Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra habilidad ni conocía otro oficio.
Un día, se hizo cargo del prostíbulo un joven negociante con muchas inquietudes, muy creativo y emprendedor y decidió modernizar el negocio. Hizo cambios y citó a todo el personal para dar las nuevas instrucciones de su reglamento.
Al portero, le dijo:
“A partir de hoy, usted, además de estar en la puerta, va a preparar un informe semanal donde registrará la cantidad de personas que entran y además anotará sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio”
“Me encantaría complacerlo, señor, pero no se leer ni escribir."le dijo el portero.
"¿Cómo?... cuánto lo siento, pero indiscutiblemente tendré que prescindir de sus servicios, pues así no me es de utilidad".
"Pero señor, usted no me puede despedir, ¡yo he trabajado en esto toda mi vida!..."
"Mire, yo comprendo y lo siento mucho, pero no puedo hacer nada por usted, le vamos a dar una indemnización y espero que le baste hasta que encuentre otro trabajo u oficio. De veras que lo lamento y que tenga buena suerte".
Sin más, se dio vuelta y se fue. El portero sintió que el mundo se le venía encima. ¿Qué voy hacer, Dios mío?...
Recordó que en el prostíbulo, cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, el lograba hacer un arreglo sencillo y provisional. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta conseguir un empleo, pero solo contaba con unos clavos oxidados y una tenaza arruinada. Entonces pensó que usaría parte del dinero de la indemnización para comprar una caja de herramientas completa. Como en el pueblo no había ninguna ferretería, tenía que viajar dos días en mula para ir al pueblo mas cercano a realizar la compra. Ensilló el animal y emprendió el viaje.
Habiendo regresado ya a casa, cierto día un vecino llamó a su puerta: “¡Hola vecino!, vengo a ver si tiene un martillo que me pueda prestar". “Si, tengo uno, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar” “Entiendo, pero yo se lo devolvería mañana temprano". "¡Esta bien! A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta. “Mire amigo, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?” “¡No puedo!, lo necesito para trabajar y además la ferretería está a dos días de camino” “Hagamos un trato - dijo el vecino- Yo le pagaré los días de ida y vuelta mas el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?”
Realmente, esto le daba trabajo por cuatro días y aceptó. Volvió a montar su mula y a su regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa. “¡Hola, vecino! Usted le vendió un martillo a mi amigo, vengo a decirle que yo necesito unas herramientas y estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje, mas una pequeña ganancia... mire, no dispongo de tiempo para el viaje.”
El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.
Mientras iba por el camino recordaba las palabras de su vecino: “No dispongo de cuatro días para ir a comprar las herramientas.”
Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara para traer herramientas. En el viaje siguiente, arriesgó un poco mas de dinero trayendo más herramientas de las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en viajes. La voz empezó a divulgarse por el pueblo y muchos quisieron evitarse el viaje.
Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Con el tiempo alquiló un galpón para almacenar las herramientas y algunas semanas después, adaptó una vidriera y el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo.
Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban sus pedidos, el era un buen cliente. Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en su ferretería y ganarse los días de camino.
Un día, se le ocurrió que su amigo el tornero, podría fabricarle las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no?, las tenazas... las pinzas... los cinceles... y luego fueron los clavos y los tornillos... En diez años, aquel hombre se transformó en millonario con su trabajo como fabricante de herramientas. Un día decidió donar una escuela a su pueblo. En ella, además de leer y escribir, se enseñarían las artes y oficios más prácticos del momento
En el acto de inauguración de la escuela, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad, hizo que cortara la cinta, lo abrazó y le dijo: “Es un gran orgullo para nosotros agradecerle por este gesto tan meritorio para nuestra comunidad el que usted nos haya donado esta escuela; le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas.” “El honor sería para mi.” dijo el hombre. “Nada me gustaría más que firmar allí, pero no se leer ni escribir; soy totalmente analfabeto.” “¿Usted analfabeto?...” dijo el Alcalde que no alcanzaba a creerlo. “¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? ¡Estoy realmente asombrado!" “Me pregunto, ¿qué hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir?” “Yo se lo puedo contestar” respondió el hombre con calma. “Si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡sería el portero del prostíbulo!”
Generalmente los cambios son vistos como adversidades, pero las adversidades siempre encierran bendiciones. Las crisis están llenas de oportunidades. Todo cambio pasa para nuestro bien y lo que consideramos una desgracia hoy, puede ser la gran oportunidad que transformará nuestra vida para siempre.
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Era una noche oscura y fría. Jorge bebía un café sentado en su sillón favorito en la sala de su casa. Su familia dormía y el reflexionaba tantas cosas que perdió la noción del tiempo. Eran las tres de la mañana, llevó su taza vacía al lavaplatos, y abrió el refrigerador para prepararse un refrigerio. Cuando cerró la puerta vio junto a él a una figura muy conocida, pero en nada preciada.
La espectral imagen le arrebató el sueño en un instante, lo miró fijamente y le dijo con voz tenue:
-¿Sabes bien a que he venido? El asintió con la cabeza y dijo: -Si. Lo sé. Ya es hora La muerte confundida le preguntó a su víctima.
-¿No vas a llorar?
Todos lo hacen, se arrodillan y suplican, juran que serán mejores, ruegan por una oportunidad. ¿Tu por qué no?
Temeroso aún y con un nudo en la garganta, Jorge le respondió:
-¿De que me sirve? Nunca me darás otra oportunidad. Tú solo haces tu trabajo.
-Cierto, solo hago mi trabajo -¿Puedo despedirme de mi familia? cuestionó Jorge con la ligera esperanza de recibir un sí.
-Tú has dicho que solo hago mi trabajo, yo no decido la hora ni el lugar, mucho menos los detalles. Lo siento.
-No tienes de que disculparte, poca gente piensa en su FAMILIA en vida, pero al llegar este momento, todos piden lo mismo.
-No lo entiendes, dijo Jorge con tono de reproche yo perdí a mi padre cuando tenía 17 años, y mi sufrimiento fue grande… pero mi hija menor tiene tan solo 7, déjame decirle que la amo.
-Tuviste 7 años pare decírselo, tuviste muchos días libres, muchos cumpleaños, fiestas y momentos en que pudiste decirle a tu hija que la amas. ¿Por qué solo pensaste en tu hija?
-Mi hijo mayor no me creería, y mi esposa, a ella no creo que le interese si la amo o no. Nos hemos distanciado mucho, es una gran mujer y excelente madre, no la supe valorar, ¡cómo me arrepiento! Pero mi niña, no hay día que entre yo por la puerta y no este ahí para recibirme con un beso.
-Está bien… ¿Sabes?, este momento hace que mucha gente haga conciencia de su vida.
Lástima que sea demasiado tarde
Salieron ambos al patio; un extraño tren aguardaba en la calle y lo abordaron.
-No todo es aburrido en la muerte no te puedo decir lo que pasará al llegar, pero te propongo que juguemos ajedrez para matar el tiempo.
Con una sonrisa y una lágrima Jorge contestó:
-Que curioso, creí que no tenías sentido del humor.
El juego inició. Jorge no se calmaba aunque comenzó ganando, consiguió un alfil y un caballo. Pero era obvio que eso no lo alegraba.
La muerte le preguntó ¿A que te dedicabas en vida?
-Soy… es decir era un empleado en una fábrica de calzado.
-¿Obrero?
-No. Trabajaba en la administración.
-Ah. Supongo que tú te encargabas de ver si algo faltaba en producto o dinero.
-Si. En parte así era.
-No lo entiendo… -¿No entiendes qué?
-Porque ustedes teniendo tantas cosas que hacer se encierran en el trabajo, se olvidan de los sentimientos, no les importan los demás, se vuelven egoístas y violentos para que al visitarlos yo demuestren ternura, humildad, tristeza, miedo, e incluso lloren. ¿Por qué esperar a que llegue yo, si ya nada se podrá hacer?
- No lo sé….
-En cambio yo, soy como un simple peón, haciendo lo que debo hacer y nada más. Mientras ustedes son dueños de su propia vida, capaces de decidir que harán con ella, ¿y para qué? Si su peor decisión es desperdiciar su vida.
-Te creí más cruel- comentó Jorge -Nada es lo que parece.
El silencio reinó por unos instantes mientras Jorge ponía en jaque a la muerte. -Dime ¿qué pensabas cuando te casaste?
-Pensaba en ser feliz, en formar una linda familia, en formar parte de la sociedad. -¿Y lo lograste?
-¿Es broma verdad? Me encontraste solo en mi cocina, durante la madrugada, y te pedí despedirme de mi familia y pedirles perdón. Es obvió que no lo hice. Si hubiese mostrado más amor a mi familia, la despedida no hubiera sido necesaria.
Ya las lágrimas se habían secado del rostro de Jorge y de pronto exclamó suavemente
-¡Jaque Mate!
La muerte sonrió y dijo:
-¡Felicidades!
Suspiró Jorge y respondió: Es una pena que no sirva de nada. No me importaba ganar de todos modos ya estoy aquí. Un simple juego de ajedrez no aleja mi mente de mi familia, de mis hijos, mi esposa.
Las lágrimas brotaron de nuevo en el rostro de Jorge, quién se cubrió el rostro con ambas manos.
Y mientras el sollozaba la muerte exclamó: ¡Llegamos!
Jorge intentó calmarse y al abrir los ojos estaba de nuevo en su viejo sillón, se secó las lágrimas eran las 6:45 de la mañana. Y en lugar de gritar ¡Estoy vivo! Como lo haría cualquier otro, salió al patio y dijo con voz tenue:
Gracias “DIOS” mío.
Caminó de vuelta a su casa, entró a la habitación de su hija, la tomó en brazos y fue donde su hijo dormía, le hizo cosquillas en los pies, y le dijo:
- Hijo, despierta, es domingo,
- ¿Me despiertas para decirme que es domingo?
- No hijo, los desperté para decirles que los amo.
(Desconozco el autor)
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Hubo una vez en la historia del mundo un día terrible en el que el odio, que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes, convocó a una reunión urgente con todos ellos.
Todos los sentimientos negros del mundo y los deseos más perversos del corazón humano llegaron a esta reunión con curiosidad de saber cual era el propósito.
Cuando estuvieron todos habló el ODIO y dijo: "los he reunido aquí a todos porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien".
Los asistentes no se extrañaron mucho pues era el ODIO que estaba hablando y el siempre quiere matar a alguien, sin embargo todos se preguntaban entre si, quien sería tan difícil de matar para que el ODIO los necesitara a todos.
"QUIERO QUE MATEN AL AMOR", dijo. Muchos sonrieron malévolamente, pues más de uno le tenía ganas.
El primer voluntario fue el MAL CARACTER, quien dijo: “Yo iré y les aseguro que en un año el AMOR habrá muerto, provocaré tal discordia y rabia que no lo soportará".
Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar el reporte del MAL CARACTER quedaron muy decepcionados.
“Lo siento, lo intenté todo pero cada vez que yo sembraba una discordia, el AMOR la superaba y salía adelante.
Fue entonces cuando muy diligente se ofreció la AMBICION, que haciendo alarde de su poder dijo:
“En vista de que el Mal Carácter fracasó, iré yo. Desviaré la atención del AMOR hacia el deseo por la riqueza y por el poder. Eso nunca lo ignorará.”
Y empezó la AMBICION el ataque hacia su víctima quien efectivamente cayó herida pero después de luchar por salir adelante renunció a todo deseo desbordado de poder y triunfó de nuevo.
Furioso el ODIO por el fracaso de la AMBICION envió a los CELOS, quienes burlones y perversos inventaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar al AMOR y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas.
Pero el AMOR confundido lloró, y pensó que no quería morir y con valentía y fortaleza se impuso sobre ellos y los venció.
Año tras año, el ODIO siguió en su lucha enviando a sus más hirientes compañeros, envió a la FRIALDAD, al EGOISMO, la INDIFERENCIA, la POBREZA, la ENFERMEDAD y a muchos otros que fracasaron siempre porque cuando el "AMOR" se sentía desfallecer tomaba de nuevo fuerzas y todo lo superaba.
El ODIO convencido de que el AMOR era invencible les dijo a los demás: “¡Nada que hacer! el AMOR ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos".
De pronto, de un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido y que vestía todo de negro y con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver;
su aspecto era fúnebre como el de la muerte,"YO LO HARE" , "YO MATARE AL AMOR", dijo con seguridad.
Todos se preguntaron quien era ese Que pretendía hacer solo, lo que ninguno había podido.
El ODIO dijo sin perder tiempo: "¡VE Y HAZLO!"
Tan solo había pasado algún tiempo cuando el ODIO volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles que después de mucho esperar…
¡EL AMOR HABIA MUERTO!
Entonces, el sentimiento del sombrero negro habló: “Ahí les entrego al AMOR totalmente muerto y destrozado" Y sin decir mas se marchó.
“¡Espera!” dijo el ODIO, “¿En tan poco tiempo lo eliminaste por completo? ¿Lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir? ¿Quién eres?
El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo:
SOY... LA RUTINA
(Desconozco al autor)

Un gusano y un escarabajo eran amigos y se pasaban charlando largas horas. El escarabajo estaba consciente de que su amigo el gusano era muy limitado en movilidad, tenía visión muy restringida y era muy tranquilo y pasivo comparado con los escarabajos. El gusano, por su parte, estaba muy consciente de que su amigo el escarabajo venía de otro ambiente, y de que, en comparación con los gusanos de su especie, comía cosas desagradables, era muy acelerado, tenía una imagen grotesca y hablaba con mucha rapidez.
Un día, la compañera de vida del escarabajo le cuestionó a éste su amistad con el gusano, preguntándole cómo era posible que caminara tanto para ir al encuentro de un ser tan inferior, un ser tan limitado en sus movimientos … y por qué seguía siendo amigo de alguien que ni siquiera le devolvía los saludos efusivos que el escarabajo le hacía desde lejos.
Pero el escarabajo estaba consciente de que, debido a lo limitado de su visión, el gusano muchas veces ni siquiera veía que alguien lo saludaba y, si acaso llegaba a notarlo, no distinguía si era o no el escarabajo, y por ello no contestaba el saludo. Sin embargo, el escarabajo calló para no discutir con su compañera.
Fue tanta insistencia de la escarabaja y tantos sus argumentos cuestionando la amistad que su compañero mantenía con el gusano que el escarabajo decidió poner a prueba esa amistad alejándose del gusano para esperar a que éste lo buscara.
Pasó el tiempo, y un día llegó la noticia de que el gusano estaba muriendo, pues su organismo se había resentido por los esfuerzos que cada día hacía para ir a ver a su amigo el escarabajo y, como no lo conseguía durante toda una jornada diurna, el gusano tenía que devolverse sobre sus pasos para pasar la noche en el refugio de su propia casa. Al saber esto, el escarabajo, sin preguntar a su compañera, decidió ir a ver al gusano.
En el camino se cruzó con varios insectos que le contaron de las diarias e infructuosas peripecias del gusano para ir a ver a su amigo el escarabajo y averiguar qué le había pasado. Le contaron de cómo se exponía día a día para ir a buscarlo, pasando cerca del nido de los pájaros. De cómo sobrevivió al ataque de las hormigas y así sucesivamente.
Llegó el escarabajo hasta el árbol donde yacía el gusano esperando ya el momento final. Y al verlo a su lado, el gusano, apenas con un hilo de vida, le dijo al escarabajo cuánto le alegraba ver que se encontrara bien. Sonrió por última vez y se despidió de su amigo sabiendo que nada malo le había pasado a éste. El escarabajo sintió vergüenza por haber permitido que las opiniones de otros minaran su amistad con el gusano y sintió dolor por haber perdido las muchas horas de regocijo que las pláticas con su amigo le proporcionaban y, sobre todo, por haberle puesto en una situación que le causó la muerte.
Al final entendió que el gusano, siendo tan diferente, tan limitado y tan distinto de lo que él era, era su amigo, a quien respetaba y quería porque, a pesar de pertenecer a otra especie, le había ofrecido su amistad.
Y así aprendió varias lecciones ese día:
Primera: La amistad está en ti y no en los demás. Si la cultivas en tu propio ser, encontrarás el gozo del amigo.
Segunda: El tiempo no condiciona las amistades. Tampoco lo hacen las razas ni las limitantes propias o las ajenas. Tercera: El tiempo y la distancia no son los factores que destruyen una amistad, la destruyen las dudas y nuestros temores.
Cuarta: Cuando pierdes un amigo, una parte de ti se va con él. Las frases, los gestos, los temores, las alegrías, las ilusiones, todo lo que ambos compartieron en el tiempo, se va con él.
El escarabajo murió poco después. Nunca se le escuchó quejarse de quien mal lo aconsejó, pues fue decisión suya el prestar oídos a las críticas sobre su amigo.
Si tienes un amigo no pongas en tela de juicio lo que él es, pues sembrando dudas cosecharás temores.
No te fijes demasiado en cómo habla, cuánto tiene, qué come o qué hace, pues con ello estarás echando en saco roto tu confianza.
Reconoce la riqueza de quien es diferente a ti y, aun así, está dispuesto a compartir contigo sus ideales y temores.
(Desconozco el autor)
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Una mujer muy sabia se despertó un mañana, se miro al espejo, y notó que tenía solamente tres cabellos en su cabeza. "Hmmm" pensó, "Creo que hoy me voy a hacer una trenza". Así lo hizo y paso un día maravilloso.
El siguiente día se despertó, se miró al espejo y vio que tenía solamente dos cabellos en su cabeza. "Hmmm " dijo, "Creo que hoy me peinare de raya en medio" Así lo hizo y paso un día grandioso.
El siguiente día cuando despertó, se miro al espejo y noto que solamente le quedaba un cabello en su cabeza. "Bueno" ella dijo, "ahora me voy a hacer una cola de caballo." Así lo hizo, y tuvo un día muy, muy divertido.
A la mañana siguiente cuando despertó, corrió al espejo y enseguida noto que no le quedaba un solo cabello en la cabeza. "¡Que Bien!" Exclamo. "¡Hoy no voy a tener que peinarme!"
Tu actitud es todo.
Siempre se bondadoso, porque cada persona que te encuentres esta peleando alguna clase de batalla… La vida no es esperar a que la tormenta pase... Es aprender a bailar bajo la lluvia.
(Desconozco el autor)
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Se cuenta que un viejo ermitaño se quejaba muchas veces de que tenía demasiado quehacer.
La gente preguntó cómo era eso puesto que no entendían que al vivir en soledad tuviera tanto trabajo.
Les contestó:
-Tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león.
-No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives.
¿Dónde están todos estos animales?
Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron.
Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo.
Tengo que domarlos para que sólo se lancen sobre una presa buena,
Son mis OJOS.
Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan.
Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir,
Son mis MANOS.
Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las cosas difíciles.
Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta,
Son mis PIES.
Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas.
Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño,
Es mi LENGUA.
El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber, pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día,
Es mi CUERPO.
Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso,
Es mi CORAZON.
(Desconozco el autor)
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Dios, se disfrazó de mendigo y bajó al pueblo.
Buscó la casa del zapatero y le dijo: -Hermano, soy muy pobre, no tengo una sola moneda en la bolsa y estas son mis únicas sandalias y están rotas, si tu me hicieras el favor ¿Podrías tú reparármelas? El zapatero contestó: -Estoy cansado de que todos vengan a pedir y nadie a dar.
El Señor le dijo: - Yo puedo darte lo que tú necesitas Y el zapatero desconfiado viendo un mendigo, le preguntó: -¿Tu podrías darme el millón de dólares que yo necesito para ser feliz?
El Señor le dijo: Te puedo dar 10 veces más que eso, pero a cambio de algo… El zapatero preguntó: -¿A cambio de qué?
El Señor contestó: -A cambio de tus piernas… El zapatero respondió: -¿Para que quiero yo 10 millones de dólares si no puedo caminar?
Y entonces el señor dijo: -Puedo darte 100 millones de dólares, a cambio….de tus brazos. El zapatero respondió: -¿Para que quiero yo 100 millones de dólares si ni siquiera voy a poder comer solo?
El Señor habló de nuevo y dijo: -Te puedo dar 1000 millones de dólares a cambio de tus ojos. El zapatero pensó un poco y respondió: -¿Y dime; que puedo hacer yo con tanto dinero si no podría ver el mundo, a mis hijos, a mi esposa, y a mis amigos?
Entonces el Señor sonrió y le dijo: -Ay hermano, ¡Que fortuna tienes y no te das cuenta!
(Desconozco el autor)
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Cuentan que un rey muy rico de la India tenía fama de ser indiferente a las riquezas materiales.
Un súbdito quiso averiguar su secreto...
El rey le dijo: "Te lo revelaré, si recorres mi palacio para comprender la magnitud de mi riqueza. Pero lleva una vela encendida. Si se apaga, te decapitaré".
Al término del paseo, el rey le preguntó: "¿Qué piensas de mis riquezas?"
La persona respondió: "No vi nada. Sólo me preocupé de que la llama no se apagara".
El rey le dijo: "Ese es mi secreto. Estoy tan ocupado tratando de avivar mi llama interior, que no me interesan las riquezas de fuera".
(Desconozco el autor)
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Había una vez una pata que había puesto cuatro huevos...
Mientras los empollaba, un zorro atacó el nido y la mató. Por alguna razón no llegó a comerse los huevos antes de huir, pero estos quedaron abandonados en el nido.
Una gallina clueca que pasó por allí, encontró el nido sin cuidados y su instinto la hizo sentarse sobre los huevos para empollarlos.
Poco después nacieron los patitos y, como era lógico, tomaron a la gallina como su madre y caminaron en fila tras ella.
La gallina contenta con su nueva cría, los llevó hasta la granja.
Todas las mañanas después del canto del gallo, mamá gallina rascaba el pico y los patos se esforzaban por imitarla. Cuando los patitos no conseguían arrancar de la tierra un mísero gusano, la mamá sacaba para todos sus polluelos, partía cada lombriz en pedazos y alimentaba a sus hijos en sus propios picos.
Un día, como otros, la gallina salió a pasear con su nidada por los alrededores de la granja. Sus pollitos, disciplinadamente, la seguían en fila.
Pero de pronto, al llegar al lago, los patitos de un salto se zambulleron con naturalidad en la laguna, mientras la gallina cacareaba desesperada pidiéndoles que salieran del agua.
Los patitos nadaban alegres chapoteando y su mamá saltaba y lloraba temiendo que se ahogaran.
El gallo apareció atraído por los gritos de la madre y se percató de la situación.
- No se puede confiar en los jóvenes - fue su sentencia - son unos imprudentes.
Uno de los patitos que escuchó al gallo, se acercó a la orilla y les dijo:
- No nos culpen a nosotros por sus propias limitaciones.
No pienses que la gallina estaba equivocada. No juzgues tampoco al gallo. No creas a los patos prepotentes y desafiantes. Ninguno de los personajes está equivocado, lo que sucede es que ven la realidad desde miradores distintos. El único error, casi siempre, es creer que el mirador en que estoy, es el único desde el cual se divisa la verdad.
(Jorge Bucay)
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Un grupo de ex-estudiantes, ya muy establecidos en sus carreras, se reunió para visitar a su viejo profesor de la universidad. Una vez en casa del maestro, la conversación se concentró en quejas sobre el estrés en el trabajo y la vida.
Al ofrecerles café a sus visitas, el profesor fue a la cocina y regresó con un termo de café y una variedad de tazas de porcelana, plástico, vidrio, cristal, algunas comunes, algunas caras, algunas exquisitas - y les pidió que se sirvieran el café caliente. Cuando todos los estudiantes tenían su taza en mano, el profesor dijo: "Si se han fijado, todas las tazas bonitas y caras han sido tomadas, dejando atrás las comunes y baratas. Aunque es normal que quieran sólo lo mejor para ustedes, ése es el origen de sus problemas y estrés. Lo que en realidad querían era café, no la taza, pero Conscientemente tomaron las mejores tazas y las estuvieron comparando con las tazas de los demás.
"Fíjense bien -prosiguió-: La Vida es el café, pero sus trabajos, el dinero y su posición social son las tazas. Las tazas son sólo herramientas para sostener y contener Vida, pero la calidad de la Vida no cambia. "A veces -concluyó-, al concentrarnos sólo en la taza, dejamos de disfrutar el café que hay en ella. Por lo tanto, no dejes que la taza te guíe... Mejor goza el café".
(Desconozco el autor)
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Hubo una vez un rey a quien la vanidad había vuelto loco (la vanidad siempre termina por volver loca a la gente).
Ese rey mandó construir, en los jardines de su palacio, un templo y dentro del templo hizo poner una gran estatua de sí mismo en posición de loto.
Todas las mañanas después del desayuno, el rey iba a su templo y se postraba ante su imagen orándose a sí mismo.
Un día decidió que una religión que tuviera un solo seguidor no era una gran religión, así que pensó que debía tener más adoradores.
Decretó entonces que todos los soldados de la guardia real se postrasen ante la estatua por lo menos una vez al día. Lo mismo debían hacer todos los servidores y los ministros del reino.
Su locura crecía a medida que pasaba el tiempo y, no conforme con la sumisión de los que lo rodeaban, dispuso un día que la guardia real fuera al mercado y trajera a las tres primeras personas con las que se cruzaran.
Con ellas, pensó, demostraré la fuerza de la fe en mí. Les pediré que se inclinen ante mi imagen. Si son sabios, lo harán y si no, no merecen vivir.
La guardia fue al mercado y trajo a un intelectual, a un sacerdote y a un mendigo que eran, en efecto, las tres primeras personas que encontraron.
Los tres fueron conducidos al templo y allí el rey les dijo:
- Esta es la imagen del único y verdadero Dios, postraos ante ella o vuestras vidas serán ofrecidas como sacrificio ante él.
El intelectual dijo:
- El rey está loco y me matará si no me inclino. Este es evidentemente un caso de fuerza mayor. Nadie podría juzgar mal mi actitud a la luz de que fue hecha si convicción, para salvar mi vida y en función de la sociedad a la cual me debo - y dicho esto se postró ante la imagen.
El sacerdote dijo:
- El rey ha enloquecido y cumplirá su amenaza. Yo soy un elegido del verdadero Dios y por lo tanto, mis actos espirituales santifican el lugar donde esté. No importa cuál sea la imagen, será el verdadero Dios aquel a quien yo esté honrando.
Y se arrodilló.
Llego el turno del mendigo, que no hacía ningún movimiento.
- Arrodíllate - dijo el rey.
- Majestad, yo no me debo al pueblo, que en realidad la mayor parte de las veces me corre a patadas de los umbrales de sus casas. Tampoco soy el elegido de nadie, salvo de los pocos piojos que sobreviven en mi cabeza. Yo no sé juzgar a nadie ni puedo santificar ninguna imagen; y en cuanto a mi vida, no creo que sea un bien tan preciado como para hacer ridiculeces para conservarla... Por lo tanto, señor, no encuentro ninguna razón valedera para arrodillarme aquí...
Dicen que la respuesta del mendigo conmovió tanto al rey, que este se iluminó y comenzó a revisar sus propias posturas.
Sólo por ello, cuenta la leyenda, el rey se curó y mandó reemplazar el templo por una fuente y la estatua por enormes canteros con flores.
(Jorge Bucay )
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El discípulo se reunió con su mentor espiritual para indagar algunos aspectos de la Liberación y de aquellos que la alcanzan. Hablaron durante horas y horas y al final, el discípulo le preguntó al maestro:
-¿Cómo es posible que un ser humano liberado pueda permanecer tan sereno a pesar de las terribles tragedias que padece la humanidad?
El mentor tomó entre sus manos las del perplejo discípulo y le explicó:
-Supón que tú estás durmiendo. Sueñas que vas en un barco con otros muchos pasajeros. De repente, el barco encalla y comienza a hundirse. Angustiado, te despiertas. Y la pregunta que yo te hago es: ¿Acaso te duermes rápidamente de nuevo para avisar a los personajes de tu sueño?
Y el discípulo contesta:
-Pues no.
-¿Y porqué no?
-Porque sé que es un sueño y no es real. Los personajes de mi sueño los ha creado mi mente y no existen en la realidad, es una historia que ha creado mi inconsciente para un fin. Cuando me despierto veo la situación desde un punto de vista más elevado y entiendo que el sufrimiento es sólo necesario para el sueño. Si todos los personajes de mi sueño despertaran… se acabaría el sufrimiento.
Entonces el mentor responde:
-Tú mismo has contestado a tu pregunta.
Del libro "El Silencio de Dios - Historias de Luz y Sabiduría"
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Hace mucho tiempo en la China, una joven llamada Lili se casó y fue a vivir con el marido y la suegra. Después de algunos días, no se entendía con ella. Sus personalidades eran muy diferentes y Lili fue irritándose con los hábitos de la suegra, que frecuentemente la criticaba.
Los meses pasaron y Lili y su suegra cada vez discutían más y peleaban. De acuerdo con una antigua tradición china, la nuera tiene que cuidar a la suegra y obedecerla en todo. Lili, no soportando más vivir con la suegra, decidió tomar una decisión y visitar a un amigo de su padre.
Después de oírla, el tomó un paquete de hierbas y le dijo: "No deberás usarlas de una sola vez para liberarte de tu suegra, porque ello causaría sospechas. Deberás darle varias hierbas que irán lentamente envenenando a tu suegra. Cada dos días pondrás un poco de estas hierbas en su comida. Ahora, para tener certeza de que cuando ella muera nadie sospechará de ti, deberás tener mucho cuidado y actuar de manera muy amigable. No discutas, ayúdala a resolver sus problemas. Recuerda tienes que escucharme y seguir todas mis instrucciones".
Lili respondió: "Sí, Sr. Huang, haré todo lo que el señor me pida".
Lili quedó muy contenta, agradeció al Sr. Huang, y volvió muy apurada para comenzar el proyecto de asesinar a su suegra. Pasaron las semanas y cada dos días, Lili servía una comida especialmente tratada a su suegra. Siempre recordaba lo que el Sr. Huang le había recomendado sobre evitar sospechas, y así controló su temperamento, obedecía a la suegra y la trataba como si fuese su propia madre. Después de seis meses, la casa entera estaba completamente cambiada.
Lili había controlado su temperamento y casi nunca la aborrecía. En esos meses, no había tenido ni una discusión con su suegra, que ahora parecía mucho más amable y más fácil de lidiar con ella. Las actitudes de la suegra también cambiaron y ambas pasaron a tratarse como madre e hija.
Un día Lili fue nuevamente en procura del Sr. Huang, para pedirle ayuda y le dijo: "Querido Sr. Huang, por favor ayúdeme a evitar que el veneno mate a mi suegra. Ella se ha transformado en una mujer agradable y la amo como si fuese mi madre. No quiero que ella muera por causa del veneno que le di".
El Sr. Huang sonrió y señaló con la cabeza: "Lili no tienes por qué preocuparte. Tú suegra no ha cambiado, la que cambió fuiste tú. Las hierbas que le di, eran vitaminas para mejorar su salud. El veneno estaba en su mente, en su actitud, pero fue echado fuera y substituido por el amor que pasaste a darle a ella".
(Historias de luz y sabiduria)
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Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar una altísima montaña, inició su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria solo para él, por lo tanto subió sin compañeros.
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo, y oscureció.
La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, la luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.
Subiendo por un acantilado, a solo unos pocos metros de la cima, se resbaló y se desplomó por el aire, cayendo a velocidad vertiginosa. El alpinista solo podía ver veloces manchas oscuras y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los episodios gratos y no tan gratos de su vida
Pensaba en la cercanía de la muerte, sin embargo, de repente, sintió el fortísimo tirón de la larga soga que lo amarraba de la cintura a las estacas clavadas en la roca de la montaña.
En ese momento de quietud, suspendido en el aire, no le quedó más que gritar: AYÚDAME DIOS MIO¡¡¡
De repente, una voz grave y profunda de los cielos le contestó:
-¿QUE QUIERES QUE HAGA?
- Sálvame Dios mío
-¿REALMENTE CREES QUE YO TE PUEDA SALVAR?
- Por supuesto Señor
-ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE...
Hubo un momento de silencio; el hombre se aferró más aún a la cuerda.
Cuenta el equipo de rescate, que al otro día encontraron a un alpinista colgando muerto, congelado, agarradas sus manos fuertemente a la cuerda... A TAN SOLO DOS METROS DEL SUELO...
(Desconozco el autor)
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Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un enorme árbol, cayó un rayo y los tres murieron fulminados.
Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales; a veces, los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición...
La carretera era muy larga, colina arriba, el sol era muy fuerte, estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un portal magnífico, todo de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde manaba agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada.
- Buenos días.
- Buenos días -respondió el guardián.
- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
- Esto es el Cielo.
Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos.
Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.
Pero mi caballo y mi perro también tienen sed...
Lo siento mucho -dijo el guardián-. Pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se llevó un gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo; dio las gracias al guardián y siguió adelante. Después de caminar un buen rato cuesta arriba, bustos, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puertita vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta ‘por un sombrero; posiblemente dormía.
- Buenos días -dijo el caminante
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
- Tenemos mucha sed, yo, mi caballo y mi perro.
- Hay una fuente entre aquellas rocas -dijo el hombre, indicando l lugar-. Podéis beber tanta agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.
- Podéis volver siempre que queráis -le respondió.
- A propósito ¿cómo se llama este lugar?
- Cielo.
- ¿El cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
- Aquello no era el Cielo, era el infierno.
El caminante se quedó perplejo.
- ¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre!
¡Esta información falsa debe de provocar grandes confusiones!
¡De ninguna manera! En realidad, nos hacen un gran favor. Porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos...
(Paulo Coelho)
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Teddy Stallard era sin duda “el peor”: sin interés por la escuela, desprolijo, con la ropa arrugada, siempre despeinado, uno de esos chicos del colegio de cara impasible, mirada inexpresiva, fría y distraída.
Cuando a señorita Thompson le hablaba, Teddy siempre respondía con monosílabos. Poco atractivo, sin motivación y actitud distante, no resultaba fácil quererlo.
Si bien su maestra decía que quería a todos los de la clase por igual, en su interior no era totalmente sincera.
Cada vez que corregía los trabajos de Teddy, experimentaba cierto placer perverso poniendo una “x” al lado de las respuestas incorrectas y, cuando ponía D en la parte superior de la hoja, siempre lo hacía con elegancia. Debería haberlo pensado un poco más: tenía el legajo de Teddy y sabía más sobre él de lo que quería admitir. El legajo decía:
Primer grado: Teddy promete en su trabajo y su actitud, pero tiene una mala situación familiar.
Segundo grado: Teddy podría dar más. La madre esta muy enferma. Recibe poca ayuda en su casa.
Tercer grado: Teddy es un buen chico pero demasiado serio. Aprende lentamente. Su madre murió el año pasado.
Cuarto grado: Teddy es muy lento, pero se porta bien. Su padre no muestra ningún interés.
Llegó Navidad, y los chicos y chicas de la clase de la señorita Thompson trajeron los regalos correspondientes.
Los apilaron sobre el escritorio y se agolparon alrededor para ver cómo los abría.
Entre los regalos había uno de Teddy Stallard. Estaba envuelto en papel y escrito simplemente: “Para la señorita Thompson de Teddy”.
Ella se sorprendió de que le hubiera llevado un regalo. Cuando lo abrió, apareció una pulsera recargada de piedras falsas a la cual le faltaban la mitad de las cuentas, y un frasco de perfume barato.
Los otros chicos y chicas empezaron a burlarse de los regalos de Teddy, pero la señorita Thompson tuvo por lo menos suficiente sentido común como para hacerlos callar de inmediato poniéndose la pulsera y echándose un poco de perfume en la muñeca. Levantó el puño para que los demás chicos olieran y dijo: “¿No huele muy bien?”.
Y los chicos, guiándose por la maestra, rápidamente coincidieron con “ooohs” y “aaahs”
Al final del día, cuando terminó la clase y los otros chicos ya se habían ido, Teddy se demoró. Lentamente se acercó al escritorio y dijo con suavidad: ‘Señorita Thompson... Señorita Thompson, huele igual que mi madre... y la pulsera de ella le queda realmente muy linda también. Me alegra que le gustaran los regalos”.
Cuando Teddy se fue, la señorita Thompson se arrodilló y le pidió perdón a Dios.
Al día siguiente llegó una nueva maestra. La señorita Thompson se había convertido en otra persona. Ya no era sólo una maestra; era un agente de Dios. Había pasado a ser una persona empeñada en querer a sus chicos y hacer por ellos cosas que trascendieran su presencia. Ayudaba a todos sus alumnos, pero especialmente a los más lentos, y sobre todo a Teddy Stallard. Para fines de ese año lectivo, Teddy había mejorado notablemente. Estaba a la altura de la mayoría de sus compañeros y hasta aventajaba a algunos.
Durante mucho tiempo no supo nada de Teddy. Un día recibió una nota que decía:
Querida señorita Thompson:
Quería que fuera la primera en saberlo. Voy a terminar segundo de la clase.Cariños, Teddy Stallard.
Cuatro años después, llegó otra nota:
Querida señorita Thom pson:
Acaban de decirme que soy el primer promedio de mi promoción. Quería que lo supiera antes que nadie’. La Universidad no fue fácil, pero me gustó.Cariños Teddy Stallard
Y cuatro años más tarde:
Querida señorita Thompson:
Ahora ya soy Theodore Stallard, médico. ¿Qué le parece? Quería que usted fuera la primera en saber que me caso el mes que viene, el 27 para ser más exacto. Quiero que venga y se siente donde se habría sentado mi madre si viviera. Usted es mi única familia, ahora; papá murió el año pasado.Cariños. Teddy Stallard.
La señorita Thompson fue a la boda y se sentó donde se habría sentado la madre de Teddy. Merecía sentarse allí, había hecho por Teddy algo que él no olvidaría, nunca.
(Desconozco el autor)
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Un día el hijo de un bravo guerrero se enamoró de una joven muy bella y ambos decidieron casarse tras lograr el permiso de sus padres. Como se enamoraron tanto y sabiendo de los peligros de la convivencia, decidieron visitar al brujo de la tribu para que les preparase un conjuro que hiciese su amor y su alianza realmente eternas.
El brujo le dijo al guerrero:
- Ve a las montañas del norte y sube a la más alta que encuentres y cuando estés en su cima busca el halcón más vigoroso, el más fuerte y más valiente de todos. Debes cazarlo y traerlo vivo aquí.
Luego dirigiéndose a la hermosa muchacha le dijo:
-Tu ve a las montañas del sur y busca en la cordillera el águila más cazadora, la que vuele más alto y de mirada más profunda. Tu solita debes cazarla y traerla viva aquí.
Tras varios días de andar por las montañas, el guerrero y la muchacha consiguieron sus objetivos y volvieron muy satisfechos con las hermosas aves junto al brujo.
- ¿Qué debemos hacer con ellas? le preguntaron
- Son hermosas y fuertes estas aves, ¿Verdad? Les pregunto el brujo de nuevo.
- Si. Volaban más rápido y más alto que ninguna. Respondieron los dos.
- Muy bien ahora quiero que las atéis la una a la otra por la patas.
Los dos jóvenes así lo hicieron y siguieron las instrucciones del brujo. Después las soltaron. Las pobres aves intentaron echar a volar pero como estaban atadas la una a la otra se estorbaban y no pudieron hacerlo. Lo único que conseguían era tropezarse la una con la otra y haciéndose daño se revolcaban por el suelo.
-¿Veis lo que sucede a estas aves? Les dijo el brujo
- Atadas la una a la otra ninguna es capaz de volar mientras que solas lo hacían muy alto. Este es el conjuro que os doy para que vuestro amor sea eterno:
“Que vuestra alianza no sea atadura para ninguno sino fuerza y aliento para crecer y mejorar como personas”
“Que vuestro amor no os cree dependencias sino que manifieste el cariño y la solidaridad de quienes comparten el mismo pan”
“Respetaros como personas y dejar que cada uno pueda volar libremente para ir aprendiendo a volar juntos por el ancho cielo”
“Si actuáis así vuestro amor podrá ser realmente eterno porque nunca será una limitación sino un estímulo para que cada uno pueda crecer”
Cierto es que todo lo que limita al alma muere tarde o temprano, porqué nuestra ley suprema es la del crecer y evolucionar como personas.
Muere un amor desgraciado que atenaza a los amantes y los oprime como personas. Muere con la alegría como quién de repente sale de una cárcel dónde prisionera estaba su alma.
Pero también muere un amor feliz aunque muera con pena. Muere cuando reblandece a los amantes y los hace más vulnerables y dependientes como personas.
El único amor que nunca muere, el único amor que supera incluso a la muerte es ese pacto sagrado de las almas por el que ambas se ayudan en su evolución, por al que ambas se respetan para que puedan ser libres y a la vez solidarias entre sí.
Si quieres que tu amor sea realmente inmortal no ahogues con tu brazo la libertad de tu amante y que vuestro pacto sea siempre el del mutuo crecimiento.
Que vuestro amor os dé fuerzas para volar muy altos como las águilas en el cielo, para volar juntos trazando círculos en el cielo y también para saber volar en solitario sin apego y sin miedos. Solo así vuestro amor podrá ser realmente eterno porqué no solo será alimento y gozo para el cuerpo sino fuerza para vuestro espíritu.
(Historia indígena)
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Una vieja leyenda Hindú explica que hubo un tiempo en que todos los hombres eran dioses pero abusaron tanto de su divinidad, que BRAHMA, el señor de los dioses decidió quitarles el poder divino y esconderlo en un lugar donde sería imposible el encontrarlo.
El gran problema fue el encontrarle un escondite.
Los dioses menores fueron convocados a un consejo para solucionar ese problema, propusieron esto: “Enterraremos la divinidad del hombre en la tierra”.
Pero BRAHMA contestó, “Esto no valdrá para nada, porque el hombre cavará y la encontrará”.
Entonces los dioses replicaron. “En este caso tiraremos la divinidad en lo más profundo del mar”. Pero BRAHMA contestó de nuevo y dijo: “No porque tarde o temprano el hombre explorará los fondos de todos los mares, un día la sacará de donde esté”.
Los dioses concluyeron: “No sabemos donde esconderla, pues no existe sitio en la tierra o en el mar donde el hombre no pueda llegar”.
Entonces BRAHMA dijo: “Lo que vamos a hacer con la divinidad del hombre, es esconderla en lo más profundo de él mismo, porque es el único sitio donde no pensará jamás en buscarla”.
Aquí acaba la historia.
El hombre ha dado la vuelta a la tierra, ha explorado, ha escalado, sumergido y cavado a la búsqueda de algo que está dentro de él.
(Desconozco el autor)
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Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.
Llegando al lugar constato la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado, entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó:
“¿En este lugar no existen señales de trabajo ni puntos de comercio tampoco, como hacen el señor y su familia para sobrevivir aquí?”
El señor calmadamente respondió: amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo. El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino, se volvió hacia su fiel discípulo y le ordenó al aprendiz: busque la vaquita, llévela al precipicio de allí enfrente y empújela al barranco.
El joven espantado vio al maestro y lo cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Más como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedo grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años. Un día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín.
El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático, el joven preguntó por la familia que vivía allí hace unos cuatro años, el señor respondió que siguen viviendo aquí. Espantado el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?
El señor entusiasmado le respondió:
“Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora”
Punto de reflexión: Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra sobre vivencia la cual es una convivencia con la rutina. Descubre cual es tu vaquita. Aprovecha este nuevo milenio para empujar tu vaquita por el precipicio
(Desconozco el autor)
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Vivía en Bagdad un comerciante llamado Zaguir.
Hombre culto y juicioso, tenía un joven sirviente, Ahmed, a quien apreciaba mucho.
Un día, mientras Ahmed paseaba por el mercado de tenderete en tenderete, se encontró con la Muerte que le miraba con una mueca extraña. Asustado, echó a correr y no se detuvo hasta llegar a casa.
Una vez allí le contó a su señor lo ocurrido y le pidió un caballo diciendo que se iría a Samarra, donde tenía unos parientes, para de ese modo escapar de la Muerte.
Zaguir no tuvo inconveniente en prestarle el caballo más veloz de su cuadra y se despidió diciéndole que si forzaba un poco la montura podría llegar a Samarra esa misma noche.
Cuando Ahmed se hubo marchado, Zaguir se dirigió al mercado y al poco rato encontró a la Muerte paseando por los bazares.
“¿Por qué has asustado a mi sirviente?” – preguntó a la Muerte –. Tarde o temprano te lo has de llevar, déjalo tranquilo mientras tanto”.
“No era mi intención asustarlo – se excusó ella -, pero no pude ocultar la sorpresa que me causó verlo aquí, pues esta noche tengo una cita con él en Samarra.
(Desconozco el autor)
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Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamo que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.
Una gran multitud se congrego a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en el ni máculas ni rasguños.
Si, coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto. Al verse admirado el joven sé sintió más orgulloso aun, y con mayor fervor aseguro poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.
De pronto un anciano se acerco y dijo: ¿Por qué dices eso, si tu corazón no es tan hermoso como el mío?
Sorprendidos, la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y estos habían sido reemplazados por otros que no correspondían, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor.
Es mas, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos. La mirada de la gente se sobrecogió - ¿cómo puede el decir que su corazón es más hermoso?, pensaron...
El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír. "Debes estar bromeando", dijo. "Comparar tu corazón con el mío... El mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor."
"Es cierto," dijo el anciano, "tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo... Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mí corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos, a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales quedaron los bordes, por los cuales me alegro porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido." Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos - dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando, y alimentan la esperanza que algún día tal vez regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón.
¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?". El joven permaneció en silencio, llorando. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció.
El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven.
La pieza se amoldo, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.
El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.
Y tu corazón... ¿cómo es?
(Desconozco el autor)
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Érase una vez una familia muy pobre y muy rica a la vez, compuesta por una hija y sus padres.
La festividad de Reyes Magos estaba próxima, se ultimaban los preparativos. Como todos los miembros de la familia eran extremadamente responsables y les gustaba complacer a los demás, cada año, unos días antes de la llegada de esta celebración, se preguntaban unos a otros que regalo deseaban recibir. Nadie quería equivocarse, ninguno de ellos deseaba gastar inútilmente su dinero en un presente que no colmase totalmente las expectativas de quien lo iba a recibir.
Cuando la madre y el padre preguntaron a su hija que regalo deseaba, ella contestó:
- Os daré una carta escrita por mí y lo único que deseo es que la metáis en un sobre y me la enviéis por correo como si la hubieseis escrito vosotros.
Los padres se miraron con cara de extrañeza, después miraron a su hija enarcando las cejas con los ojos como platos y justo cuando la madre iba a abrir la boca para mostrar su opinión al respecto, su hija se llevo el dedo índice a los labios pidiendo silencio y dijo:
- Es mi decisión y no voy a cambiar de idea; si de verdad queréis complacerme eso es únicamente lo que tendréis que hacer.
Aquella misma noche Martina, que así se llamaba la hija, escribió la carta que sus padres tendrían que enviarle como regalo de Navidad.
Querida Martina: Es la primera vez que tu padre y yo te escribimos para contarte de nosotros y de lo que a lo largo de los años hemos aprendido. Nos hubiera gustado que todo este tiempo que estás con nosotros nos hubieras visto profundamente enamorados, cuidándonos y respetándonos, así es como ocurre el amor. Pero no lo has visto por que sencillamente no ha ocurrido, y si no lo has visto, como vas a poder creer que te va a suceder a ti, ¿verdad? Nuestro guión ha sido pobre, pero aún estamos a tiempo de hacer algo. Antes de nacer tú, nosotros, tú y yo, hicimos un pacto en el que acordamos nuestros papeles, nuestra manera de hacer, nuestras creencias y nuestra educación, para vivir la experiencia única de una vida terrenal en este Universo. Debes saber que los hijos, pueden superar a los padres en sus logros. Nos esforzamos para que pudieses estudiar, cierto que no tanto como hubieras querido, para darte una casa con ciertas comodidades y algún que otro capricho. Ahora queremos decirte que jamás debes sentirte culpable por que tuviste estas cosas de las que nosotros carecimos mientras crecíamos. Queremos que experimentes el gozo y la paz de liberarte por ti misma de cada creencia errónea que has aprendido de nosotros y te limita. Te liberamos de todas las experiencias de nuestra vida que te vinculan con el miedo, con el dolor, con los mandatos, con el “todo no se puede en la vida”; es justo que te liberes de ellas; nosotros no sabíamos lo suficiente cuando te las transmitimos pero con ellas también recibiste la posibilidad de trascenderlas y alcanzar la felicidad. Ese es el camino que te conducirá a lo que buscas, a encontrar tu sitio en el mundo, tu razón, tu propósito y por ende la felicidad de los que te rodean. Todos los seres que están aquí contigo te brindan la posibilidad de enfrentarte y superar tus ilusorias limitaciones, y cada vez que lo consigues el Universo entero festeja que se ha cumplido tu propósito. Tus logros son uno con lo que de verdad somos todos, la Unidad.
Nosotros aprobamos lo que haces y estamos muy orgullosos de tus merecidos logros. Te liberamos de las experiencias dolorosas que hemos vivido y del compromiso de repetir esas prácticas de sufrimiento que no forman parte de tu vida, por que tú, hija, estás libre de la necesidad de esas vivencias, por que tu tienes otros recursos, otro conocimiento y mereces, tienes el derecho de alcanzar tus metas y materializar tus ilusiones, liberándote y encontrando así la manera de ayudar a liberarse a los demás. Yo, hija, crecí sintiendo que lo que de verdad vale la pena, cuesta mucho y se obtiene con sacrificio. Así pensaba también la mamá que yo elegí, tu abuela, con la que también tuve que acordar mi rol antes de nacer, así me eduqué y viví. Me casé con tu papá, que sostuvo el papel de “hombre pobre” que perdió a su madre y a sus hermanos cuando era un niño, que pasó hambre y necesidad, que vivía en una casa de ladrillos de adobe que cuando llovía y venteaba se venía abajo, que trabajó desde que tenía siete años cuidando caballos en una era durmiendo en el suelo, sólo…y aprendí esa sensación de terrible injusticia que yo misma también padecí y convencida de que había que luchar y luchar por lo que se quería te lo transmití a ti para que estuvieras preparada en la vida. Pero tu padre y yo hemos descubierto que la lucha nunca es buena, que las cosas que nos acontecen son percepciones individuales de una realidad mayor, que el sacrificio no es necesario, que todos estamos en el mismo lado y sobre todo sabemos con certeza que tú puedes trascender todas estas creencias erróneas que te hemos transmitido. Por eso con todo el amor que somos capaces y disponemos te liberamos de cada lazo que te ate al dolor, al rencor, a la separación, al fracaso, a la condena, al juicio, a la superioridad y a todo lo que puede limitar tu esencia divina. Te animamos a que dejes a un lado las creencias que te hemos transmitido desde nuestra ignorancia, a las que hoy aún estas aferrada, por que crecer es encontrar la propia verdad.
Estamos orgullosos de lo que haces cada día, te aseguramos que tu felicidad y tu triunfo son nuestra alegría. Nada nos hace más felices que ver que eres capaz de superar tus limitaciones y desde aquí te enviamos nuestro abrazo, nuestro amor para que sirvan de sostén a tu firmeza y valentía mientras recorres este hermoso camino en la tierra.
Siempre estamos contigo. Tus papas.
Y cuentan que este sencillo tesoro fue entregado por Martina a sus padres que fieles al deseo de su hija corrieron en la víspera de Reyes hasta la estafeta de correos para enviar a su niña tan singular presente. Y cuentan también que muchos años más tarde una Martina encanecida y razonablemente feliz escribió a su hijo Ignacio, cuando cumplió veintidós años, una maravillosa carta como regalo de cumpleaños.
(Desconozco el autor)
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Desde lo alto de un minarete, un almuédano llama a la oración. Se entusiasma a tal punto que pierde el equilibrio y cae justo en el momento en que pasa por debajo del minarete un maestro sufí. El almuédano aterriza sobre el maestro, que debe ser hospitalizado. Sus discípulos van a visitarle al hospital y le dicen:
-Tú que sacas provecho de todo cuanto sucede, ¿Cómo vas a hacerlo de este acontecimiento? - Pues muy sencillo –responde el maestro-.Esto demuestra que la ley del karma no es justa. Se dice que la causa produce el efecto, que el que siembra recoge lo que ha sembrado. Sin embargo, en este caso, el almuédano ha sembrado y yo he recogido.
Los otros pueden sembrar y nosotros recoger el mal hecho por ellos. No vivimos en un árbol sino en un bosque. Podemos ser perfectos en privado, pero si no hacemos nada por el mundo, ello recaerá, mal que nos pese, sobre nuestras espaldas. Respiramos el mismo aire, los mismos virus. Estamos unidos unos a otros. Hay que estar muy atento al mundo, tomar posesión de él y hacer por él lo que se pueda. No somos seres separados. El error de los demás puede recaer sobre nosotros.
(Desconozco el autor)
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Un día un príncipe chino oyó cantar a un ruiseñor.
Maravillado por la belleza de su canto, decretó que era un pájaro real que debía estar en palacio. Ordenó su captura.
Cuando le trajeron el pájaro, lo encerró en una magnifica jaula de oro.
Le hizo servir los mejores manjares más exquisitos y convocó a los mejores músicos del imperio para que le hicieran compañía.
Sin embargo, por más que fue rodeado de mil atenciones, el ruiseñor dejó de cantar, se desmejoró y murió.
Lo que era bueno para el príncipe no lo era necesariamente para el pájaro.
Hay que aprender hablar el lenguaje de cada uno.
El príncipe no veía más que lo que era bueno para él y lo aplicaba a todo el mundo.
Nosotros, en muchas ocasiones, creemos dar lo mejor a las personas que nos rodean sin ponernos en su lugar.
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Un maestro de meditación contó en cierta ocasión la historia de un hombre que no quería saber nada de las tensiones de la vida, de manera que se recluyó en una caverna a meditar día y noche para el resto de su vida. Pero no tardó en salir de allí, huyendo de la abrumadora tensión que le provocaba el sonido de las gotas de agua en la cueva.
Al menos hasta cierto punto, siempre habrá fuentes de tensión en la vida, pues no podemos evitar llevar con nosotros nuestra propia sensibilidad. Lo que necesitamos es convivir de modo distinto con nuestras fuentes de estrés.
Cuanto mas evitemos en nuestro cuerpo la estimulación, más enervante se hará la estimulación que quede.
La única forma de llegar a tolerar e incluso disfrutar del hecho de estar en el mundo,es... estando en el mundo.
(Desconozco el autor)
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Se cuenta que una vez Jesus salía con los apóstoles y se encontraron con un joven, que estaba un poco renegado. Resulta que llevaba un carro y se le había quedado atascado en el barro. Por mucho que empujaba no lograba sacar la rueda del carro del barro, por lo que no dejaba de blasfemar, y estaba muy enfadado.
Entonces San Pedro miro a Jesus y le dijo:
-¡Señor, castíguelo!
-¿Como? - le preguntó Jesus - Pedro, tanto tiempo de cristianismo y ¿todavía no aprendiste hermano? ¿Cómo lo voy a castigar al pobre hombre? Vayan todos a ayudarle a sacar el carro.
-¿Pero no escuchó lo que dijo?, ha blasfemado el nombre de Dios.
-¡Qué importa lo que dijo! Lo importante es lo que hace. ¡Vayan y ayúdenlo! Fue Pedro con todos los apóstoles y les fue fácil sacar el carro. Pero el hombre parece que no se lo agradeció mucho. Se subió al carro y se fue.
Siguieron andando y al cabo de un tiempo encontraron otro barrizal tan grande como el anterior. Esta vez era un hombre quien se había atascado. Este hombre se había subido a la parte mas alta de carro, se había puesto de rodillas y rezaba con mucha humildad:
-Señor Dios, tu que eres bueno, ayúdame, sácame de esta realidad. Mándame a tus apóstoles y a los ángeles a que me ayuden y me saquen el carro del barro
San Pedro pregunto al Señor:
-¿Vamos a ayudarle?
-No - dijo Jesus - No le ayuden nada.
-¿Como? – se extrañó Pedro.
-Te digo que no hay que ayudarle, vamos, sigamos. Y siguieron y lo dejaron en el barro.
San Pedro sintiéndose autoridad en la Iglesia, hizo caso al Señor. Pero, cuando estaban ya un poco alejados, dijo:
-Discúlpenos Señor, no es que yo lo quiera corregir, pero no entiendo que es lo que pasa.
-¿Cómo que no entienden qué es lo que pasa?
-Al otro que era un renegado, que estaba tratando de sacar el carro, si nos mandó que lo ayudáramos, y a éste que puso toda la confianza en nosotros y nos rezaba y nos alababa, a él no pudimos ayudarlo!
-Justamente - dijo el Señor - El otro hacía todo lo que el podía y por eso merecía ser ayudado. Y éste otro no hizo ningún esfuerzo, sólo quería que nosotros le solucionáramos todo.
(Desconozco el autor)
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Un ermitaño del monasterio de Esceta se aproxima al Abad Teodoro. - Se exactamente cual es el objetivo de la vida. Se lo que Dios pide al hombre y conozco la mejor manera de servirlo. Y, a pesar de eso, soy incapaz de hacer todo lo que debería estar haciendo para servir al Señor. El abad Teodoro permaneció un largo tiempo en silencio. Finalmente dijo:
- Tú sabes que existe una ciudad al otro lado del anciano. Pero aún no has encontrado el barco, no has subido tu equipaje y no has atravesado el mar. ¿Por qué estar hablando de ella, o de cómo debemos caminar por sus calles? Saber el objetivo de la vida o conocer la mejor manera de servir al Señor no basta. Pon en practica lo que estas pensando y el camino se mostrara por si mismo.
(Desconozco el autor)
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Cuando yo era muy joven, mi madre me preguntó cual era la parte más importante del cuerpo.
Yo pensaba que el sonido era muy importante para nosotros, los seres humanos, y entonces le dije:
- Mis oídos.
Paso un tiempo y mi madre volvió a preguntar
Yo había pensado bastante y creía tener la respuesta correcta.
- La visión es muy importante para todos, entonces deben ser nuestros ojos
Ella me miró y dijo:
- Todavía no tienes la respuesta correcta, porque hay muchas personas que son ciegas…
Siempre creí que era apenas un juego entre nosotros dos.
Pero el día que murió mi abuelo, ante mi dolor ella dijo:
- Hoy es un día en que necesitarás aprender esta importante lección.
- La parte más importante del cuerpo son tus hombros
Intrigado, pregunté-¿Por qué ellos sostienen mi cabeza?
-No, respondió; es porque en ellos pueden apoyar la cabeza o un amigo o alguien amado cuando llora. Todos necesitamos de un hombro para llorar en algún momento de nuestra vida.
En esa ocasión descubrí cual es la parte del cuerpo mas importante, porque en aquel momento, quien necesito un hombro fui yo.
Quiero que tú también tengas bastante amor y amigos, y que tus hombros estén siempre cuando alguien los necesite
No olvides que:
“Las personas podrán olvidar lo que tu haces…pero nunca olvidaran lo que tu les haces sentir” “Los buenos amigos son como estrellas… no siempre las ves pero sabes que siempre están”
(Desconozco el autor)
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Después de varios años de matrimonio descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor. !
Mi esposa me recomendó salir con otra mujer
Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer, en realidad había sido idea de mi esposa.
Tú sabes que la amas -me dijo un día, tomándome por sorpresa…. La vida es muy corta, dedícale tiempo.
Pero yo te amo a ti - protesté
Lo sé. Pero también la amas a ella.
La otra mujer a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi madre, pero las exigencias de mi trabajo y mis hijos hacían que sólo la visitara ocasionalmente
Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine.
¿Qué te ocurre? …. ¿Estas bien?.... me preguntó.
Mi madre es el tipo de mujer que una llamada tarde, en la noche o una invitación sorpresiva es indicio de malas noticias.
Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo, le respondí.
¡Los dos solitos! ¿Que opinas?
Reflexionó sobre ello un momento. …..Me gustaría muchísimo, dijo. Ese viernes mientras conducía para recogerla después de mi trabajo me encontraba nervioso, era el nerviosismo que antecede una cita... y ¿Por Dios, cuando llegué a su casa, vi que ella también estaba muy emocionada!.
Me esperaba en la puerta con su viejo abrigo puesto, se había rizado el pelo y usaba el vestido con el que celebró su último aniversario de bodas, su rostro sonreía, irradiaba luz como un ángel. Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo y se mostraron muy emocionadas- me comentó mientras subía a mi auto- No podrán esperar a mañana para escuchar acerca de nuestra velada. Fuimos a un restaurante no muy elegante, pero si muy acogedor, mi madre se aferró a mi brazo como si fuera "La Primera Dama de la Nación".
Cuando nos sentamos tuve que leerle el menú. Sus ojos sólo veían grandes figuras. Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista; mi mamá esta sentada al otro lado de la mesa y sólo me miraba. Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios
Era yo quien te leía el menú cuando eras pequeño ¿Recuerdas?
Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolver el favor -respondí.
Durante la cena tuvimos una agradable conversación, nada extraordinario, sólo ponernos al día uno con la vida del otro. Hablamos tanto que nos perdimos el cine. Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar, dijo mi madre cuando la llevé a su casa, asentí, la besé, la abracé.
¿Cómo estuvo la cita? - quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche.
Muy agradable, gracias, Mucho más de lo que imagine, le contesté. Días más tarde mi madre murió de un infarto masivo, todo fue tan rápido, no pude hacer nada.
Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde habíamos cenado mi madre y yo y una nota que decía: "La cena está pagada por anticipado, estaba casi segura que no podría estar allí, pero igual pagué para dos, para ti y tu esposa, jamás podrás entender lo que aquella noche significó para mi. ¡Te amo!
En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo "TE AMO" y de darles a nuestros seres queridos el espacio que se merecen; nada en la vida será más importante que Dios y tu Familia, dales tiempo porque ellos no pueden esperar.
Si vive tu madre, disfrútala....
Si no......... Recuérdala...............
Si tienes madre cuenta esta historia a otras personas
Y Recuerda siempre: Dios perdona, pero el tiempo…. nunca.
(Desconozco el autor)
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Tirah fabricaba y vendía ídolos de barro. Una vez tuvo que salir y dejó el taller al cuidado de su hijo Abraham. Entró un anciano y pidió un ídolo.
-¿Cuantos años tiene? -le preguntó Abraham.
-Noventa y uno -contestó el anciano.
-Entonces, ¿como puede adorar una figurilla de barro que fue hecha hace solo unas horas?
El anciano se marchó sin llevarse nada. Vinieron otros clientes. A todos Abraham les preguntaba la edad que tenían y cómo podían rendir culto a algo recién fabricado.
Y todos se iban con las manos vacías.
Al caer la tarde acudió al taller una viejecita con una bolsa de harina, que puso delante de una de las figuras.
Era demasiado pobre para poder comprarla y venía a adorarla al taller.
Entonces, Abraham tuvo una idea.
Cogió un hacha y rompió en pedazos todas las figuras, dejando solo la más grande.
Luego puso el hacha en manos de ésta y colocó la harina delante de ella.
-¡Que desastre! -exclamó Tirah a su regreso-. ¿Cómo ha ocurrido?
-Los ídolos se pelearon por la comida -explicó Abraham-. Éste, que es el mas fuerte, rompió a los mas pequeños para quedarse con la bolsa de harina.
-¡Mientes! -dijo Tirah-. Lo has hecho tú. Estos ídolos son solo figuras de barro; no se mueven, no tienen vida.
-Es cierto -replicó Abraham-. Pero en este caso, ¿por qué los adoras, si son simples cacharros?
(Desconozco el autor)
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Una mañana de primavera mientras limpiaba el desván, apareció un objeto curioso de entre todas las cosas viejas y polvorientas. Era pequeño, ovalado, parecía hecho a mano, labradas unas flores en su madera un poco carcomida y sucia. Tenía un pequeño mango con huecos para los dedos y encajaba perfectamente en mi mano. Suavemente lo fui limpiando y fue apareciendo una preciosidad, que parecía un espejo, si no fuera porque... ¡rayos! no reflejaba nada....ni a mí, ni lo de alrededor.
Seguí limpiando la superficie, pero no lograba más que una capa opaca y sin brillo. Lo puse delante de una bombilla, lo saqué a la calle a exponerlo al sol. Nada, ninguna luz se reflejaba en él. Se lo mostré a varias personas, a ver si solo en mí estaba el problema, pero seguía sin reflejar nada. ¡Qué extraño! Un espejo sin reflejo.
Aquella noche tuve un sueño. Yo era el espejo y buscaba ayuda para mi problema. Fui al consejo de espejos ancianos. Estaban reunidos en una gran estancia. Unos grandes, otros pequeños pero todos maravillosos. Reflejaban todas las luces, creando varios arco iris alrededor de ellos, que envolvían la sala en un ambiente de alegría y paz. Cada uno cumplía su misión y estaban muy contentos y satisfechos. Una voz profunda y a la vez dulce, me sacó de mi embelesamiento.
- ¿Cómo has llegado hasta aquí, si no eres un espejo?
Tímidamente y con dolor en mi voz le contesté que era un espejo, pero no podía reflejar, aunque lo intentaba. ¿Qué debo hacer? supliqué, me he librado del polvo de los años, pero aún no brillo.
La voz, volvió a surgir, esta vez muy cálida y profunda.
- ¿No estarás tan preocupado por tu propio brillo, que no das a los demás la oportunidad de que se reflejen en ti? ¿Acaso te crees diferente a los demás espejos? La vanidad y la soberbia, no te dejan armonizar con el que te mira. Deja que éste te penetre, te influya y te posea, entonces podrás reflejar lo que él quiere ver y le darás conocimiento.
Súbitamente, desperté y me levanté a coger el espejo. Lo fundí en mi mano, en mis ojos, sentí la madera vibrar con mi corazón, con gran alegría vi mi cara en el espejo, unos ojos radiantes y una boca sonriente me miraba desde la profundidad de un espejo luminoso.
(Carlota Sagüés Emaldi)
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Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
- ¿Papa? - Sí, hija, cuéntame - Oye, quiero... que me digas la verdad - Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido - Es que... -titubeó Cristina - Dime, hija, dime. - Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija? - Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso. - Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero... - ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado! - No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina . - Entonces no lo entiendo. papá. - Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
- Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían. - ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó: - Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero. no podemos tener tantos pajes., no existen tantos. - No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo. - ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración. - Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios. - Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes. - Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños? - Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres. - Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
(Desconozco el autor)
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Akiba fue un sabio rabino, gran conocedor de la medicina. Un día, mientras paseaba por la calle, le detuvo un enfermo.
-Por favor, alíviame de mis dolores -le rogó.
-De acuerdo, pero debes explicarme donde sientes las molestias -contestó el rabino, que necesitaba conocer los síntomas para poderle curar.
El enfermo explicó detenidamente lo que sentía, y Akiba supo que mal le aquejaba. De esta forma pudo recetarle un remedio.
Todo ello ocurría en la calle, y un campesino se detuvo para observar la escena. Cuando el enfermo se marchó agradecido, el campesino se dirigió a Akiba diciendo:
-¿Cómo es que tú, hombre de Dios, actúas en contra de su voluntad?
-¿A qué te refieres? -preguntó el rabino.
-Es Dios quien manda las enfermedades al hombre y no debemos oponernos a sus designios.
-¿Qué trabajo desempeñas? -inquirió Akiba.
-Soy labrador.
-¿Quién ha creado la tierra?
-Dios,
-¿Y tu? ¿Qué es lo que haces exactamente?
-Labro la tierra con el arado, siembro el grano, quito las piedras y las malas hierbas.
-Así que tú también te atreves a tocar la obra de Dios. ? Por qué no dejas la tierra labrarse a si misma y esperas a que de los frutos?
-Pero rabino, si hiciese esto nunca tendría pan -contestó el campesino, riendo.
-Pues lo mismo ocurre con nuestro cuerpo. Dios nos lo ha dado, pero nosotros debemos cuidarlo y quitarle sus males como tu quitas los cardos y las piedras.
(Desconozco el autor)
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….Cuando las cosas en la vida te superen, cuando 24 horas al día no son suficientes, recuerda el bote de vidrio y el café…
Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf.
Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí. El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Éstos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf.
El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.
Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto, la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime.
El profesor, rápidamente añadió dos tazas de café al contenido del bote y efectivamente, llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo:
"Quiero que os fijéis que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada más nos quedasen éstas, nuestras vidas aún estarían llenas".
Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche.....La arena es el resto de las pequeñas cosas. Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes.
Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o tu afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto sólo es arena".
Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó qué representaba el café. El profesor sonrió y le dijo: "¡Me encanta que me hagas esta pregunta!".
El café es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos tazas de café con un amigo".
(Desconozco el autor)
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Una noche, sobre las 23 horas, una mujer afro americana, de edad avanzada estaba parada en el acotamiento de una autopista de Alabama, tratando de soportar una fuerte tormenta. Su coche se había descompuesto y ella necesitaba desesperadamente que la llevaran. Estaba empapada de agua, y decidió detener el próximo coche. Un joven blanco se detuvo a ayudarla, a pesar de todos los conflictos que habían ocurrido durante los 60. El joven la llevó a un lugar seguro, la ayudó a obtener asistencia y la puso en un taxi. Ella parecía estar bastante apurada. Ella anotó la dirección del joven, le agradeció y se fue. Siete días pasaron, cuando tocaron la puerta de su casa. Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante a color le fue entregado por correo a su casa.
Tenía una nota especial adjunta al paquete.
Esta decía:
"Muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche. La lluvia anegó no sólo mi ropa sino mi espíritu. Entonces apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. Dios lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente.
Sinceramente: La Señora de Nat King Cole."
(Desconozco el autor)
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Todos los días suceden milagros, tener vida es uno de ellos...
Tres personas iban caminando por una vereda de un bosque; un Sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante alumno del Sabio. Fue entonces cuando el poderoso dirigiéndose al Sabio dijo: - Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que inclusive puedes hacer milagros. - Soy una persona vieja y cansada... ¿Como crees que yo podría hacer milagros? Respondió. - Me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos... esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso. - ¿Te referías a eso?… Tu lo has dicho, esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso... no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo solo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego, y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo. - Yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tu haces... muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios. Ante la insistencia de aquél hombre poderoso, el Sabio aceptó mostrarle tres milagros. Y así, con la mirada serena y sin hacer ningún movimiento le preguntó: - ¿Esta mañana volvió a salir el sol? - Sí, claro que si. - Pues ahí tienes un milagro..... El milagro de la luz. - No, yo quiero ver un verdadero milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra.... mira, hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas. - ¿Quieres un verdadero milagro? ¿No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días? - ¡Si! Fue varón y es mi primogénito. - Ahí tienes el segundo milagro.... el milagro de la vida. - Sabio, tu no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro... - ¿Acaso no estamos en época de cosecha?, ¿no hay trigo y sorgo donde hace unos meses solo había tierra? - Si, igual que todos los años. - Pues ahí tienes el tercer milagro... - Creo que no me he explicado. Lo que yo quiero... Sus palabras fueron cortadas por el Sabio, quien convencido de la obstinación de aquel hombre y seguro de no poder hacerle comprender la maravilla que existe en todo aquello que le había mostrado señaló: - Te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podía hacer por ti...Si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer. Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiro muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El Sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda. Cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que hacían el Sabio y su alumno, el Sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomo al conejo, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado: - Maestro te he visto hacer milagros como este casi todos los días, ¿Por que te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por que lo haces ahora que no puede verlo?". - Lo que el buscaba no era un milagro, sino un espectáculo. Le mostré tres milagros y no pudo verlos. Para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno... no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día. El día que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tú se los hayas pedido.
(Desconozco el autor)
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Un cristiano y un peluquero no creyente estaban caminando por los barrios de la ciudad. El peluquero dijo al cristiano: "Es por esto por lo que no puedo creer en el Dios que tú me hablas, en un Dios de Amor. Si Dios fuera así como tú dices, Él no permitiría que estos vagos fueran adictos a la droga y a otros hábitos destructivos. No, no puedo creer en un Dios que permite todo esto." El cristiano estuvo callado hasta que se encontraron con un hombre particularmente descuidado.
El cabello le llegaba hasta el cuello y la barba sin rasurar. El cristiano le dijo: "No serías un buen peluquero si permites que un hombre como éste continúe viviendo aquí sin un corte de pelo y una buena rasurada." Indignado, el peluquero contestó: "¿Porqué me culpas por la condición de este hombre? No puedo evitar que él esté así. Nunca ha ido a mi peluquería, yo podría arreglarlo y hacerlo verse como un caballero si él me lo pidiera." El cristiano miró fijamente al peluquero y le dijo: "Entonces no puedes culpar a Dios por permitir que los hombres sigan viviendo en sus malos caminos. Él constantemente los está invitando a acercarse para ser salvados y recibir sus promesas a través de su palabra, pero al igual que este hombre, no se lo han pedido. Esta decisión es personal y sólo tienes que invitarlo a entrar a tu corazón."
(Desconozco el autor)
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Cuentan que en la carpintería, hubo una vez, una extraña asamblea.
Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias.
El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar ¿la causa? ¡Hacía demasiado ruido! Y, además, se pasaba el tiempo golpeando.
El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera para algo.
Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.
Y la lija estuvo de acuerdo a condición de que fuera expulsado el metro, que siempre se lo pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.
En eso entró el Carpintero, que se puso el delantal e inició su trabajo.
Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo.
Finalmente la tosca madera inicial, se convirtió en un lindo mueble.
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación.
Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo:
“Señores, ha quedado demostrado que todos tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos, y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos”
La asamblea encontró entonces, que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto.
Se sintieron entonces un equipo, capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos...
Ocurre lo mismo con los seres humanos.
Observen y lo comprenderán.
Cuando en una empresa, el personal busca a menudo, defectos en los demás, la situación se vuelve tensa y negativa. En cambio al tratar con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, es cuando florecen los mejores logros humanos.
Es fácil encontrar defectos. Cualquier tonto puede hacerlo, pero encontrar cualidades, eso es para los espíritus superiores, que son capaces de inspirar todos los éxitos humanos.
Es más importante y necesario descubrir cualidades, que perder el tiempo señalando los defectos de los demás.
(Desconozco el autor)
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"Un hombre recibió una noche la visita de un ángel, quien le comunicó que le esperaba un futuro fabuloso: se le daría la oportunidad de hacerse rico, de lograr una posición importante y respetada dentro de la comunidad y de casarse con una mujer hermosa.
Ese hombre se paso la vida esperando que los milagros prometidos llegasen, pero nunca lo hicieron, así que al final murió solo y pobre. Cuando llegó a las puertas del cielo vio al ángel que le había visitado tiempo atrás y protestó
- "Me prometiste riqueza, una buena posición social y una bella esposa. ¡Me he pasado la vida esperando en vano! Yo no te hice esa promesa, replicó el ángel. Te prometí la oportunidad de riqueza, una buena posición social y una esposa hermosa. El hombre estaba realmente intrigado. "No entiendo lo que quieres decir", confesó. - "¿Recuerdas que una vez tuviste la idea de montar un negocio, pero el miedo al fracaso te detuvo y nunca lo pusiste en practica?" El hombre asintió con un gesto. - "Al no decidirte unos años más tarde, se le dio la idea a otro hombre que no permitió que el miedo al fracaso le impidiera ponerlo en practica. - Recordarás que se convirtió en uno de los hombres mas ricos del reino."
También, recordarás,... prosiguió el ángel, aquella ocasión en que un terremoto asoló la ciudad, derrumbó muchos edificios y miles de personas quedaron atrapadas en ellos. En aquella ocasión tuviste oportunidad de ayudar a encontrar y rescatar a los supervivientes, pero no quisiste dejar tu hogar solo por miedo a que los muchos saqueadores que había te robasen tus pertenencias, así que ignoraste la petición de ayuda y te quedaste en casa."
El hombre asintió con vergüenza. "Esa fue la gran oportunidad de salvarle la vida a cientos de personas, con lo que hubieras ganado respeto de todos ellos" continuo el ángel.
- "Por último, ¿recuerdas aquella hermosa mujer pelirroja, que te había atraído tanto?... la creías incomparable a cualquier otra y nunca conociste a nadie igual. Sin embargo, pensaste que tal mujer no se casaría con alguien como tú y para evitar el rechazo, nunca llegaste a proponérselo"
El hombre volvió a asentir, pero ahora las lágrimas rodaban por sus mejillas. - "Sí, amigo mío, ella podría haber sido tu esposa" dijo el ángel. "Y con ella se te hubiera otorgado la bendición de tener hermosos hijos y multiplicar la felicidad en tu vida" A todos se nos ofrecen oportunidades, pero muy a menudo, como el hombre de la historia, las dejamos pasar por nuestros temores e inseguridades
Pero tenemos una ventaja sobre el hombre del cuento... ¡¡¡Aún estamos vivos!!!
(Desconozco el autor)
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Un hombre fue a la casa de su sastre y se probó un traje.
Mientras permanece de pie delante del espejo se dio cuenta de que la parte inferior del chaleco era un poco desigual.
-Bueno, no se preocupe por eso - le dijo el sastre-.
Sujete el extremo mas corto con la mano izquierda y nadie se dará cuenta.
Mientras lo hacia, el cliente se dio cuenta de que la solapa de la chaqueta se curvaba en vez de estar plana
Ah, ¿eso? - Dijo el sastre- eso no es nada.
Doble un poco la cabeza y sujétela con la barbilla.
El cliente lo hizo y entonces vio que la costura interior de los pantalones era un poco corta y noto que la entrepierna le apretaba demasiado.
Ah, no se preocupe por eso-dijo el sastre-. Tire de la costura hacia abajo con la mano derecha y todo caerá perfecto.
El cliente accedió a hacerlo y se compro el traje.
Al día siguiente se puso el traje nuevo, modificándolo con la ayuda de la mano y la barbilla.
Mientras cruzaba el parque sujetándose la solapa con la barbilla, tirando con una mano del chaleco y sujetándose la entrepierna con la otra, dos ancianos que estaban jugando a las damas interrumpieron la partida al verle pasar delante de ellos.
-“Dios mío”- exclamo el primer hombre – “¡fíjate en ese pobre tullido!”
El segundo hombre reflexiono por un instante y después dijo:
-“Si, lástima que este tan lisiado, pero lo que yo quisiera saber es de donde saco un traje tan bonito”.
Que gran peso o tensión te puedes quitar de tu vida cuando aceptas que el camino y la forma como caminan quienes lo hacen contigo será con frecuencia diferente a lo que esperas.
Hoy te invito a reconocer, en que aspecto de tu vida te estás complicando, estás pagando precios que paralizan tu energía o estas causando para ti o tus cercanos sufrimientos innecesarios:
Aceptar que quieras lo que quieras, el otro no va a cambiar. Aceptar un error. Aceptar lo positivo de alguien. Aceptar que no sabes algo. Aceptar que una relación no funciona. Aceptar que necesitas algo. Aceptar que te gusta alguien o algo. Aceptar que algo ha sido bueno. Aceptar que algo no ha sido como tú esperabas. Aceptar…
(Desconozco el autor)
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Un día, los colores entraron en guerra. Ya que, por supuesto, uno pensaba que era mejor que el otro:
El amarillo no paraba de jactarse de su valor, pues el oro es el elemento más valioso de todos.
El rojo, de su fuerza y poder ya que es lo que más está presente en las guerras.
El verde no se cansaba de alabar la naturaleza, donde era rey.
Cada uno hablaba tanto de sí, que pelearon durante mucho tiempo.
Debido a esto, el mundo perdió los colores.
Ya no había gracia en la vida ni había belleza.
Los Dioses, preocupados, se reunieron para ver que se podía hacer sobre el caso.
Decidieron entonces crear un símbolo de paz, y así fue como nació el Arco iris. En él colocaron cada uno de los colores y les mostraron los resultados.
Fue toda una sorpresa. Era algo mágico y soñador.
Al ver que la armonía entre los diversos tonos daba una belleza difícil de comparar, al percatarse que cada uno tenía algo que complementaba al otro y cada uno tenía un valor específico, los colores pararon la guerra y nunca más volvieron a pelear.
(Desconozco el autor)
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Dos amantes que viven muy lejos el uno del otro deciden reunirse, tras mucho tiempo de estar separados y queriendo resolver los problemas acumulados en su relación. Cuando ella deja el aeropuerto de la ciudad donde ha aterrizado y en un taxi se dirige al café donde él espera... ... siente la inquietud de quien sabe que será la última cita o quizá la primera de un amor renovado. Así, al entrar en el local su alma está agitada por el deseo de recuperar toda la plenitud que hubo entre los dos y también por la inquietud de un futuro no claro. Una vez dentro su mirada busca a su amante entre las numerosas personas que hay en la cafetería. Él ocupa una mesa cercana frente a la ventana. Está sentado, esperándola y mirando una hermosa rosa roja que tiene en sus manos. - ¡Qué bonito! ¡Ha tenido el detalle de comprarme una flor! - piensa ella mientras muy contenta se acerca hasta él. Al verlo con la rosa es como si la flor hablase ya por él, sonriendo con sus pétalos rojos de terciopelo, sonriendo al sol del amor que mientras camina amanece en la conciencia de ella. Es un sol alumbrando el recuerdo de los días luminosos donde él creó tanta belleza para ella, aquellas jornadas de mil años en que su amor nació. Y es ese sol interior quien se asoma en su mirada sonriente cuando arriba a la mesa de él, que distraído no se ha dado cuenta de su llegada porque está ensimismado en la contemplación de la rosa. - Hola. Ya estoy aquí, ¿no vas a darme un beso? - le dice queriendo llamar su atención, pero él, totalmente absorto, no contesta. Ella sonríe porque lo conoce y sabe que muchas veces está en las nubes, por eso insiste. - La única belleza que tienen los sueños es la esperanza de que se hagan realidad. Deja las Praderas Celestes por donde vagas. Ya he llegado y podemos darnos el abrazo que tanto deseamos. Ella habla llena de sol pero él no contesta, no parecen inmutarle lo más mínimo sus palabras. Está en silencio, contemplando la hermosa rosa roja que tiene en sus manos. - ¿Qué ocurre?, ¿no me hablas?, ¿ni siquiera me miras? - le pregunta ella tras un largo silencio donde la sorpresa va dando paso al desconcierto. - ¿No quieres hablar?, ¿no tienes nada que decirme?, ¿ni me miras a la cara? - insiste ella. Y su silencio, la aparente indiferencia de su amante ante su llegada, ocultan el sol del amor que lucía en la conciencia de ella para dar paso a la noche, para dejar entrar una oscuridad que se va haciendo más y más espesa hasta empapar por completo su alma. - ¿Crees que merece la pena un viaje tan largo para no dirigirnos la palabra en toda la tarde? Llevo media hora de reloj junto a ti y ni siquiera te has dignado mirarme. ¿Te parece bonito? -insiste preocupada. A medida que el tiempo pasa y el silencio permanece, la noche se hace más noche. Ella siente entonces todo el desconcierto del alma cuando es abandonada por la luz, el miedo del cuerpo ante la soledad y el desamparo que provoca su ausencia y, en ese vacío momentáneo, en ese temor, surge el orgullo de la mente alzándose siempre como un redentor de todos los infortunios posibles. - ¿No te das cuenta de lo ridícula que es esta situación? Hago mil kilómetros para verme contigo y hablar de nuestras cosas y tú ni te dignas mirarme. Ya veo que no te importo nada, que sólo has venido hasta aquí para humillarme con tu desprecio. Y ella, en medio de la noche, con la única luz de su orgullo, se adentra en la oscuridad siguiendo los efímeros reflejos de sus palabras solitarias. - No voy a consentir que me trates así. Si tú no tienes nada que decir yo me voy por donde he venido. Tras decir eso da cuenta que ha llegado al final de la oscuridad y que allí, al fondo del todo siempre está la luz esperando nacer. La luz de la muerte o la luz del renacer. ¡Qué importa! ¡Es siempre la misma luz quien habita al final de la oscuridad! Entonces, un poco antes de irse y dejar morir su amor quiere darle una oportunidad para que pueda vivir. Por eso se detiene y no se va. - ¡Esto es ridículo! ¡De verdad que no te entiendo! -dice volviendo a sentarse en la mesa junto a él, pues ve tan ridículo irse sin más después de un viaje tan largo como quedarse allí para seguir hablando sola; pero si la situación es absurda para ella no lo debe ser menos para él. También ha hecho mil kilómetros para venir a su encuentro, también habrá tenido que dejar muchas cosas pendientes. Pasa un largo rato y nada cambia entre ellos. El joven sigue ensimismado mirando la rosa y ella comienza a preocuparse por él. Ahora ya no le importa tanto que no la responda sino que no hable y, dejando de preocuparse por ella comienza a preocuparse con él. ¿Quizá le pase algo para estar así? La luz del amor vuelve a iluminar su corazón y ahora siente la fuerza suficiente para aventurarse en nuevos territorios, salir fuera de su agobio y tratar de comprender a la persona que hay al otro lado de la rosa. - ¿ Qué te ocurre?, ¿te encuentras mal? A ti ha tenido que sucederte algo. Seguro que llegaste al aeropuerto muy contento porque nos veríamos pronto. Compraste la rosa pensado en mí, sintiendo nuestro amor, ¿y luego?... ¿qué pensamiento te ha silenciado de esa manera?, ¿qué temor?, ¿qué rencor?, ¿qué oscuridad? Ella habla con tiernas palabras, se interesa por él, su alma luminosa quiere llegar hasta el alma de su amante y saber qué le sucede. Él sigue callado contemplando la rosa sin siquiera mirar su cara. A ella ya no le importa su actitud y sigue hablando sin esperar respuesta. Habla y, en medio de la luz llega al final de las palabras, al final de la mente donde comienza la verdadera paz. Entonces, cuando se le acaban las palabras se queda mirando la rosa, la hermosa flor que él tiene en sus manos y que contempla totalmente absorto. Entonces, en ese momento, ella también descubre el poder de la rosa, también se siente atrapada en esa mirada. Pasa un tiempo. Ella ahora está en paz, en silencio, contemplando la rosa junto a él. Al principio se ha sorprendido viéndose ella misma mirando la rosa con expectación, como si en ese momento la hubiese descubierto. Realmente la rosa tiene algo de misterioso y hace diferente su situación. Ellos podrían ser una de las muchas parejas que, sentados el uno frente al otro, están ambos separados por un muro de silencio; pero entre ellos está la rosa llenando todos los vacíos y todas las distancias. La rosa roja, viva, palpitante, como una poderosa hoguera donde brilla el sol del amor es la fuerza que los redime, que los reintegra a su verdadera identidad. Ellos no son dos seres que están cada uno al otro lado de la rosa, son dos amantes que mirando la rosa se encuentran, sienten la mutua cercanía, que están en el mismo sitio, que cualquier diferencia entre ellos es ilusoria. Ella, ahora se da cuenta que mirando la rosa ha descubierto un silencio bien diferente del que antes turbó su alma. No es el silencio de él lo que escucha, ahora es el silencio de la rosa extendiéndose a su alrededor, llenándolo todo con su aura de paz y gozo. Y en el silencio de la rosa tienen sentido todos los silencios posibles. No es la ausencia de las palabras lo que en él puede escucharse sino la plenitud que no puede expresarse con discurso alguno. Ahora, escuchando el silencio de la rosa entiende todo lo que él no ha dicho. Lo comprende porque se da cuenta que no hacen falta palabras para que las almas puedan comunicarse, que todas las palabras estorban porque no son más que el ruido de la mente, el lamento de la noche o el orgullo del día y, que antes de la existencia de las palabras, del mismo día y de la misma noche, hubo un silencio inmenso y gozoso lleno de la plenitud de todas las cosas posibles que tendrían que nacer. El silencio de la rosa es el silencio primordial, no nace del vacío de la ausencia sino de la plenitud de quien lo contiene todo. No es un silencio estático, no es un silencio frío, no es el silencio de la muerte sino el de la vida antes de manifestarse, es el silencio de la luz que da origen a todas las formas, el mismo silencio que entra dentro de ella con cada respiración, extendiéndose por su cuerpo, por su mente, cubriendo su alma como el mejor de los amantes y, en ese gozo, en esa plenitud nace en su interior una sonrisa. No es la sonrisa de su alegría, no es una sonrisa suya, es la sonrisa de la rosa, es la rosa quien se está riendo dentro de ella. Ella siente esa alegría como si fuese la suya propia pero es la rosa riéndose dentro de ella quien provoca su sonrisa. En ese mismo momento entiende lo que sucede como si un relámpago hubiese iluminado la noche de su mente. Se da cuenta que en medio del gentío de la cafetería no hay nadie, que no existen las personas que hablan a su alrededor, que no existe su amante, que tampoco existe ella, que lo único real es ese silencio, esa sonrisa interna que brota en su corazón. Comprende que todo eso sucede no porque ella esté mirando la rosa, no porque se encuentre con la mirada de su amante dentro de la rosa sino porque la rosa los está mirando, los mira y sonríe. Su sonrisa es la fuente de toda la plenitud que siente. Al darse cuenta que la rosa los está mirando ella se ríe con la sonrisa del Universo que suena en su interior, con la alegría de la rosa por haberse reconocido en ese viaje incesante al verdadero hogar. Ella lo comprende todo entonces y la sonrisa interna que llena su ser estalla en una carcajada que florece en sus labios rojos, rojos como la rosa roja que él, tras levantar su mirada y encontrarse con la alegría de ella, le ofrece con todo su amor.
(Desconozco el autor)
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En un amplio patio de la casa más elevada del poblado, descansaba un hombre anciano cuyo rostro se decía que inspiraba una extraña mezcla entre misericordia y firmeza. Era conocido por el nombre de RAM, y de todos era sabido que sus palabras parecían brotar del manantial de la eterna sabiduría.
Un día de sol en el que el anciano se hallaba meditando bajo la sombra de una vieja higuera, se presentó ante el umbral un joven que dijo: "Amigo sabio ¿Puedo pasar?" "La puerta está abierta", respondió RAM. El joven cruzando el umbral y acercándose hasta el anciano dijo: "Me llamo MAGÉN y soy artista. Mi trabajo es sincero y pleno de sentimiento, sin embargo tengo un gran problema: Me atormentan las críticas que se hacen de mi vida, mi obra y mi persona. Vivo obsesionado por las descalificaciones de los comentaristas, y por más que trato de que no me afecten, me acaban esclavizando... Sé que eres sabio y que tu fama de sanador alcanza los horizontes más alejados. Dicen también que tus remedios son extraños, y sin embargo no me falta confianza para acudir a Ti, a fin de conseguir la paz que tanto necesito en la defensa de mi imagen".
RAM, mirando al joven con cierta displicencia le dijo: "Si quieres realmente curarte, vas a dirigirte al cementerio de la ciudad y vas a proceder a injuriar, insultar y calumniar a los muertos allí enterrados. Cuando lo hayas realizado, vuelve y relátame lo que allí te haya sucedido".
Ante esta respuesta, MAGÉN se sintió claramente esperanzado en la medicina del anciano. Y aunque se hallaba un tanto desconcertado por no entender el porqué de tal remedio, se despidió y salió de aquella casa. A día siguiente, se presentó de nuevo ante RAM. "Y bien ¿Fuiste al cementerio?", le pregunto éste. "Sí". Contestó MAGÉN en un tono algo decepcionado. Y Bien "¿Qué te contestaron los muertos?" "Pues en realidad no me contestaron nada, estuve tres horas profiriendo toda clase de críticas e insultos, y en realidad, ni se inmutaron".
El anciano sin variar el tono de su voz le dijo a continuación: "Escúchame atentamente. Vas a volver nuevamente al cementerio, pero en esta ocasión vas a dirigirte a los muertos profiriendo todos los elogios, adulaciones y halagos que seas capaz de sentir e imaginar". La firmeza del sabio eliminó las dudas de la mente del joven por lo que despidiéndose, se retiró de inmediato. Al día siguiente MAGÉN volvió a presentarse en la casa... "¿Y bien?" "Nada", contestó MAGÉN en un tono muy abatido y desesperanzado. "Durante tres horas ininterrumpidas, he articulado las críticas más hermosos acerca de sus vidas, y destacado cualidades generosas y benéficas que difícilmente pudieron oír en sus días sobre al tierra”
“y... ¿qué ha pasado?” preguntó RAM - Nada, no pasó nada. No se inmutaron, ni respondieron. Todo continuó igual a pesar de mi entrega y esfuerzo". -“Así que... ¿Eso es todo?", preguntó el joven con cierto escepticismo. "Sí", contestó RAM, "Eso es todo... porque así debes ser tú MAGÉN: INDIFERENTE COMO UN MUERTO A LOS HALAGOS E INSULTOS DEL MUNDO, porque el que hoy te halaga mañana te puede insultar, y quien hoy te insulta mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en Ti mismo, más allá de los claros y los oscuros del mundo”.
(Desconozco el autor)
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Ésta es una historia narrada por James Aggrey. Con gran calma, propia de un sabio, y con cierta solemnidad, contó la siguiente historia:
"Había una vez un campesino que fue al bosque vecino a atrapar un pájaro para tenerlo cautivo en su casa. Consiguió cazar un pichón de águila. Lo colocó en el gallinero, junto con las gallinas. Comía mijo y la ración propia de las gallinas. Aunque el águila fuera el rey o la reina de todos los pájaros. Después de cinco años, este hombre recibió en su casa la visita de un naturista. Mientras paseaban por el jardín, dijo el naturista: -Este pájaro que está allí no es una gallina. Es un águila. -De hecho -dijo el campesino- es águila, pero yo lo crié como gallina. Ya no es un águila. Se transformó en gallina como las otras, a pesar de las alas de casi tres metros de extensión. -No –retrucó el naturista. Ella es y será siempre un águila pues tiene un corazón de águila. Este corazón la hará un día volar a las alturas. -No, no –insistió el campesino. Ella se convirtió en gallina y jamás volará como águila. Entonces, decidieron hacer una prueba. El naturista tomó el águila, la levantó bien en alto y, desafiándola, le dijo: -Ya que usted es de hecho un águila, ya que usted pertenece al cielo y no a la tierra, entonces, ¡abra sus alas y vuele! El águila se posó sobre el brazo extendido del naturista. Miraba distraídamente alrededor. Vio a las gallinas allá abajo, picoteando granos. Y saltó junto a ellas. El campesino comentó: -Yo le dije, ¡ella se convirtió en una simple gallina! -No –insistió el naturista. Ella es un águila. y un águila será siempre un águila. Vamos a experimentar nuevamente mañana. Al día siguiente, el naturista subió con el águila al techo de la casa. Le susurró: -Águila, ya que usted es un águila, ¡abra sus alas y vuele! Pero, cuando el águila vio allá abajo a las gallinas, picoteando el suelo, saltó y fue junto a ellas.
El campesino sonrió y volvió a la carga: -Yo le había dicho, ¡ella se convirtió en gallina! -No –respondió firmemente el naturista. Ella es águila, poseerá siempre un corazón de águila. Vamos a experimentar todavía una última vez. Mañana la haré volar. Al día siguiente, el naturista y el campesino se levantaron bien temprano. Tomaron el águila y la llevaron afuera de la ciudad lejos de las casas de los hombres, en lo alto de una montaña. El sol naciente doraba los picos de las montañas. El naturista levantó el águila al cielo y le ordenó: -Águila, ya que usted es un águila, ya que usted pertenece al cielo y no a la tierra, ¡abra sus alas y vuele! El águila miró alrededor. Temblaba como si experimentase una nueva vida. Pero no voló. Entonces, el naturista la tomó firmemente, bien en dirección del sol, para que sus ojos pudiesen llenarse de la claridad solar y de la vastedad del horizonte. En ese momento, ella abrió sus potentes alas, graznó con el típico kau, kau de las águilas y se levantó, soberana, sobre sí misma. Y comenzó a volar, a volar hacia lo alto, a volar cada vez más alto. Voló... voló... Hasta confundirse con el azul del firmamento..."
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Había una vez, hace muchos años, un matrimonio con un hijo de doce años y un burro.
Decidieron viajar, trabajar y conocer mundo. Así, se fueron los tres con su burro.
Al pasar por el primer pueblo, la gente comentaba:
- "¡Mira ese chico mal educado! ¡Él arriba del burro y los pobres padres, ya grandes, llevándolo de las riendas!".
Entonces, la mujer le dijo a su esposo:
- "No permitamos que la gente hable mal del niño."
El esposo lo bajó y se subió él.
Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba:
- "¡Mira qué sinvergüenza ese tipo! ¡Deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima!". Entonces, tomaron la decisión de subirla a ella al burro mientras padre e hijo tiraban de las riendas.
Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba:
- "¡Pobre hombre! ¡Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro!
¿Y el pobre hijo? ¡Qué le espera con esa madre!".
Se pusieron de acuerdo y decidieron subir al burro los tres para comenzar nuevamente su peregrinaje.
Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que los pobladores decían:
"¡Son unas bestias, más bestias que el burro que los lleva, van a partirle la columna!"
Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro.
Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que las voces decían sonrientes: "¡Mira a esos tres idiotas: caminan, cuando tienen un burro que podría llevarlos!"
Conclusión:
Siempre te criticarán, hablarán mal de ti y será difícil que encuentres alguien a quien conformen todas tus actitudes. Entonces: ¡vive como te parezca!, Haz lo que te dicte el corazón. Una vida es una obra de teatro que no permite ensayos.. Por eso: Canta, ríe, baila, ama, y vive intensamente cada momento de tu vida... ...antes que el telón baje... ....y la obra termine sin aplausos.
(Desconozco el autor)
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Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: - Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre.Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo: - No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje - El anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey- Pero no lo leas -le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino... De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía: "ESTO TAMBIÉN PASARÁ". Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje. - ¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida. - Escucha -dijo el anciano- este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, porque el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo: - Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
(Desconozco el autor)
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Un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y se los entregó al maestro de cetrería para que los adiestrara.
Pasados unos meses, el maestro le informó al rey de que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al otro no sabía lo que le sucedía: no se había movido de la rama donde lo dejó, desde el día en que llegó.
El rey mandó llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero nadie pudo hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero sin resultado. Al día siguiente, el monarca pudo observar desde la ventana que el ave aún seguía inmóvil.
Entonces decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a la persona que hiciera volar al halcón. A la mañana siguiente, vió al halcón volando ágilmente por los jardines. El rey ordenó:
-Traedme al autor de este milagro.
Su corte rápidamente le presentó a un campesino. El rey le preguntó:
- ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago?
Intimidado, el campesino le dijo al rey:
-Fue fácil, mi rey. Solo corté la rama y el halcón voló. Se dio cuenta de que tenía alas y se echó a volar.
(Desconozco el autor)
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...Recuerdo perfectamente que una noche, en la parrilla del hotel Ritz, un panameño, Ricardo Pino, hombre extraordinario, empezó una sesión escribiendo en una pizarra unos números; eran simplemente unas sumas. Escribió seis sumas y en dos de ellas había equivocaciones, las otras cuatro estaban bien. Al terminar las seis sumas pidió al auditorio que, por favor, le hicieran comentarios de lo hecho. Todo el mundo se le echó encima diciendo: atención a la suma Nº.3, le falta el signo de suma, y 4 mas 6 no son 8, sino 10; y llevamos 1; y en la Nº.5 pasa que 2+2 no son cinco. El fue preguntando, ¿no hay nadie que tenga nada mas que decirme respecto al trabajo que he hecho?; nadie contesto y el, volviéndose al auditorio, dijo: pensemos que desafortunadamente la relación nuestra ante una pizarra con seis sumas, cuatro de las cuales estaban bien y dos mal, es la que hemos tenido: nos dedicamos a criticar y a chillar contra las dos sumas que no estaban bien, pero no felicitamos al autor por las cuatro que ha hecho bien. Igual acostumbramos a hacer en la vida. Este es realmente el trato que damos a nuestras relaciones humanas, con esposa, hijos, amigos y compañeros. Sepamos decir una palabra de elogio, una palabra de agradecimiento por las cosas que están bien y que nos gustan, veremos que con ello estimularemos a los demás a hacer las cosas mejor y al mismo tiempo nos sentiremos mas satisfechos de nosotros mismos al ser sensible a todo lo bueno y lo bello que nos rodea. Al juzgar, tengamos en cuenta que debemos aportar luz y no calor, y que "LAS FALTAS SON GRANDES CUANDO EL AMOR ES PEQUEÑO". Para ser sensibles ante el prójimo hay que dedicarle tiempo. Toma tu tiempo para:
Pensar, pues es la fuente del poder. Jugar, pues es el secreto de la perpetua juventud. Leer, pues es la raíz del saber. Viajar, pues es de las experiencias más excitantes. Rogar, pues es el poder más grande sobre la tierra. Querer y ser querido, pues es un privilegio divino. La amistad, pues es el camino para la felicidad. Reír, pues es la música del alma. Dar, pues es demasiado corto el día para ser egoísta. Trabajar, pues es el precio del éxito. La caridad, pues es la clave del cielo... y el cielo empieza aquí en la tierra o no empieza nunca. Tu vida puede ser lo que tú quieras. No te pongas límites
(Desconozco el autor)
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En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…
En un reino mágico donde las cosas no son tangibles, se vuelven concretas.
Había una vez un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente….
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida, -sin saber porqué- se bañó rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua…
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró…
Y sucedió que esta ropa no era la suya, sino la de la tristeza…
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es que darse al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza
(Jorge Bucay, "cuentos para pensar)

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El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión.
Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.
Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida.
Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo.
El Buda se dio cuenta de lo sucedido y permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.
Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente.
Muy sorprendido, Devadatta preguntó:
-¿No estás enfadado, señor? -No, claro que no.
Sin salir de su asombro, inquirió: -¿Por qué? Y el Buda dijo: -Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando fue arrojada
El Maestro dice:
Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable.
(Desconozco el autor)
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...Buscó al anciano en todas partes y finalmente lo descubrió cerca del río.
Éste estaba tumbado y como en éxtasis mirando al cielo. "¿Qué haces?" - le preguntó preocupado el muchacho. "Observo la naturaleza" - repicó el viejo. "Siento el sol, escucho el agua y veo las nubes". "¿Y por qué haces esto?" - quiso saber el muchacho. "Porque es la mejor manera de eliminar el polvo interior" - fue la respuesta. "Me temo que no lo entiendo" - dijo el muchacho. El hombre se levantó, respiró profundamente y declaró: "Cada ser humano lleva dentro de sí una gran sabiduría, pero nadie encuentra este viejo tesoro ya que está cubierto por montañas de sufrimiento. Pero cuando uno aprende a eliminar los escombros de la aflicción y del dolor, las nieblas se levantan y se puede ver cómo brilla el tesoro de la luz del sol eterno. Las heladas lágrimas de la vida desaparecen y la sabiduría y la bienaventuranza despertarán".
Después de callar por unos instantes instó al muchacho: "¡Mira al cielo! ¿Puedes ver el sol?" "No," - repuso el muchacho - "no veo más que nubes". "¿Y dónde está el sol?" - insistió el viejo. "Está detrás del las nubes" - fue la respuesta. Entonces el viejo explicó: "Incluso cuando las nubes ocultan el sol, no son capaces de retener su luz y calor. Considera ahora a las nubes como los escombros y al sol como la sabiduría".
Chao-Hsui-Chen, en El maestro
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Un paisano encontró en Catamarca un huevo muy grande.
Nunca había visto nada igual. Y decidió llevarlo a su casa.
-¿Será de un avestruz? -preguntó a su mujer.
-No. Es demasiado abultado -dijo el abuelo.
-¿Y si lo rompemos? -propuso el ahijado.
-Es una lástima. Perderíamos una hermosa curiosidad -respondió cuidadosa la abuela.-
Ante la duda, lo voy a colocar debajo de la pava que está empollando huevos. Tal vez con el tiempo nazca algo- afirmó el paisano, y así lo hizo.
Cuenta la historia que a los quince días nació un pavito oscuro, grande, nervioso, que con mucha avidez comió todo el alimento que encontró a su alrededor.
Luego miró a la madre con vivacidad y le dijo entusiasta:-Bueno, ahora vamos a volar.
La pava se sorprendió muchísimo de la proposición de su flamante cría y le explicó:-Mira, los pavos no vuelan. Te sienta mal comer deprisa. Entonces trataron de que el pequeño comiera más despacio, el mejor alimento y en la medida justa.
El pavito terminaba su almuerzo o cena, su desayuno o merienda y les decía a sus hermanos:-Vamos, muchachos ¡a volar!
Todos los pavos le explicaban entonces otra vez:
-Los pavos no vuelan. A ti te sienta mal la comida.
El pavito empezó a hablar más de comer y menos de volar. Y creció y murió en la pavada general: ¡pero era un cóndor! Había nacido para volar hasta los 7,000 metros. ¡Pero nadie volaba...! El riesgo de morir en la pavada general es muy grande. ¡Como nadie vuela!
Muchas puertas están abiertas porque nadie las cierra y otras están cerradas porque nadie las abre. El miedo a la caída es terrible. La verdadera protección está en las alturas. Especialmente cuando hay hambre de elevación y buenas alas.
(Desconozco el autor)
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Cuenta una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto. Pasadas varias jornadas de camino mantuvieron una fuerte discusión y en el transcurso de la riña uno de ellos ofendió seriamente al otro. El ofendido, sin decir nada, se agachó y escribió en la arena:
“Hoy, mi mejor amigo me ha dado una cruel bofetada en el rostro”
Prosiguieron el camino sin hablar porque cada uno iba sumido en sus propios pensamientos.
Al día siguiente, llegaron a un oasis. Allí había abundante vegetación y frutas frescas, además de una fuente y un lago. Entonces, para descansar de las duras jornadas de calor que habían sufrido en el viaje, decidieron bañarse.
Mientras estaban nadando, el amigo ofendido se enganchó con unas ramas y se quedó atrapado en el fondo sin poder salir ni respirar. Con mucho esfuerzo, su compañero logró sacarle del agua antes de que se ahogara.
Una vez recuperado y ya tranquilo cogió sus herramientas más punzantes y esculpió en una piedra con letras profundas:
“Hoy, mi mejor amigo, me ha salvado la vida.”
¿Por qué escribiste ayer en la arena y hoy esculpes en una piedra? Le preguntó su amigo muy intrigado.
El otro contestó:
“Si nos ofenden y nos hacen mucho daño, hay que escribirlo en la arena para que el viento del perdón y del olvido acaben borrando y difuminando su recuerdo. Pero si nos sucede algo muy hermoso, hay que esculpirla en la piedra de la memoria y del corazón para que ningún viento pueda borrarlo jamás.”
“-Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano cuando me ofenda?, ¿siete veces?
Jesús le dijo:
“No te digo siete veces sino setenta veces siete.” (Mt 18, 21-22)
(Desconozco el autor)
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Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un pueblito del interior. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa:
"Querida yo voy a salir de la casa, voy a viajar bien lejos, buscar un empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida mas cómoda y digna. No se cuanto tiempo voy a estar lejos, solo te pido una cosa, que me esperes y mientras yo este lejos, seas fiel a mi, pues yo te seré fiel a ti."
Así, siendo joven aun. Camino muchos días a pie, hasta encontrar un hacendado que estaba necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda.
El joven llego y se ofreció para trabajar y fue aceptado. Pidió hacer un trato con su jefe, el cual fue aceptado también. El pacto fue el siguiente:
"Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando yo encuentre que debo irme , el señor me libera de mis obligaciones: Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya. El día que yo salga. uds. me dará el dinero que yo haya ganado."
Estando ambos de acuerdo. Aquel joven trabajo durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso. Después de veinte años se acerco a su patrón y le dijo:
"Patrón, yo quiero mi dinero, pues quiero regresar a mi casa."
El patrón le respondió: "Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, solo que antes quiero hacerte una propuesta, ¿de acuerdo? Yo te doy tu dinero y tú te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta." El pensó durante dos días, busco al patrón y le dijo: "QUIERO LOS TRES CONSEJOS" El patrón le recordó: "Si te doy los consejos, no te doy el dinero." Y el empleado respondió: "Quiero los consejos"
EL patrón entonces le aconsejo: 1. "NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. Caminos mas cortos y desconocidos te pueden costar la vida. 2. NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL, pues la curiosidad por el mal puede ser fatal. 3. NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, pues puedes arrepentirte demasiado tarde. Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven, así: "AQUÍ TIENES TRES PANES, dos para comer durante en viaje y el tercero es para comer con tu esposa cuando llegues a tu casa."
El hombre entonces, siguió su camino de vuelta, de veinte años lejos de su casa y de su esposa que el tanto amaba. Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludo y le pregunto: "Para donde vas?" El le respondió: "Voy para un camino muy distante que queda a mas de veinte días de caminata por esta carretera." La persona le dijo entonces: "Joven, este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegaras en pocos días".
El joven contento, comenzó a caminar por el atajo, cuando se acordó del primer consejo, "NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. CAMINOS MAS CORTOS Y DESCONOCIDOS TE PUEDEN COSTAR LA VIDA" Entonces se alejó de aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal. Dos días después se enteró de otro viajero que había tomado el atajo, y lo asaltaron, lo golpearon, y le robaron toda su ropa. ¡Ese atajo llevaba a una emboscada! Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera. Era muy tarde en la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer malencarada le abrió la puerta y lo atendió.
Como estaba tan cansado, tan solo le pagó la tarifa del día sin preguntar nada, y después de tomar un baño se acostó a dormir. De madrugada se levantó asustado al escuchar un grito aterrador. Se puso de pié de un salto y se dirigió hasta la puerta para ir hacia donde escuchó el grito.
Cuando estaba abriendo la puerta, se acordó del segundo consejo. " NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL PUES LA CURIOSIDAD POR EL MAL PUEDE SER FATAL" Regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le pregunto si no había escuchado un grito y el le contesto que si lo había escuchado. El dueño de la posada de pregunto: Y no sintió curiosidad? El le contesto que no. A lo que el dueño les respondió: Vd. ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer maleante con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de qué está pasando, lo mata, lo entierra en el quintal, y luego se esfuma. El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa. Después de muchos días y noches de caminata... Ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa, camino y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo, pero alcanzo a ver que ella no estaba sola. Anduvo un poco más y vio que ella tenia en sus piernas, un hombre al que estaba acariciando los cabellos. Cuando vio aquella escena, su corazón se lleno de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad.
Respiro profundo, apresuro sus pasos, cuando recordó el tercer consejo. "NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, PUES PUESDES ARREPENTIRTE DEMASIADO TARDE" Entonces se paro y reflexiono, decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión. Al amanecer ya con la cabeza fría, el dijo: "NO VOY A MATAR A MI ESPOSA". Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta. Solo que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel a ella."
Se dirigió a la puerta de la casa y toco. Cuando la esposa le abre la puerta y lo reconoce, se cuelga de su cuello y lo abraza afectuosamente. El trata de quitársela de arriba, pero no lo consigue. Entonces con lagrimas en los ojos le dice: "Yo te fui fiel y tu me traicionaste... Ella espantada le responde: "¿Como? yo nunca te traicione, te espere durante veinte años. El entonces le pregunto: "¿Y quien era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde? Y ella le contesto: "AQUEL HOMBRE ES NUESTRO HIJO. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. Hoy el tiene veinte años de edad. Entonces el marido entro, conoció, abrazo a su hijo y les contó toda su historia, en cuanto su esposa preparaba la cena. Se sentaron a comer el último pan juntos.
Después de la oración de agradecimiento con lagrimas de emoción, el partió el pan y al abrirlo, se encontró todo su dinero, el pago de sus veinte años de dedicación.
(Desconozco el autor)
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Era un día frió, lluvioso y gris.
Mientras conducía su auto por la ruta, Heraldo divisó a una anciana cuyo vehículo averiado estaba detenido en la banquina. Estacionó su viejo coche delante del BMW de la anciana.
La señora miró preocupada al hombre que se le acercaba, hacia más de una hora que estaba allí sin conseguir ayuda, pero, quien se aproximaba no tenía muy buen aspecto, podría tratarse de un delincuente. Más no había nada por hacer, estaba a su merced.
Se veía pobre y hambriento. Heraldo se dio cuenta e intentó tranquilizarla:
"Vengo para ayudarla señora"- le dijo. "
Entre al auto así no se moja mientras yo veo qué puedo hacer.
Solo se trataba de una pinchadura, pero para la anciana se trataba de una situación difícil. Heraldo se metió bajo el auto buscando un lugar donde poner el críquet y en la maniobra se lastimó varias veces los nudillos. Estaba apretando las últimas tuercas, cuando la señora bajó la ventana y comenzó a hablar con él. Le contó de donde venia, que tan solo estaba de paso por ahí, y que no sabia como agradecerle. Heraldo sonreía mientras cerraba el baúl del coche guardando las herramientas.
Le preguntó cuánto le debía, pero él no quería dinero. Más bien pensaba que ayudar a alguien en necesidad era la mejor forma de pagar por las veces que a él, a su vez, lo habían ayudado.
Así que le dijo a la anciana que si quería pagarle, la mejor forma era que la próxima vez que viera a alguien en necesidad, y estuviera a su alcance el poder de asistirla, lo hiciera de manera desinteresada, y que entonces... "tan solo piense en mi..." Agregó despidiéndose.
Heraldo esperó hasta que el auto se fuera. Había sido un día frió, gris y depresivo, pero se sintió bien, ayudar siempre le daba satisfacción.
Entró al coche y se fue...
Unos kilómetros más adelante la señora divisó un pequeño bar. Pensó que seria muy bueno quitarse el frió con una taza de café caliente antes de continuar así que se detuvo.
El lugar era diminuto, muy pobre y precario...
Una cortés camarera se le acercó y le extendió una toalla de papel para que secara su cabello, empapado por la lluvia. Tenia un rostro agradable con una hermosa sonrisa. Aquel tipo de sonrisa que no se borra aunque estuviera muchas horas de pie. La anciana notó que la camarera estaba embarazada. Y sin embargo esto no le hacia cambiar su simpática actitud. Pensó en cómo, gente que tenia tan poco, era tan generosa con los extraños. Entonces se acordó de Heraldo...
Al terminar su café, pagó con cien pesos. Cuando la muchacha regresó con el cambio constató que la señora se había ido. Intentó alcanzarla, pero al pasar vio en la mesa una servilleta de papel escrita junto a cuatro billetes de cien.
Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando leyó la nota:
"Cuando tuve necesidad, alguien me ayudó como hoy te estoy ayudando.
Si quieres pagarme, no dejes de asistir y ser bendición a otros como hoy lo hago contigo. Sigue dando de tu amor y no permitas que nada rompa las bendiciones que sabes dar con tu actitud."
Esa noche, ya en su casa, mientras la camarera entraba sigilosamente en la cama, para no despertar a su agotado esposo que debía levantarse muy temprano, pensó en lo que la anciana había hecho por ella. ¿Cómo sabría ella las necesidades que tenían con su esposo, los problemas económicos que estaban pasando, máxime ahora con la llegada del bebe?
Acercándose suavemente hacia él, para no despertarlo, mientras lo besaba tiernamente, le susurró al oído..."Todo va a estar bien, te amo... Heraldo."
Vaya éste mundo es tan pequeño, pero tan grande a la vez... Y siempre he pensado que nuestra vida es como un bumerán, lo que envías recibes, lo que siembras, cosechas...
Qué se iba a imaginar Heraldo que la anciana de una u otra forma le iba a pagar su favor, y justamente con su esposa. Son los resultados hermosos del amor verdadero, cuando das con amor sincero recibes el doble...
(Desconozco el autor)
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Había una vez una rosa roja muy bella, se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos. ....
Se dio cuenta de que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro, y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca.
Indignada ante lo descubierto le ordenó al sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo: "Está bien, si así lo quieres..."
Poco tiempo después el sapo pasó por donde estaba la rosa: y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. -Le dijo entonces: "Vaya que te ves mal. ¿Qué te pasó?" La rosa contestó: "Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual".
El sapo solo contestó: "Pues claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso siempre eras la más bella del jardín".
Moraleja: Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos mas que ellos, más bellos o simplemente que no nos "sirven" para nada. Todos tenemos algo que aprender de los demás o algo que enseñar, y nadie debe despreciar a nadie. No vaya a ser que esa persona nos haga un bien del cual ni siquiera estemos conscientes. No hagamos acepción de personas, por su aspecto. Dios creo con el mismo amor a la rosa que al sapo.
(Desconozco el autor)
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Hace mucho tiempo andaba la Verdad por las calles, en los pueblos, tratando de hablar con la gente, pero la gente no la quería, la despreciaban solamente por las ropas que llevaba. La Verdad andaba con harapos, sin lujos, sin pretensiones, tan simple, pura y sencilla como la Verdad.
La Verdad siempre trataba de acercarse a la gente, de entrar en sus hogares, pero siempre fue despreciada y humillada, pues nadie la quería por sus vestiduras harapientas.
Un día la Verdad andaba caminando y llorando, muy triste por todo esto, hasta que de repente se encuentra a alguien muy alegre, divertido, vestido con colores muy llamativos y elegantes ¡¡¡y toda la gente la saludaba!!!.....¡¡¡Era la Parábola!!!
...Y la Parábola ve a la Verdad y le dice: "Verdad, ¿por qué lloras?"
La Verdad le responde: "¡La gente me desprecia y me humilla! ¡Nadie me quiere ni me aceptan en sus casas!"
La Parábola le dice: "Claro, Verdad... Te entiendo; lo que pasa es que tienes que vestirte como yo, con colores y bien elegante....y verás el cambio"
Parábola le prestó uno de sus vestidos a Verdad y desde ese día, como un milagro, de repente, la Verdad fue aceptada por la gente y era querida por todos...
Moraleja:
Nadie acepta la Verdad desnuda. Todos la prefieren disfrazada con ropas de Parábola
(Desconozco el autor)
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Se acercaba mi cumpleaños y quería ese año pedir un deseo especial al apagar las velas de mi pastel. Caminando por el parque me senté al lado de un mendigo que estaba sentado en uno de los bancos, el más retirado, viendo dos palomas revolotear cerca del estanque y me pareció curioso ver a un hombre de aspecto abandonado, mirar las avecillas con una sonrisa en la cara que parecía eterna.
Me acerqué a él con la intención de preguntarle por qué estaba tan feliz. Quise conversar con él para sentirme más orgulloso de mis bienes, por que yo era un hombre al que no le faltaba nada, tenía mi trabajo que me producía mucho dinero, claro ¿como no iba a producírmelo trabajando tanto?, tenía mis hijos a los cuales gracias a mi esfuerzo tampoco les faltaba nada y tenían los juguetes que quisiesen tener. En fin gracias a mis interminables horas de trabajo no les faltaba nada a mi familia. Me acerqué entonces al hombre y le pregunte, ¿Caballero que pediría usted como deseo en su cumpleaños?
Pensé que el hombre me contestaría que dinero y así de paso yo darle unos billetes que tenía y hacer la obra de caridad del año.
No sabe usted mi asombro cuando el hombre me contesta lo siguiente con la misma sonrisa en su rostro que no se le había borrado y nunca se le borró: -Amigo, si pidiese algo más de lo que tengo sería muy egoísta, yo ya he tenido de todo lo que necesita un hombre en la vida y más. Vivía con mis padres y mi hermano antes de perderlos una tarde de junio, hace mucho, conocí el amor de mi padre y mi madre que se desvivían por darme todo el amor que le será posible dentro de nuestras limitaciones económicas. Al perderlos, sufrí muchísimo pero entendí que hay otros que nunca conocieron ese amor, yo sí y me sentí mejor.
Cuando joven conocí una niña de la cual me enamoré perdidamente, un día la besé y estalló en mí el amor hacia aquella joven tan bella que cuando luego se marchó, mi corazón sufría tanto... Recuerdo ese momento y pienso que hay personas que nunca han conocido el amor y me siento mejor.
Un día en este parque un niño correteando cayó al piso y comenzó a llorar, yo fui, lo ayude a levantarse, le sequé las lágrimas con mis manos y jugué con él por unos instantes más y aunque no era mi hijo me sentí padre, y me sentí feliz porque pensé que muchos no han conocido ese sentimiento.
Cuando siento frío y hambre en el invierno, recuerdo la comida de mi madre y el calor de nuestra pequeña casita y me siento mejor porque hay otros que nunca lo han sentido y tal vez no lo sentirán nunca. Cuando consigo dos piezas de pan comparto una con otro mendigo del camino y siento el placer que da compartir con quien lo necesita, y recuerdo que hay unos que jamás sentirán esto.
Mi querido amigo, que más puedo pedir a Dios o a la vida cuando lo he tenido todo, y lo más importante es que estoy consciente de ello. Puedo ver la vida en su más simple expresión, como esas dos palomitas jugando, ¿qué necesitan ellas? lo mismo que yo, nada... Estamos agradecidos al Cielo de esto, y sé que usted pronto lo estará también.
Miré hacia el suelo un segundo como perdido en la grandeza de las palabras de aquel sabio que me había abierto los ojos en su sencillez, cuando miré a mi lado ya no estaba, sólo las palomitas y un arrepentimiento enorme de la forma en que había vivido sin haber conocido la vida. Jamás pensé que aquel mendigo, era tal vez un ángel enviado por el Señor, me daría el regalo más precioso que se le puede dar a un ser humano...La Humildad.
(Desconozco el autor)
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La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes... No, decididamente no es éste, more geométrico, el mejor modo de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico
Yo vivo solo, en un cuarto piso de la calle Belgrano. Hará unos meses, al atardecer, oí un golpe en la puerta. Abrí y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados. Acaso mi miopía los vio así. Todo su aspecto era de pobreza decente. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano. En seguida sentí que era extranjero. Al principio lo creí viejo; luego advertí que me había engañado su escaso pelo rubio, casi blanco, a la manera escandinava. En el curso de nuestra conversación, que no duraría una hora, supe que procedía de las Orcadas. Le señalé una silla. El hombre tardó un rato en hablar. Exhalaba melancolía, como yo ahora.
-Vendo biblias-me dijo. No sin pedantería le contesté: -En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta.
Al cabo de un silencio me contestó: -No sólo vendo biblias. Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese. Lo adquirí en los confines de Bikanir. Abrió la valija y lo dejó sobre la mesa. Era un volumen en octavo, encuadernado en tela. Sin duda había pasado por muchas manos. Lo examiné; su inusitado peso me sorprendió. En el lomo decía Holy Writ y abajo Bombay. -Será del siglo diecinueve- observé. -No sé. No lo he sabido nunca- fue la respuesta.
Lo abrí al azar. Los caracteres me eran extraños. Las páginas, que me parecieron gastadas y de pobre tipografía, estaban impresas a dos columnas a la manera de una biblia. El texto era apretado y estaba ordenado en versículos. En el ángulo superior de las páginas había cifras arábigas. Me llamó la atención que la página par llevara el número (digamos) 40.514 y la impar, la siguiente, 999. La volví; el dorso estaba numerado con ocho cifras. Llevaba una pequeña ilustración, como es de uso en los diccionarios: un ancla dibujada a la pluma, como por la torpe mano de un niño.
Fue entonces que el desconocido me dijo:
-Mírela bien. Ya no la verá nunca más.
Había una amenaza en la afirmación, pero no en la voz. Me fijé en el lugar y cerré el volumen. Inmediatamente lo abrí. En vano busqué la figura del ancla, hoja tras hoja. Para ocultar mi desconcierto, le dije:
-Se trata de una versión de la Escritura en alguna lengua indostánica, ¿no es verdad?
-No-me replicó.
Luego bajó la voz como para confiarme un secreto:
-Lo adquirí en un pueblo de la llanura, a cambio de unas rupias y de la Biblia. Su poseedor no sabía leer. Sospecho que en el Libro de los Libros vio un amuleto. Era de la casta más baja; la gente no podía pisar su sombra, sin contaminación. Me dijo que su libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin.
Me pidió que buscara la primera hoja.
Apoyé la mano izquierda sobre la portada y abrí con el dedo pulgar casi pegado al índice. Todo fue inútil: siempre se interponían varias hojas entre la portada y la mano. Era como si brotaran del libro.
-Ahora busque el final. También fracasé; apenas logré balbucear una voz que no era la mía: -Esto no puede ser. Siempre en voz baja el vendedor de biblias me dijo: -No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna, la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número.
Después, como si pensara en voz alta:
-Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo.
Borges
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Hace algunos años, en los para-olímpicos infantiles de Seattle, nueve concursantes, todos con alguna discapacidad física o mental, se reunieron en la línea de salida para correr los 100 metros planos. Al sonido del disparo todos salieron, no exactamente como bólidos, pero con gran entusiasmo de participar en la carrera, llegar a la meta y ganar. Todos, es decir, menos uno, que tropezó en el asfalto, se dio un buen golpe y empezó a llorar. Los otros ocho oyeron al niño llorar, disminuyeron la velocidad y voltearon hacia atrás. Todos dieron la vuelta y regresaron,... todos. Una niña con síndrome de Down se agacho, le dio un beso en la herida y le dijo "Eso te lo va a curar". Entonces, los nueve se agarraron de las manos y juntos caminaron hasta la meta. Todos en el estadio se pusieron de pie, las porras y aplausos duraron varios minutos. La gente que estuvo presente aun cuenta la historia. ¿Por que? Porque dentro de nosotros sabemos una cosa: Lo importante en esta vida va mas allá de ganar nosotros mismos. Lo importante en esta vida es ayudar a ganar a otros, aun cuando esto signifique tener que disminuir la velocidad o cambiar el rumbo.
(Desconozco el autor)
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Tres personas iban caminando por una vereda de un bosque; un sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante alumno del sabio.
Terrateniente: "Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que inclusive puedes hacer milagros". Sabio: "Soy una persona vieja y cansada... ¿Como crees que yo podría hacer milagros?". Terrateniente: "Pero me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos..... Esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso". Sabio: "¿Te referías a eso?... Tu lo has dicho, esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso... no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo solo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego, y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo". Terrateniente: "Yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tu haces..... Muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios". Sabio: "¿Esta mañana volvió a salir el sol?". Terrateniente: "¡¡Si, claro que si!!". Sabio: "Pues ahí tienes un milagro..... El milagro de la luz". Terrateniente: "No, yo quiero ver un verdadero milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra... mira, hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas". Sabio: "¿Quieres un verdadero milagro? No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?". Terrateniente: "¡¡Si!! Fue varón y es mi primogénito". Sabio: "Ahí tienes el segundo milagro.... el milagro de la vida". Terrateniente: "Sabio, tu no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro..." Sabio: "¿Acaso no estamos en época de cosecha?, no hay trigo y sorgo donde hace unos meses solo había tierra?". Terrateniente: "Si, igual que todos los años". Sabio: "Pues ahí tienes el tercer milagro...." Terrateniente: "Creo que no me he explicado. Lo que yo quiero... " (el sabio lo interrumpe) Sabio: "Te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podía hacer por ti...Si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer".
Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiro muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda. Cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que hacían el sabio y su alumno, el sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomo al conejo, soplo sobre el y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado... Joven: "Maestro te he visto hacer milagros como este casi todos los días, ¿Por que te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por que lo haces ahora que no puede verlo?". Sabio: "Lo que el buscaba no era un milagro, sino un espectáculo. Le mostré 3 milagros y no pudo verlos. Para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno... no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día.
El día que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas mas milagros que los que Dios te da todos los días sin que tu se los hayas pedido".
(Desconozco al autor)
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En el taller más extraño y sublime conocido, se reunieron grandes arquitectos, afamados carpinteros y los mejores obreros celestiales para fabricar al padre perfecto..
-"Debe ser fuerte", comentó uno. -"También, debe ser dulce", comentó otro experto. -"Debe tener firmeza y mansedumbre: tiene que saber dar buenos consejos". -"Debe ser justo en momentos decisivos, alegre y comprensivo en los momentos tiernos". -"¿Como es posible -interrogó un obrero- poner tal cantidad de cosas en un solo cuerpo"? -"Es fácil", contestó el ingeniero. "Sólo tenemos que crear un hombre con la fuerza del hierro y que tenga corazón de caramelo". Todos rieron ante la ocurrencia y se escucho una voz (era el Maestro, dueño del taller del cielo): -"Veo que al fin comienzan -comentó sonriendo- "No es fácil la tarea es cierto, pero no es imposible si ponen interés y amor en ello". Y tomando en sus manos un puñado de tierra, comenzó a darle forma.
-"¿Tierra? -preguntó sorprendido uno de los arquitectos- ¡Pensé que lo fabricaríamos de mármol, o marfil o piedras preciosas! -"Este material es necesario para que sea humilde -le contestó el Maestro- Y extendiendo su mano sacó de las estrellas oro y lo añadió a la masa. -"Esto es para que en pruebas brille y se mantenga firme".
Agregó a todo aquello, amor, sabiduría, le dio forma, le sopló de su aliento y cobró vida, pero... faltaba algo, pues en su pecho le quedaba un hueco. -"¿Y qué pondrás ahí?" -preguntó uno de los obreros-.
Y abriendo su propio pecho, y ante los ojos asombrados de aquellos arquitectos, sacó su corazón, y le arrancó un pedazo, y lo puso en el centro de aquel hueco. Dos lágrimas salieron de sus ojos mientras devolvía a su lugar su corazón ensangrentado. -¿Por qué has hecho tal cosa?" -le interrogó un ángel obrero- y aún sangrando, le contestó el Maestro: -"Esto hará que me busque en momentos de angustia, que sea justo y recto, que perdone y corrija con paciencia, y sobre todo, que esté dispuesto aún al sacrificio por los suyos y que dirija a sus hijos con su ejemplo, por que al final de su largo trabajo, cuando haya terminado su tarea de padre allá en la tierra, regresará hasta mí. Y satisfecho por su buena labor, yo le daré un lugar aquí en mi reino. Le extenderé mi mano, descansará en mi pecho y tendrá Vida Eterna pues yo también soy Padre y por él, por su bien, para otorgarle vida, me arranqué del corazón un pedazo de amor y lo puse en su pecho. Para que a mí regrese, guiado por la sangre que derramé por él en una cruz, para darle perdón, para mostrarle que aunque es duro ser padre, cuando extiendes tus brazos y perdonas, la recompensa es vida, gozo y amor eterno.
(Desconozco al autor)
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Un niño pequeño se dirigió a su madre que estaba en la cocina preparando la cena y le entregó un pedazo de papel que había escrito. El papel se leía:
a. Por cortar la hierba $5.00 b. Por limpiar mi cuarto esta semana $1.00 c. Por hacer recados $ 0.50 d. Por cuidar a mi hermano pequeño $ 0.25 e. Por sacar la basura $1.00 f. Por sacar buenas notas $5.00 g. Por limpiar y recoger las hojas $2.00 h. Total Adeudado $14.75
Su madre lo miró y en aquel momento el niño pudo ver todos los recuerdos que pasaban por su mente. Ella cogió un bolígrafo, y en el otro lado del papel escribió: Por los nueve meses que te cargué mientras tú crecías dentro de mí, es Gratis. Por todas las noches que me senté a tu lado, te cuidé y rece por ti, es Gratis. Por todos los momentos difíciles, y todas las lágrimas que me has causado a través de los años, es Gratis. Cuando lo sumas todo, el precio de mi amor es Gratis. Por todas las noches que estuvieron llenas de temor y por las preocupaciones que sé que vendrán, es Gratis. Por los juguetes, la comida, la ropa, y hasta por limpiarte la nariz, es Gratis, Hijo. Y cuando lo sumes todo, el precio de mi amor es Gratis. Cuando el niño terminó de leer esto tenía las lágrimas en sus ojos. Miró a su madre a los ojos y le dijo; "Mamá, te quiero mucho".
Luego escribió en el papel "PAGADO EN SU TOTALIDAD"
(Desconozco al autor)
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Un ratón, mirando por un agujero en la pared ve a un granjero y su esposa abriendo un paquete. Pensó, en qué tipo de comida podía haber allí. Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una ratonera. Fue corriendo al patio de la Granja a advertir a todos: "¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa!"
La gallina, que estaba cacareando y escarbando, levantó la cabeza y dijo: "Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, más no me perjudica en nada, no me incomoda."
El ratón fue hasta el cordero y le dice: “¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera!”... "Discúlpeme Sr. Ratón, más no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que será recordado en mis oraciones."
El ratón se dirigió entonces a la vaca y ésta le contestó "Pero, ¿acaso estoy en peligro? Pienso que no”… Entonces el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido, para encarar a la ratonera del granjero.
Aquella noche se oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando su víctima.
La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, ella no vio que la ratonera atrapó la cola de una cobra venenosa. La cobra picó a la mujer. El granjero la llevó inmediatamente al hospital. Ella volvió con fiebre. Todo el mundo sabe que para alimentar alguien con fiebre, nada mejor que una sopa.
El granjero agarró su cuchillo y fue a buscar el ingrediente principal: la gallina. Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para alimentarlos, el granjero mató el cordero.
La mujer no mejoró y acabó muriendo. El granjero entonces vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral.
"La próxima vez que escuches que alguien tiene un problema y creas que como no es tuyo, no le prestas atención... piénsalo dos veces".
(Desconozco al autor)
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La noche ya había caído. Sin embargo, un pequeño hacía grandes esfuerzos para no quedarse dormido; el motivo bien valía la pena: estaba esperando a su papá.
Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente. Cuando se abrió la puerta, el niño se incorporó, como impulsado por un resorte, y soltó la pregunta que lo tenía tan inquieto:
-Papi, ¿cuánto ganas por hora?, dijo con los ojos muy abiertos.
El padre molesto y cansado, fue tajante en su respuesta:
-Mira hijo, eso ni siquiera tu madre lo sabe; no me molestes y vuelve a dormir, que ya es muy tarde.
-Sí papi. Solo dime cuánto te pagan por una hora de trabajo- reiteró suplicante el niño.
Tenso, el padre s abrió la boca para decir:
- Cuarenta Euros.
-Papá, ¿podrías prestarme veinte euros?- preguntó el pequeño.
El padre se enfureció, tomó al pequeño del brazo y con tono brusco le dijo:
- Así es que para esto querías saber cuánto gano ¿no? ¡Vete a dormir y no sigas molestando, avaricioso, egoísta!
El niño se alejó tímidamente, y el padre, al meditar lo sucedido, comenzó a sentirse culpable: tal vez necesita algo, pensó; y queriendo descargar su conciencia, se asomó a la habitación de su hijo y con voz suave le preguntó:
-¿Duermes, hijo?
-Dime, papi –respondió entre sueños.
-Aquí tienes el dinero que me pediste.
-Gracias papi- susurró el niño mientras metía su manita debajo de la almohada, de donde sacó unos billetes arrugados-. ¡Ya lo tengo, lo conseguí!-gritó jubiloso- ¡tengo cuarenta euros! Ahora papá, ¿podrías venderme una hora de tu tiempo?
José Carlos Bermejo
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En los días en que un helado costaba mucho menos, una niña de 10 años entró en un establecimiento y se sentó a una mesa.
La camarera puso un vaso de agua en frente de ella. "¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con almendras?" preguntó la niña. "Cincuenta pesetas", respondió la camarera.
La niña sacó su mano de su bolsillo y examinó un número de monedas.
Después contó con dificultad el dinero que tenía
"¿Cuánto cuesta un helado solo?", volvió a preguntar. Algunas personas estaban esperando por una mesa y la camarera ya estaba un poco impaciente. "Treinta y cinco pesetas", dijo ella bruscamente.
La niña volvió a contar las monedas.
"Quiero el helado solo"
La camarera le trajo el helado, y puso la cuenta en la mesa y se fue. La niña terminó el helado, pagó en la caja y se fue. Cuando la camarera volvió, empezó a limpiar la mesa y entonces le costó tragar saliva con lo que vio. Allí, puesto ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco pesetas... su propina.
Jamás juzgues a alguien antes de tiempo.
(Desconozco el autor)
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Un maestro oriental que vio cómo un alacrán se estaba ahogando, decidió sacarlo del agua, pero cuando lo hizo, el alacrán lo picó.
Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó, y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose.
El maestro intentó sacarlo otra vez, y otra vez el alacrán lo picó.
Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo:
Perdone, ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua lo picará?"
El maestro respondió:
"La naturaleza del alacrán es picar, y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar".
Y entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.
No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño; sólo toma precauciones.
Algunos persiguen la felicidad; otros la crean.
(Desconozco el autor)
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Cierto día en un monasterio Budista, se encontraron con la muerte de uno de sus guardianes y fue preciso encontrar un substituto. El Gran Maestro convoco a todos los discípulos para determinar quien seria el nuevo centinela. El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, dijo: “Asumirá el puesto el primer monje que resuelva el problema que voy a presentar." Entonces coloco una magnifica mesita en el centro de la enorme sala en que estaban reunidos y encima de esta, coloco un jarrón de porcelana muy raro con una rosa amarilla de extraordinaria belleza en el y dijo así: “! Aquí esta el problema! “
Todos quedaron asombrados mirando aquella escena; un jarrón de extremo valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro. ¿Que representaría?, ¿Que hacer?, ¿Cual es el enigma? En ese instante, uno de los discípulos saco una espada, miro al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y... ¡¡ZAS!!... destruyo todo de un solo golpe. Tan pronto el discípulo retorno a su lugar, el Gran Maestro dijo: "Usted será el nuevo guardián del Castillo".
Moraleja de la Historia: No importa cual sea el problema, ni que sea algo lindísimo, si ves un problema, precisa ser eliminado, terminado, concluido. Un problema es un problema, no importa que se trate de una mujer sensacional, o de un hombre maravilloso o de un gran amor que se acabo, por más lindo que sea o haya sido, si no existiera mas sentido para el en tu vida, tiene que ser suprimido porque corres el riesgo de permanecer con el, el resto de tu vida. Muchas personas cargan la vida entera el peso de cosas que fueron importantes en el pasado, y que hoy solamente ocupan un espacio inútil en sus corazones y mentes, espacio que es indispensable para recrear la vida, sobre todo si el problema es algún sentimiento de rencor o reproche, que aunque en algún momento de tu vida te haya hecho mucho daño, eso solo forma parte de un pasado.
Existe un proverbio Chino que dice: “Para poder beber vino es necesario primero tirar el te". Limpia tu vida, comienza por las gavetas, armarios, hasta llegar a eso que ya no hacen mas sentido y que están ocupando espacio y que muchas veces lejos de ayudarte te hiere y te impide tomar un curso diferente en tu vida. El pasado sirve como lección, como experiencia, como referencia. El pasado sirve para ser recordado y no para ser revivido. Usa las experiencias del pasado en el presente, para construir tu futuro. ¡Necesariamente en ese orden!
(Desconozco el autor)
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Para cuando Dios hizo a la mujer, ya estaba en su sexto día de trabajo de horas extras. Un ángel apareció y le dijo: "¿Por qué pones tanto tiempo en esta?" Y el Señor contestó: "¿Has visto mi hoja de especificaciones para ella?" Debe ser completamente lavable, pero no ser de plástico, tener más de 200 piezas movibles, y ser capaz de funcionar con una dieta de cualquier cosa y sobras, tener un regazo que pueda acomodar cuatro niños al mismo tiempo, tener un beso que pueda curar desde una rodilla raspada hasta un corazón roto y lo hará todo con solamente dos manos." El ángel se maravilló de los requisitos. "Solamente dos manos.... ¡Imposible!" ¿Y este es solamente el modelo estándar? Es demasiado trabajo para un día... "Espera hasta mañana para terminarla." No lo haré, protestó el Señor. Estoy tan cerca de terminar esta creación que es favorita de mi propio corazón. Ella ya se cura sola cuando está enferma Y puede trabajar días de 18 horas." El ángel se acercó más y tocó a la mujer. "Pero la has hecho tan suave, Señor" "Es suave", dijo Dios, pero la he hecho también fuerte. No tienes idea de lo que puede aguantar o lograr. "¿Será capaz de pensar?" preguntó el ángel. Dios contestó: "No solamente será capaz de pensar sino que razonar y de negociar" El ángel entonces notó algo y alargando la mano tocó la mejilla de la mujer.... "Señor, parece que este modelo tiene una fuga... te dije que estabas tratando de poner demasiadas cosas en ella" "Eso no es ninguna fuga... es una lágrima" lo corrigió El Señor. "¿Para qué es la lágrima?," preguntó el ángel. Y Dios dijo: "Las lágrimas son su manera de expresar su dicha, su pena, su desengaño, su amor, su soledad, su sufrimiento, y su orgullo." Esto impresionó mucho al ángel "Eres un genio, Señor, pensaste en todo. La mujer es verdaderamente maravillosa" ¡Lo es! La mujer tiene fuerzas que maravillan a los hombres. Aguantan dificultades, llevan grandes cargas, pero tienen felicidad, amor y dicha. Sonríen cuando quieren gritar. Cantan cuando quieren llorar. Lloran cuando están felices y ríen cuando están nerviosas. Luchan por lo que creen. Se enfrentan a la injusticia. No aceptan "no" por respuesta cuando ellas creen que hay una solución mejor. Se privan para que su familia pueda tener.
Van al médico con una amiga que tiene miedo de ir sola Aman incondicionalmente.
Lloran de alegría cuando sus hijos triunfan y se alegran cuando sus amistades consiguen premios.
Son felices cuando escuchan sobre un nacimiento o una boda.
Su corazón se rompe cuando muere una amiga. Sufren con la pérdida de un ser querido, sin embargo son fuertes cuando piensan que ya no hay más fuerza. Saben que un beso y un abrazo pueden ayudar a curar un corazón roto. La mujer viene en todos los tamaños, en todos colores y en todas figuras. Van a conducir, volar, caminar, correr o mandarte un mensaje electrónico para mostrarte cuanto le importas. El corazón de las mujeres es lo que mantiene moviéndose al mundo.
Traen dicha y esperanza. Tienen compasión e ideales. Dan apoyo moral a su familia y amistades. Las mujeres tienen cosas vitales qué decir y todo para dar.
Sin embargo, hay un defecto en la mujer: ¡¡Es que se le olvida cuánto vale!!
(Desconozco el autor)
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La niña miraba al abuelo escribir una carta. En un momento dado, le preguntó:
-¿Estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, quizá, una historia sobre mí?
El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo:
-Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.
La niña miró el lápiz, intrigada, y no vio nada especial.
-¡Pero si es igual a todos los lápices que he visto en mi vida!
-Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán de ti una persona por siempre en paz con el mundo.
Primera cualidad: puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. A esta mano nosotros la llamamos Dios. Y El, siempre te conducirá en dirección a su voluntad.
Segunda: de vez en cuando necesito dejar de escribir y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final está más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.
Tercera: El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.
Cuarta: lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior.
Finalmente, la quinta cualidad del lápiz: siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos, e intenta ser consciente de cada acción.
(Desconozco el autor)
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Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: "No sabía quién era."
Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. "¿Ves que fácil es?" No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y "¿Ves que bellas son?" Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado. Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:-No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: "No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas...Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior." Y dicho esto, el búho desapareció. ¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...? Se preguntaba el árbol desesperado, cuándo de pronto, comprendió... Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: "Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión "Cúmplela". Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.
Yo me pregunto al ver a mí alrededor, ¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer? ¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas? ¿Cuántos naranjos que no saben florecer? En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar...
(Desconozco el autor)
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Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y toda clase de plantas. Como todos los huertos, tenía mucha frescura y agrado. Por eso daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor y a escuchar el canto de los pájaros. Pero de pronto, un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales. Cada una tenía un color diferente: rojo, amarillo, naranja, morado...
El caso es que los colores eran irisados, deslumbradores, centelleantes, como el color de una sonrisa o el color de un bonito recuerdo. Después de sesudas investigaciones sobre la causa de aquel misterioso resplandor, resultó que cada cebolla tenía dentro, en el mismo corazón (porque también las cebollas tienen su propio corazón), un piedra preciosa. Esta tenía un topacio, la otra un aguamarina, aquella un lapislázuli, de las más allá una esmeralda... ¡Una verdadera maravilla!
Pero por una incomprensible razón se empezó a decir que aquello era peligroso, intolerante, inadecuado y hasta vergonzoso. Total, que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa e íntima con capas y más capas, cada vez más oscuras y feas, para disimular cómo eran por dentro.
Hasta que empezaron a convertirse en unas cebollas de lo más vulgar.
Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba sentarse a la sombra del huerto y sabía tanto que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntarlas una por una - ¿Por qué no eres como eres por dentro? Y ellas le iban respondiendo: -Me obligaron a ser así... -Me fueron poniendo capas... incluso yo me puse algunas para que no me dijeran.... Algunas cebollas tenían hasta diez capas, y ya ni se acordaban de por qué se pusieron las primeras capas.
Y al final el sabio se echó a llorar.Y cuando la gente lo vio llorando, pensó que llorar ante las cebollas era propio de personas muy inteligentes. Por eso todo el mundo sigue llorando cuando una cebolla nos abre su corazón. Y así será hasta el fin del mundo.
(Desconozco el autor)
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Un enorme y rudo samurai fue una vez a ver a un pequeño monje, con la esperanza de obtener los secretos del universo. "Monje", le dijo, en un tono de voz acostumbrado a la obediencia instantánea, "enséñame acerca del cielo y el infierno".
El pequeño monje miró al poderoso guerrero en silencio.
Después de un momento, le espetó con desdén: "¿Enseñarte a ti acerca del cielo y el infierno? No podría enseñarte acerca de nada.
Eres sucio, hueles mal, tu espada es rústica. Eres una desgracia, la vergüenza de los samuráis. ¡Fuera de mi vista! ¡No te soporto! El samurai se enfureció. Su ira era tal que empezó a temblar.
Su rostro enrojeció, quedó mudo de furia. Rápidamente sacó su espada y la elevó sobre su cabeza, amenazante, preparándose para asestarla al monje. "Eso es el infierno", dijo el pequeño monje suavemente. El samurai se sintió sobrecogido. Estupefacto. ¡Qué compasión y sumisión la de este pequeño hombre que había ofrecido su vida para darle a él esta enseñanza sobre el infierno!
Lentamente bajó su espada, lleno de gratitud, y por razones que no pudo explicarse, su corazón se llenó repentinamente de paz. "Y eso, es el cielo", dijo el monje dulcemente.
(Cuento Sufí)
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Semana 1: Hoy cumplí una semana de nacido, ¡Qué alegría haber llegado a este mundo!
Mes 01: Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.
Mes 02: Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta, y con sus ojos me dijo adiós. Estoy esperando que mi nueva "familia humana" me cuidara tan bien como ella.
Mes 04: He crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como "hermanitos". Somos muy inquietos, ellos me jalan la cola y yo les muerdo jugando.
Mes 05: Hoy me regañaron. Mi ama se molestó porque me hice "pipí" adentro de la casa; pero nunca me habían dicho dónde debo hacerlo. Además duermo en la recámara... ¡y ya no me aguantaba!
Mes 06: Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar; me siento tan seguro, tan protegido. Creo que mi familia humana me quiere y me consiente mucho. Cuando están comiendo me convidan. El patio es para mi solito y me doy vuelo escarbando como mis antepasados los lobos, cuando esconden la comida. Nunca me educan. Ha de estar bien todo lo que hago.
Mes 12: Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. Que orgullosos se deben de sentir de mí.
Mes 13: Qué mal me sentí hoy. "Mi hermanito" me quitó la pelota. Yo nunca agarro sus juguetes. Así que se la quité. Pero mis mandíbulas se han hecho muy fuertes, así que lo lastimé sin querer. Después del susto, me encadenaron casi sin poderme mover al rayo del sol. Dicen que van a tenerme en observación y que soy ingrato. No entiendo nada de lo que pasa.
Mes 15: Ya nada es igual... vivo en la azotea. Me siento muy solo, mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed. Cuando llueve no tengo techo que me cobije.
Mes 16: Hoy me bajaron de la azotea. De seguro mi familia me perdonó y me puse tan contento que daba saltos de gusto. Mi rabo parecía reguilete. Encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo. Nos enfilamos hacia la carretera y de repente se pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé feliz creyendo que haríamos nuestro "día de campo". No comprendo por qué cerraron la puerta y se fueron. "¡Oigan, esperen!" Se... se olvidan de mí. Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas. Mi angustia crecía al darme cuenta, que casi me desvanecía y ellos no se detenían: me habían olvidado.
Mes 17: He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento y estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón que me ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo con mi alma. Yo quisiera que me adoptaran y seria leal como ninguno. Pero solo dicen "pobre perrito", parece que se ha perdido.
Mes 18: El otro día pasé por una escuela y vi a muchos niños y jóvenes como mis "hermanitos". Me acerqué, y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras "a ver quien tenia mejor puntería". Una de esas piedras me lastimó el ojo y desde entonces ya no veo con él.
Mes 19: Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían mí. Ya estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado. Perdí mi ojo y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra.
Mes 20: Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar la calle por donde pasan los coches, uno me arrolló. Según yo estaba en un lugar seguro llamado "cuneta", pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme. Ojala me hubiera matado, pero solo me dislocó la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba a ladera del camino.
Mes 21: Tengo 10 días bajo el sol, la lluvia, el frío, sin comer. Ya no me puedo mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal; quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: "No te acerques" Ya casi estoy inconsciente; pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo reaccionar. "Pobre perrito, mira como te han dejado", decía... junto a ella venía un señor de bata blanca, empezó a tocarme y dijo: "Lo siento señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir." A la gentil dama se le salieron las lágrimas y asintió. Como pude, moví el rabo y la miré agradeciéndole me ayudara a descansar. Solo sentí el piquete de la inyección y me dormí para siempre pensando en por qué tuve que nacer si nadie me quería.
La solución no es echar un perro a la calle, sino educarlo. No convierta en problema una grata compañía. Ayuda a abrir conciencia y así poder acabar con el problema de los perros callejeros.
(Desconozco el autor)
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Un discípulo llegó muy agitado a casa de Sócrates, y empezó a hablar de esta manera: -Maestro, quiero contarte que un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...
Sócrates lo interrumpió diciendo: -¡Espera! ¿Ya hicisteis pasar a través de las Tres Bardas lo que me vas a decir? -¿Las Tres Bardas?? -Si - replicó Sócrates- La primera es la VERDAD. Ya examinasteis cuidadosamente si lo que me quieres decir, ¿es verdadero en todos los puntos? - No.... lo oí decir a unos vecinos...... - Pero al menos lo habrás hecho pasar, por la segunda Barda, que es la BONDAD. ¿¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?? - NO, en realidad no; al contrario........ - Ah! -interrumpió Sócrates- Entonces vamos a la última Barda. ¿Es NECESARIO que me cuentes eso? - Para ser sincero, no; necesario no es. - Entonces - sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario.... Sepultémoslo en el olvido.
(Desconozco el autor)
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Cuentan que una colonia de hormigas decidió un día salir a excursión, iban en busca de un nuevo lugar donde pudieran crear su nido y sentar las bases de la nueva colonia, un lugar al que el mundo recuerda como Utopía...
Y dice la leyenda que las hormigas viajaban y viajaban, y el camino se volvía cada vez más penoso y peligroso. Algunas hormigas decidieron regresar, otras se quedaron varadas en el camino, pues carentes de ánimo pronto la debilidad las invadió y fueron incapaces de seguir adelante. Mas sucedió, que la colonia se juntó, renovó los pactos, restablecieron la confianza y continuaron el camino todas, salvo un grupo que decidió regresar al nido en que vivían antes, plenamente convencidas de que esa tierra llamada Utopía no era sino el fruto de una imaginación muy desarrollada pero desgraciadamente irreal. De la colonia original, únicamente seguían aferradas al sueño unas cuantas hormigas, el paisaje cambió y se encontraron de pronto ante una gran montaña que había que subir, enfrentando los peligros de los precipicios y las bajas temperaturas, todo ello sumado a la ausencia de agua y comida. Muchas consideraron que era imposible escalar la montaña, sólo tres hormigas decidieron que valía la pena intentarlo, pues tal vez al otro lado de la montaña pudiera existir ese mágico mundo de Utopía. Iniciaron el ascenso y quedaron abajo las hormigas temerosas, pero con la promesa de que si encontraban algo las aventureras, regresarían y las invitarían a seguir adelante. Pero el ascenso duró largo tiempo, se sucedieron los días y las noches y las hormigas que se habían quedado en el valle se hundieron en la desesperanza y decidieron regresar a unirse a aquellas otras que ya habían claudicado en el viaje. Y nuestras tres amigas subían todavía aferradas al último hálito de fe que les quedaba, una de ellas cayó al precipicio al descuidar un poco el paso que llevaba, las otras dos apesadumbradas decidieron seguir en honor a aquella que había caído. Pronto, una tormenta se dejó abatir sobre los cuerpos de nuestras cansadas hormigas, buscaron un refugio en una cueva y ahí se mantuvieron; pero la tormenta no cedía, y pasaron dos días y tres días y las hormigas estaban a punto de morir de frío cuando una de ellas le dijo a la otra: Este viaje en que nos hemos embarcado, ¿Cómo saber si no nos ha traído a la muerte?, Empiezo a creer que Utopía no es sino un bello sueño pero se encuentra mas allá de nuestras posibilidades.
La segunda hormiga escuchó largo tiempo las dudas de la primera, y al final sólo contestó: La vida de una hormiga sólo tiene sentido cuando ha emprendido el viaje hacia el mágico mundo de Utopía; sin un destino final, ningún viaje tiene sentido. La otra hormiga avergonzada calló, y se unió a la paciencia con la que la segunda hormiga esperaba a que la tormenta cediera. Días después cuando las nubes despejaron el cielo y el sol derritió las nieves que cubrían la montaña, las dos hormigas pudieron salir y muy pronto observaron a un maravilloso valle que se extendía a los pies de la montaña, pero era el mismo valle que ellas habían tenido que recorrer. Se dieron cuenta que Utopía no era sino la tierra de donde ellas procedían, pero había que subir hasta la montaña para darse cuenta de la belleza que poseían sin saber. Llenas de gozo emprendieron el descenso, pero no encontraron a las hormigas que habrían de esperarlas en el valle, encontraron a muchas otras que vivían en los diferentes nidos al pie de la montaña y más adentro en el valle. Y a todas ellas las hormigas les hablaban de que ya vivían en la tierra de Utopía y que el paraíso era ese y no otro, todas las hormigas que escuchaban las tachaban de locas y decían que habían enfermado por haber permanecido tanto tiempo en la montaña. Pasaron los años y los siglos y los milenios, y el hombre sigue buscando aún una tierra de ensueño y magia a la que busca llegar atravesando valles y subiendo montañas, salvando peligros y descubriendo misterios. Tal vez algún día logre subir tan alto que pueda hacer el mismo descubrimiento que nuestras amigas las hormigas.
(Desconozco al autor)
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Un niño leía un libro y encontró una palabra que no entendía. Se acercó a su padre y le preguntó: ¿Me puedes decir qué es utopía?
Después de meditar por un instante el papá le respondió: Utopía es algo parecido a un arco iris. Es hermoso pero inalcanzable. Caminas hacia él un metro y se aleja un metro de ti; caminas otros cien metros y se aleja cien metros más; caminas kilómetros y se aleja kilómetros. Entonces la utopía no sirve para nada -le dijo el niño con tono de decepción. Por el contrario -le contestó el padre -. Sirve para caminar.
(Desconozco el autor)
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Érase una vez un alegre riachuelo que recorría los campos sin detenerse, en búsqueda de ese gran deposito de Energía Universal que es el mar; y una gota que se movía al compás de las corrientes del río se preguntó:
¿Como he de encontrar mi camino si ni siquiera se de donde vengo ni en donde estoy? Y la gota busco entre los diferentes cauces que el río le ofrecía. Subió a la superficie y bajo a las profundidades del río, examino los animales que allí vivían y exploró los fondos poblados de piedras y de algas, examinó todo lo que a su paso encontró pero sin satisfacer sus inquietudes, su mente seguía preguntándose: ¿Cual será mi camino y cual será mi origen?
Mientras tanto, el río seguía su curso y dentro de él, la gota; mas adelante y en medio de su búsqueda la gota subió a la superficie y coincidió que una nube estaba dejando caer grandes cantidades de lluvia sobre la superficie, no únicamente del río sino de los campos que este atravesaba.
Cuando la gota se dio cuenta que del cielo estaban cayendo miles de seres iguales a ella decidió acercarse y preguntarles: ¿De donde vienen? -Seguramente ellas si sabrían la respuesta y tal vez su búsqueda podría terminar.
Mas no obtuvo ninguna respuesta, todas las gotas que eran depositadas en el río llegaban en estado de somnolencia, imposibilitadas de hablar y mucho menos de explicar su origen o la forma como habían llegado.
Después de preguntar a cuanta gota se encontró, nuestra amiga renuncio a sus esfuerzos por intentar descubrir la verdad preguntándoles a estas hermanas que habían caído del cielo.
Quiso la casualidad que de pronto el río encontrara uno de sus afluentes y las aguas antes transparentes y frescas se vieron de pronto enturbiadas con la llegada de otras aguas provenientes de un riachuelo secundario, la gota entonces supuso que tal vez esas nuevas aguas podrían venir de la misma fuente de donde ella provino.
Se acerco y pregunto a cuantas gotas encontró que de donde venían, cual había sido su origen y por que seguían todo ese mismo camino.
Sus respuestas la intrigaron aun mas, ninguna de ellas sabia de donde habían llegado, ninguna de ellas sabía hacia donde debían dirigirse pero lo mas extraño es que ninguna de ellas se inquietaba en lo mas mínimo por hacerse esas preguntas.
La gota seguía buscando y su inquietud crecía minuto a minuto, no tenia la menor pista de cual había sido su origen, y como vivía dentro del río, tampoco percibía el movimiento que este hacia en su recorrido hacia el mar.
Pensó que en alguna parte debía haber algún ser que si le pudiera dar una razón. Algo que sus hermanas las gotas no podían contestar.
Entonces pregunto a los peces y supo que los peces no hablaban su idioma, ni siquiera la escuchaban.
Preguntó a las algas y a las plantas acuáticas y lo que le contestaron fue: Que habían visto pasar a millones de gotas y que ninguna se veía preocupada como ella, que todas las demás iban alegremente en la misma dirección.
La gota pensó que las plantas debían estar enfermas puesto que no eran las gotas las que se movían sino las plantáis por eso es que ella les preguntaba. ¿Hacia donde se dirigen ustedes?
Pero las plantas contestaban que ellas permanecían quietas y que las que se movían eran las aguas del río. A la gota nunca le pareció razonable esa explicación y siguió pensando que las plantas sufrían de alguna extraña enfermedad mental.
Mientras tanto seguía su búsqueda y un buen día regreso a la superficie y lo hizo con tanta fuerza que por unos momentos se desprendió de la superficie y alcanzo a ver que el río era como un hilo extendido desde un infinito hasta otro infinito mayor y pudo observar el momento justo en que el río desembocaba en el mar. Tuvo un chispazo de comprensión: su viaje había terminado. Pero en el choque de las aguas del río contra las olas del mar se sintió desprendida y subió convertida en roció hacia otro infinito mas grande y maravilloso; una suave brisa la fue elevando hasta alcanzar una altura inconmensurable.
Fue entonces cuando percibió la figura del río desembocando en la inmensidad del mar. Supo entonces que durante toda su vida ella permaneció unida al río y unida al mar. Supo que el río y el mar eran la misma cosa y supo entonces que su viaje no tenia un principio ni tenia un final, supo que desde siempre había estado unida a los dos extremos de su viaje, se sintió río, se sintió mar y ahora que podía observar todo desde el firmamento comprendió también que ella era el río, era el mar, era la Tierra y era el firmamento y cuando quiso que estas respuestas pasaran a las otras gotas que seguramente se estaban preguntando lo mismo que ella, se dio cuenta que esas verdades no podían ser transmitidas y que tarde o temprano todas las gotas descubrirían su destino en algún momento de su vida.
(Maestro Amajur)
En esta ocasión el Maestro Amajur nos regala muy en su estilo, una parábola que refleja la profundidad de los pensamientos de los seres que buscan respuesta a las preguntas trascendentes de la vida.
No son las gotas ni los ríos, los personajes centrales de este cuento, somos nosotros, tu y yo, quienes lo protagonizamos. ¿Qué será el río? ¿Quienes los peces? ¿Quienes las plantas?
Esas son preguntas que nadie puede contestar por los demás. El Maestro nos da como su presentación este cuento y con él, la promesa de que vendrán otros iguales o mas hermosos.
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Con frecuencia el ser humano ordinario, en su ceguera espiritual, no reconoce al verdadero maestro. Sólo un discípulo sincero reconoce al maestro sincero.
Porque hay muy pocos aspirantes sinceros, cada día quizá hay menos maestros sinceros.
A veces la gente incluso se permite querer equivocar al verdadero maestro o ridiculizarle. Pero el maestro, desde su estado de ecuanimidad, nunca sentirá ridículo y aún si conviene sabrá darle la vuelta a la estratagema. Así es la historia que sigue.
Había en el pueblo un hombre santo que a los aldeanos les parecía, por un lado, una persona interesante y, por otro, un extravagante.
El caso es que le pidieron que les predicase. El hombre aceptó y el día que se reunieron para hablarles intuyó que los asistentes no eran sinceros en su actitud, y les preguntó:
-Amigos, ¿saben de lo que les voy a hablar?
-No -respondieron los aldeanos.
-En ese caso -agregó el hombre santo- no voy a decirles nada. Son tan ignorantes que de nada podría hablarles que mereciera la pena. En tanto no sepan de qué voy a hablarles, no les hablaré.
Los asistentes, avergonzados y desconcertados, marcharon a sus casas. Se reunieron al día siguiente y decidieron reclamar otra vez las palabras del maestro.
El hombre santo se reunió nuevamente con los aldeanos. Les preguntó:
-¿Sabéis de lo que voy a hablaros?
Los aldeanos estaban ahora preparados y respondieron:
-Sí, lo sabemos.
-Siendo así -añadió el maestro- no tengo nada que deciros, porque ya lo sabéis. Que paséis buena noche, amigos.
Los aldeanos estaban irritados. No se dieron por vencidos. Una vez más reclamaron la predicación del hombre que consideraban un extravagante.
-¿Sabéis de lo que voy a hablaros?
Los aldeanos ya habían estudiado su respuesta, confiando en que esta vez obligarían al hombre a hablar. Contestaron:
-Algunos lo sabemos y otros no.
El hombre santo repuso:
-Muy bien. En tal caso los que saben que transmitan su conocimiento a los que no saben.
Y abandonó la sala y se retiró al solitario bosque, donde no residía tanta estupidez.
(Este cuentito se lo escuché a Jorge Bucay en una conferencia que dió ante cientos de personas en la Iglesia del Carmen, en Indautxu)

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Había una vez un muchacho de 10 años que había sufrido un trágico accidente y a consecuencia de esto le tuvieron que amputar el brazo izquierdo...
Él muchacho se recuperó y luego decidió aprender el Judo. Su maestro era un anciano Chino experto en este arte marcial... El muchacho aprendió rápidamente.
Después de tres meses, él había aprendido sólo un movimiento.
Él le pidió a su maestro que le enseñara más movimientos y el sabio maestro le dijo que esto era todo lo que él necesitaría aprender. Poco después, el muchacho entró en un torneo dónde rápidamente logró calificar en los juegos semifinales, dónde su rival era más grande y más experimentado. No parecía que el muchacho pudiese ganar.
Después de una larga lucha, su oponente empezó a perder la concentración. Rápidamente, el muchacho aprovechó esto y logró tirar al suelo a su superior rival. De camino a casa, el muchacho le preguntó a su maestro "¿Cómo fue que pude ganar con sólo un movimiento?" El maestro le contestó, "Tú has logrado casi dominar uno de los movimientos más difíciles en todo el judo, y la única defensa contra ese movimiento, era que tu rival te agarrase de tu brazo izquierdo". A veces tu debilidad más grande puede convertirse en tu mayor fuerza.
Se honesto contigo mismo y descubre tus debilidades. Invoca la ayuda Divina para que te ayude a convertir tu debilidad más grande en tu mayor fortaleza.
(Desconozco al autor)
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Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un compañero de mi clase caminando de regreso a su casa. Se llamaba Juan Antonio. Iba cargando todos sus libros y pensé:
"¿Por qué se estaría llevando a su casa todos los libros el viernes?...
Debe ser un "traga libros". Yo ya tenía planes para todo el fin de semana: fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde. Así que me encogí de hombros y seguí mi camino.
Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él.
Cuando lo alcanzaron, le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo. Vi que sus gafas volaron y cayeron al suelo como a tres metros de él.
Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos.
Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus gafas.
Vi lágrimas en sus ojos. Le acerqué a sus manos sus gafas y le dije, "esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto". Me miró y me dijo: "¡gracias!".
Había una gran sonrisa en su cara; una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud. Lo ayudé con sus libros. Vivía cerca de mi casa. Le pregunté por qué no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada. Yo nunca había conocido a alguien que fuera a una escuela privada. Caminamos hasta casa. Parecía un buen chico.
Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado, conmigo y mis amigos; y aceptó. Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras más conocía a Juan Antonio, mejor nos caía, tanto a mí, como a mis amigos.
Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Juan Antonio con aquella enorme pila de libros de nuevo. Me paré y le dije: "Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días".
Se rió y me dio la mitad para que le ayudara. Durante los siguientes cuatro años nos convertimos en los mejores amigos. Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, Juan Antonio decidió ir a la Universidad de Georgetown y yo a la de Duke .Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema.
El estudiaría medicina y yo administración, con una beca de fútbol.
Llegó el gran día de la Graduación. El preparó el discurso. Yo estaba feliz por no ser el que tenía que hablar.
Juan Antonio se veía realmente bien. Era uno de esas personas que se había encontrado así mismo durante la secundaria, había mejorado en todos los aspectos, se veía bien con sus gafas.
Tenía más citas con chicas que yo y todas lo adoraban. ¡Caramba! algunas veces hasta me sentía celoso...
Hoy era uno de esos días. Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que le di una palmadita en la espalda y le dije: "Vas a estar genial, amigo".
Me miró con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió:
Gracias", me dijo. Limpió su garganta y comenzó su discurso:
"La Graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquellos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, tus maestros, tus hermanos, quizá algún entrenador... pero principalmente a tus amigos. Yo estoy aquí para decirles que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir y, a este propósito, les voy a contar una historia".
Yo miraba a mi amigo incrédulo cuando comenzó a contar la historia del primer día que nos conocimos.
Aquel fin de semana él tenía planeado suicidarse. Habló de como limpió su armario y por qué llevaba todos sus libros con él: para que su madre no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela. Me miraba fijamente y me sonreía.
"Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer algo irremediable".
Yo escuchaba con asombro como este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad. Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud.
En ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras:
“Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros para impactarlos de alguna manera".
(Desconozco el autor)
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Cuando lo colocaban en el tablero despertándolo de su letargo ya estaban allí casi todas las piezas. Aún desde el aire vio que su posición para aquella batalla sería una casilla lateral, en un extremo del campo de batalla. Le hubiera gustado haber sido sacado antes del sueño de terciopelo del estuche y ocupar así una de las posiciones principales, jugando en el centro del tablero. Desde su condición de peón había pocas proezas que realizar por lo que, si al menos hubiera sido la pieza que inicia la batalla, eso le habría otorgado cierta importancia, cierto orgullo, aunque seguramente sólo apreciado por él mismo. Se resignó a jugar un papel, ni siquiera secundario en aquella ocasión. Al menos le habían colocado en una casilla negra. No sabía muy bien porqué le gustaban más las casillas negras.
Todos sus compañeros de juego solían preferir las blancas, con sus reflejos nacarados, y esto le hacía sentirse incómodamente diferente al resto. No podía saber de dónde venía esa preferencia pues él no conocía el embrujo de las noches de los hombres, su mezcla de terror atávico por la pérdida del sol y la trasgresión y mágica avidez de los sentidos, excitados por la falta de visión que daba la oscuridad. Aún así se sintió a gusto en aquella estrecha noche geométrica del tablero.
Tras él se revolvía un caballo y esto ya era motivo suficiente para sentirse incómodo. Aquel animal, siempre intranquilo, siempre resoplando, inquieto. Con aquellos movimientos suyos que se le antojaban anárquicos, saltando sobre las otras piezas. De repente aparecía, por los aires, relinchando. Por no hablar de cuando eras comido, qué digo comido, engullido, derribado, aplastado por él. Menos mal que se iría pronto. Claro que peor estaba su hermano de la izquierda. Tenía detrás a la pretenciosa torre, con sus ínfulas de pieza importante. Solía ser bastante más maleducada que el rey y la dama y, siempre que ellos no estaban cerca, ahuecaba la voz al hablar y miraba con desprecio al resto de las piezas. La envidia del segundón que le hacía maltratar a los de rango inferior, pensaba siempre el peón…
Vio al alfil, tan engreído como la torre con la desventaja de que ni siquiera miraba de frente cuando hablaba. Siempre taimado, ladino. Nunca lo vieron ser franco con nadie, claro que, eso sí, todo sonrisas, todo buenas palabras condescendientes. Solía decirles: - Ustedes, salvando las distancias, son un poco como yo ya que todos comemos en diagonal”. “Como él”, pensó con desprecio. “Nosotros miramos de frente, avanzamos siempre con la verdad, cara a cara, despacio pero a pecho descubierto y no retrocedemos ante nada, ¡jamás! Todos ellos, con su categoría, con su importancia, con su poder, huyendo hacia atrás cuando la cosa se pone fea. ¿Quién aguanta el tipo? ¿Quién no retrocede nunca? ¡Decir que somos como él!”
Pensó en el rey. Tan estilizado y tan alto en su pedestal. Tan timorato. Una pieza tan importante, todos pendientes de él, todos protegiéndole, todos defendiéndole siempre. Se había convertido en un ser anodino, asustadizo, viviendo de su propio vacío, sin ideas, temiendo siempre ser destruido. ¡Bah! ¡Valiente hipocondríaco!
Volvió un poco la cabeza y vio tras las otras piezas a su dama. Esto le puso un poco melancólico. Seguro que esta partida no la tendría cerca en ningún momento. Recordó que sus hermanos, cuando hablaban de ella, siempre criticaban su altanería, los aires de suficiencia con los que hablaba a todos, incluso al rey. Pero él la defendía siempre. Ya no era un secreto que la amaba. Seguro que hasta ella lo sabía y por eso le trataba con más desprecio aún. Pero no podía ser de otra manera.
Ella era la dama, la que más fieramente luchaba en la partida, nada la detenía. Se deslizaba por el tableo como si volara. Ahora estaba aquí y en el movimiento siguiente podía estar al otro lado del mundo y regresar de nuevo después de herir de muerte a un adversario. ¡Era magnífica! Y por ello inalcanzable. Él lo sabía y por eso no le importaban las habladurías. Sabía que su amor era imposible pero se conformaba con sus sueños y con mirarla en el tablero. El cabello al viento, la cara radiante, los ojos fieros, despojados de cualquier atisbo de ternura pero ¡tan hermosos!
Se murmuraba que él no estaba hecho de marfil como el resto de sus compañeros de batalla. Parecía que a él lo habían modelado, hacía muchísimos años, del cuerno de un narval. Por eso todos toleraban aquellos locos sentimientos que bullían en su interior y achacaban al hecho, por todos conocido, de que las criaturas marinas siempre habían sido todas un tanto extrañas. Distraído con estos pensamientos no se dio cuenta de que la batalla no solo había comenzado sino que llevaba ya tiempo desarrollándose y debía haber sido encarnizada. Él estaba bastante adelantado pero casi solo. Apenas quedaban piezas vivas, casi todas habían sido comidas por el contrario y yacían ordenadas en el estuche inmóviles, muertas. Toda esa fuerza arrogante de la que presumían no había servido de nada y habían sido derrotadas.
De pronto se sobresaltó. No veía a su dama. Miró en toda la extensión del tablero. No era posible, no estaba, también había caído en la batalla. Desconcertado sintió que una rabia desesperada le nacía del corazón. Nunca antes había sentido nada así. ¡No volvería a verla, no la vio en sus últimos momentos ni pudo ayudarla! –Sintió, sin comprenderlo, que la boca se le llenaba de sal. Sentía todo el océano rugir en una gran tempestad queriendo destruir la tierra entera, engullirla, borrarla del planeta y que solo las aguas fueran dueñas del mundo. Se despreció a sí mismo por ser un simple peón, por no haber podido salvar a su dama y deseó morir. Pero hubo un deseo más fuerte que el de la destrucción y la muerte, un deseo más fuerte que la rabia que había sentido. Deseó con todo su ser que su dama viviera y en ese dolor insoportable ofreció lo único que tenía: ofreció su corazón duro de perlas y corales forjado por siglos de oleajes y tormentas.
Entonces sucedió que aquel simple peón llegó al final del tablero. Y sucedió que retumbó en las alturas una voz profunda y desafiante invocando: “dama”. Y sucedió que el peón fue izado del tablero que le mantenía vivo y en su agonía final vio a su dama volando junto a él yendo a ocupar el lugar que él abandonaba. Notaba cómo la vida que se le escapaba a borbotones inundaba el cuerpo de ella volviéndola de nuevo radiante, hermosa, fieros de ardor y venganza sus ojos. Y sucedió que aquel simple peón, la pieza más insignificante del tablero, fue el único capaz del supremo sacrificio. Él, que no había sido derrotado en el combate, se entregó a la muerte para que su dama viviera y así fue el único que, aunque solo al final de su efímera vida, rozó con su alma la felicidad.
(Desconozco el autor)
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Había una vez, hace muchos años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Gabriel, el ciego del pueblo...
Entonces, le dice: -¿Qué haces Gabriel, tú ciego, con una lámpara en la mano? ¡Si tú no ves! Entonces, el ciego le responde: - Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí... No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.
(Desconozco el autor)
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Esta es la historia del herrero que, después de una juventud llena de excesos, decidió entregar su alma a Dios, realizó una conversión total y durante muchos años trabajó con ahínco, y practicó la caridad. Pero, a pesar de toda su dedicación, de su ayuda desinteresada a otros, nada perecía andar bien en su vida personal, muy por el contrario, sus problemas se acumulaban día a día, y tenía que trabajar cada vez mas tarde.
Una hermosa tarde, un amigo que lo visitaba, y que sentía compasión por su situación difícil, le comentó: "Realmente es muy extraño que justamente después de haber decidido volverte un hombre temeroso de Dios, tu vida haya comenzado a empeorar. No deseo debilitar tu fe, pero a pesar de tus creencias en el mundo espiritual, nada ha mejorado." El herrero no respondió enseguida, él ya había pensando en eso muchas veces, sin entender lo que acontecía con su vida, sin embargo, como no deseaba dejar al amigo sin respuesta, comenzó a hablar, y terminó por encontrar la explicación que buscaba.He aquí lo que dijo el herrero: En este taller yo recibo el acero aún sin trabajar, y debo transformarlo en espadas. ¿Sabes tú cómo se hace esto? "Primero, caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone al rojo vivo, enseguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo más pesado y le aplico varios golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada. Luego la sumerjo en un balde de agua fría, y el taller entero se llena con el ruido, el vapor, porque la pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura. Tengo que repetir este proceso hasta obtener la espada perfecta, una sola vez no es suficiente”. El herrero hizo una larga pausa, y siguió, a veces, el acero que llega a mis manos no logra soportar este tratamiento, el calor, los martillazos y el agua fría terminan por llenarlo de rajaduras, en ese momento, me doy cuenta de que jamás se transformará en una buena hoja de espada, y entonces, simplemente lo dejo en la montaña de hierro viejo que ves a la entrada de mi herrería. Hizo otra pausa más, y el herrero terminó, sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Acepto los martillazos que la vida me da, y a veces me siento tan frío e insensible como el agua que hace sufrir al acero. Pero la única cosa que pienso es, "Dios mío, no desistas, hasta que yo consiga tomar la forma que Tú esperas de mí. Inténtalo de la manera que te parezca mejor, por el tiempo que quieras pero nunca me pongas en la montaña de hierro viejo de las almas”.
(Desconozco el autor)
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Una mujer regaba el jardín de su casa y vio a tres ancianos .
Ella no los conocía y les dijo: No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor entren a mi casa para que coman algo.
Ellos preguntaron: -¿Está el hombre de la casa? -No, -respondió ella-, no está. -Entonces no podemos entrar, -dijeron ellos.
Al atardecer, cuando el marido llegó, ella le contó lo sucedido. -¡Entonces diles que ya llegué, invítalos a pasar! La mujer salió a invitar a los hombres a pasar a su casa. -No podemos entrar a una casa los tres juntos, -explicaron los viejitos. -¿Por qué?, quiso saber ella. Uno de los hombres apuntó hacia uno de sus amigos y explicó: -Su nombre es Riqueza. Luego señaló hacia el otro:-Su nombre es Éxito y yo me llamo Amor. Ahora ve adentro y decide con tu marido a cuál de nosotros 3 desean invitar a vuestra casa. La mujer entró a su casa y le contó a su marido lo que ellos le dijeron.
El hombre se entusiasmó: ¡Qué bueno! -Entonces invitemos a Riqueza,que entre y llene nuestra casa.
Su esposa no estuvo de acuerdo: -Querido, ¿por qué no invitamos a Éxito? La hija del matrimonio estaba escuchando desde la otra esquina de la casa y vino corriendo. -¿No sería mejor invitar a Amor? Nuestro hogar estaría entonces lleno de amor. Hagamos caso del consejo de nuestra hija, dijo el esposo a su mujer. Ve afuera e invita a Amor a que sea nuestro huésped. La esposa salió y les preguntó -¿Cuál de ustedes es Amor?Por favor que venga y que sea nuestro invitado.
Amor comenzó avanzar hacia la casa. Los otros 2 también le siguieron. Sorprendida, la dama les preguntó a Riqueza y a Éxito: Yo invité sólo a Amor ¿por qué Uds. también vienen? Los viejos respondieron juntos: -Si hubieras invitado a Riqueza o Éxito los otros 2 habrían permanecido afuera, pero ya que invitaste a Amor, donde vaya él, nosotros vamos con él. Donde quiera que haya amor, hay también riqueza y éxito.
(Desconozco el autor)
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Un banquero de inversión americano estaba en el muelle de un pueblito costero mexicano cuando llegó un botecito con un solo pescador. Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño...
El americano elogió al mexicano por la calidad del pescado y le pregunto: ¿Cuánto tiempo le tomó pescarlos? El mexicano respondió: "Sólo un poco tiempo". El americano luego le preguntó: "¿Porqué no permaneces más tiempo y sacas más pescado?" El mexicano dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia. El americano luego preguntó: "Pero... ¿qué haces con el resto de tu tiempo?" El pescador mexicano dijo: "duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, me hecho una siesta con mi señora, María, voy todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Como ves tengo una vida divertida y ocupada."
El americano replicó: "Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte. Deja que te explique... deberías gastar más tiempo en la pesca, con los ingresos comprar un bote más grande, con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes, eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador, eventualmente abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este "pinche" pueblo e irte a Ciudad de México, luego a Los Angeles y eventualmente a Nueva York, donde manejarías tu empresa en expansión". El pescador mexicano preguntó: "Pero, cuanto tiempo tarda todo eso?". A lo cual respondió el americano: "entre 15 y 20 años". "¿Y luego qué?" El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte. "Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones". "Millones... ¿y luego qué?" El americano contestó:
"Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, echar una siesta con tu mujer, ir todas las noches al pueblo a tomar vino y tocar la guitarra con tus amigos".
(Adaptación de un Cuento Popular)
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Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos y pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas...
Cierto día, su hija de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.
El científico, nervioso por la interrupción, le pidió a la niña que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle, con el objetivo de distraer su atención. De repente se encontró con una revista en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba.
Con unas tijeras recorto el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entrego a su hija diciendo: Como te gustan los rompecabezas te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie. Entonces calculó que a la pequeña le llevaría 10 días componer el mapa pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz de la niña que lo llamaba.
- Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo. Al principio el padre no creyó en la niña.
Pensó que seria imposible que a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes.
Desconfiado, el científico levanto la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Como era posible? ¿Como el niño había sido capaz de esta manera? El padre pregunto con asombro a su hija: - Hijita tu no sabias como era el mundo ¿como lo lograste? Papa, respondió la niña, yo no sabia como era el mundo pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre, así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre que si sabia como era. Cuando conseguí arreglar al hombre di vuelta la hoja y vi que había arreglado al mundo.
(Gabriel G. Marquez)
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"Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, así que buscó un árbol muerto y lo cortó. Pero luego, en la primavera, vio, desolado, que al tronco marchito de ese árbol le salieron brotes nuevos.
Mi padre dijo: "Estaba seguro de que ese árbol estaba muerto. Había perdido todas las hojas en el invierno. Hacía tanto frío, que las ramas se quebraban y caían como si no le quedara al viejo tronco ni una pizca de vida. Pero ahora advierto que aún alentaba la vida en aquel tronco".
Y volviéndose hacia mí, me aconsejó:
"Nunca olvides esta importante lección: Jamás cortes un árbol en invierno. Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso. Nunca tomes las más importantes decisiones cuando estés en tu peor estado de ánimo.”
¡Espera!. Sé paciente. La tormenta pasará. Y recuerda que la Primavera volverá".
(Desconozco el autor)
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Muchas veces sin darnos cuenta de lo que tenemos nos quejamos y hasta lo perdemos, y casi siempre nos damos cuenta de lo que tenemos y lo valoramos cuando ya es muy tarde...
Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente, camino a mi trabajo todos los días. Llego a la casa y mi esposa sirvió lo mismo de la comida para cenar. Voy a entrar al baño y mi hija de apenas año y medio no me deja porque quiere jugar conmigo, no entiende que estoy cansado. Mi padre también me molesta algunas veces y entre clientes, esposa, hija, padre, me vuelven loco, quiero paz. Lo único bueno es el sueño, al cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos.
- Hola, vengo por ti. - ¿Quién eres tú? ¿Cómo entraste? - Me manda Dios por ti. Dice que escuchó tus quejas y tienes razón, es hora de descansar. - Eso no es posible, para eso tendría que estar... - Así es, si lo estás, ya no te preocuparás por ver a las mismas gentes, ni de aguantar a tu esposa con su guisos, ni a tu pequeña hija que te moleste, ni escucharás los consejos de tu padre. - Pero...qué va a pasar con todo? Con mi trabajo? - No te preocupes, en tu empresa ya contrataron a otra persona para ocupar tu puesto y por cierto, está muy feliz por que no tenía trabajo. - Y mi esposa y mi bebé? - A tu esposa le fue dado un buen hombre que la quiere, respeta y admira por sus cualidades y acepta con gusto todos sus guisos sin reclamarle nada. Y además, se preocupa por tu hija y la quiere como si fuera suya y por muy cansado que siempre llegue del trabajo, le dedica tiempo para jugar con ella y son muy felices. - No, no puedo estar muerto. - Lo siento, la decisión ya fue tomada. - Pero...eso significa que jamás volveré a besar la mejillita de mi bebé, ni a decirle te amo a mi esposa, ni darle un abrazo a mi padre. NO, NO QUIERO MORIR, QUIERO VIVIR, envejecer junto a mi esposa, NO QUIERO MORIR TODAVIA.... - Pero es lo que querías, descansar, ahora ya tienes tu descanso eterno, duerme para SIEMPRE. - ¡¡¡ NO, NO QUIERO, NO QUIERO, POR FAVOR DIOS....!!!! -¿Qué te pasa amor, tienes una pesadilla?, -dijo mi esposa despertándome. -No, no fue una pesadilla, fue otra oportunidad para disfrutar de ti, de mi bebé, de mi familia, de todo lo que Dios creó.

¿Sabes?, estando muerto ya nada puedes hacer y estando vivo puedes disfrutarlo todo...
¡¡¡QUE BELLO ES VIVIR!!!!
(Desconozco el autor)
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Cuenta una leyenda de la región del Punjab que un ladrón entró en una hacienda y robó doscientas cebollas. Antes de que pudiera huir, el dueño del lugar lo capturó y lo llevó ante el juez.
El magistrado pronunció la sentencia: pagar diez monedas de oro.
Pero el hombre alegó que era una multa demasiado alta y el juez, entonces, resolvió ofrecerle otras dos alternativas: recibir veinte latigazos o comerse las doscientas cebollas.
El ladrón eligió comerse las doscientas cebollas.
Pero cuando llegó a la vigésimo quinta, sus ojos estaban hinchados de tanto llorar y el estómago le quemaba como el fuego del infierno.
Como aún le faltaban 175 y se dio cuenta de que no aguantaría el castigo, pidió para recibir los veinte latigazos.
El juez aceptó. Cuando el látigo golpeó su espalda por décima vez, él imploró que parasen de castigarlo, porque no soportaba el dolor.
El pedido fue obedecido, pero el ladrón tuvo que pagar las diez monedas de oro. - Si hubieras aceptado la multa, te habrías evitado comer las cebollas y no habrías sufrido con el látigo - le dijo el juez. - Pero preferiste el camino más difícil sin entender que, cuando se hace algo mal, es mejor pagar enseguida y olvidar el asunto.
(Paulo Coelho)
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La hija de un hombre le pidió al sacerdote que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba muy enfermo. Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo, lo encontró en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas. Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote pensó que el hombre sabía que vendría a verlo.
"Supongo que me estaba esperando", le dijo. "No, ¿quién es usted?", respondió el hombre. "Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase con usted; cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que yo vendría a visitarlo". "Oh sí, la silla", dijo el enfermo, "¿le importa cerrar la puerta?"
El sacerdote, sorprendido, la cerró. "Nunca le he dicho esto a nadie -le contó el hombre-, pero toda mi vida la he pasado sin saber cómo orar. Cuando he estado en la iglesia he escuchado siempre al respecto de la oración que se debe orar y los beneficios que trae... pero siempre esto de las oraciones me entró por un oído y me salió por el otro, pues no tenía idea de cómo hacerlo. Entonces, hace mucho tiempo abandoné por completo la oración." "Esto ha sido así en mí hasta hace unos cuatro años -continuó- cuando conversando con mi mejor amigo me dijo: 'José, esto de la oración es simplemente tener una conversación con Jesús. Así es como te sugiero que lo hagas: te sientas en una silla y colocas otra silla vacía enfrente de ti, luego con fe miras a Jesús sentado en esa silla. No es algo alocado el hacerlo pues él nos dijo: "Yo estaré siempre con vosotros". Por lo tanto, le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora". "Es así que lo hice una vez y me gustó tanto que lo he seguido haciendo unas dos horas diarias desde entonces. Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a ver mi hija... pues me internaría de inmediato en el manicomio." El sacerdote sintió una gran emoción al escuchar esto y le dijo a José que era muy bueno lo que había estado haciendo, y que no cesara de hacerlo. Luego hizo una oración con el, le extendió una bendición y se volvió a su parroquia. Dos días después, la hija de José llamó al sacerdote para decirle que su padre había fallecido. El sacerdote le preguntó: "¿Falleció en paz?" "Sí, cuando salí de la casa a eso de las dos de la tarde me llamó y fui a verlo a su cama, me dijo lo mucho que me quería y me dio un beso." "Cuando regresé de hacer compras una hora más tarde ya lo encontré muerto. Pero hay algo extraño al respecto de su muerte, pues aparentemente justo antes de morir se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella, pues así lo encontré. ¿Qué cree usted que pueda significar esto?" El sacerdote se secó las lagrimas de emoción y le respondió: "Ojala que todos nos pudiésemos ir de esa manera..."
(Desconozco el autor)
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El primer día en la universidad nuestro profesor se presentó y nos pidió que procuráramos llegar a conocer a alguien a quien no conociéramos todavía. Me puse de pie y mire a mí alrededor, cuando una mano me tocó suavemente el hombro. Giré en redondo y me encontré con una viejita arrugada cuya sonrisa le alumbraba todo su ser.
"Hola, buen Mozo, me llamo Rose. Tengo ochenta y siete años. ¿Puedo darte un abrazo?" Me reí y le contesté con entusiasmo: "¡Claro que puede!" Ella me dio un abrazo muy fuerte.
"¿Por qué está usted en la universidad a una edad tan temprana, tan inocente", le pregunté. Riéndose contestó: "Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme, tener unos dos hijos, y luego jubilarme y viajar. Yo contesté: "Se lo estoy preguntando en serio." Quería saber qué le había motivado a ella a afrontar ese desafió a su edad. "Siempre soñé con tener una educación universitaria y ahora la voy a tener", me dijo. Después de clases caminamos al edificio de la asociación de estudiantes y compartimos un batido de chocolate. Nos hicimos amigos en seguida. Todos los días durante los tres meses siguientes salimos juntos de la clase y hablábamos sin parar. Me fascinaba escuchar a esta "máquina del tiempo". Ella compartía su sabiduría y experiencia conmigo. Durante ese año, Rose se hizo muy popular en la universidad; hacía amistades allá por donde iba. Le encantaba vestirse bien y se deleitaba con la atención que recibía de los demás estudiantes. Lo estaba pasando de maravilla. Al terminar el semestre, invitamos a Rose a hablar en nuestro banquete de fútbol.
No olvidaré nunca lo que ella nos enseñó en esa oportunidad.Después de ser presentada, subió al podio. Cuando comenzó a pronunciar el discurso que había preparado de antemano, se le cayeron al suelo las tarjetas donde tenía los apuntes. Frustrada y un poco avergonzada se inclinó sobre el micrófono y dijo sencillamente: "Disculpen que esté tan nerviosa. ¡Dejé de tomar cerveza en cuaresma y éste whisky me está matando!No voy a poder volver a poner mi discurso en orden, así que permítanme simplemente decirles lo que sé."
Mientras dejábamos de reír, ella se aclaró la garganta y comenzó: "No dejamos de jugar porque estamos viejos; nos ponemos viejos porque dejamos de jugar. Hay sólo dos secretos para mantenerse joven, ser feliz y triunfar: "Tenemos que reír y encontrar el buen humor todos los días. "Tenemos que tener un ideal. Cuando perdemos de vista nuestro ideal, comenzamos a morir. ¡Son muchas las personas que caminan muertas por allí y ni siquiera lo saben! "Hay una gran diferencia entre ponerse viejo y madurar. Si ustedes tienen diecinueve años y se quedan en cama un año entero sin hacer nada productivo, se convertirán en personas de veinte años. Si yo tengo ochenta y siete años y me quedo en cama por un año sin hacer nada, tendré ochenta y ocho años. Todos podemos envejecer. No se requiere talento ni habilidad para ello. Lo importante es que maduremos, encontrando siempre la oportunidad en el cambio. "No me arrepiento de nada. Los viejos generalmente no nos arrepentimos de lo que hicimos sino de lo que NO hicimos. Los chicos que temen la muerte son los que tienen remordimientos."
Terminó su discurso cantando 'La Rosa'. Nos pidió que estudiáramos la letra de la canción y que la pusiéramos en práctica en nuestra vida diaria. Rose terminó sus estudios.
Una semana después de la graduación, Rose murió tranquilamente mientras dormía. Más de dos mil estudiantes universitarios asistieron a las honras fúnebres para rendir tributo a la maravillosa mujer, que les enseñó con su ejemplo que nunca es demasiado tarde para llegar a ser todo lo que se puede ser.
(Desconozco el autor)
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En la selva vivían tres leones. Un día el mono, representante electo por los animales, convocó a una reunión para pedirles una toma de decisión. Todos nosotros sabemos que el león es el rey de los animales, pero para una gran duda en la selva: existen tres leones y los tres son muy fuertes. ¿A cuál de ellos debemos rendir obediencia? ¿Cuál de ellos deberá ser nuestro Rey?
Los leones supieron de la reunión y comentaron entre si: -Es verdad, la preocupación de los animales tiene mucho sentido. Una selva no puede tener tres reyes. Luchar entre nosotros no queremos ya que somos muy amigos... Necesitamos saber cual será el elegido, pero, ¿Cómo descubrirlo? Otra vez los animales se reunieron y después de mucho deliberar, le comunicaron a los tres leones la decisión tomada: Encontramos una solución muy simple para el problema, y decidimos que ustedes tres van a escalar la Montaña Difícil.
El que llegue primero a la cima será consagrado nuestro Rey. La Montaña Difícil era la más alta de toda la selva. El desafío fue aceptado y todos los animales se reunieron para asistir a la gran escalada. El primer león intentó escalar y no pudo llegar. El segundo empezó con todas las ganas, pero, también fue derrotado. El tercer león tampoco lo pudo conseguir y bajó derrotado. Los animales estaban impacientes y curiosos; si los tres fueron derrotados, ¿Cómo elegirían un rey?
En este momento, un águila, grande en edad y en sabiduría, pidió la palabra:
-¡Yo sé quien debe ser el rey! Todos los animales hicieron silencio y la miraron con gran expectativa. ¿Cómo?, preguntaron todos.
-"Es simple... dijo el águila. Yo estaba volando bien cerca de ellos y cuando volvían derrotados en su escalada por la Montaña Difícil escuché lo que cada uno dijo a la Montaña. El primer león dijo: - ¡Montaña, me has vencido! El segundo león dijo: - ¡Montaña, me has vencido! El tercer león dijo: - ¡Montaña, me has vencido, por ahora! Pero ya llegaste a tu tamaño final y yo todavía estoy creciendo.
La diferencia, -completó el águila,- es que el tercer león tuvo una actitud de vencedor cuando sintió la derrota en aquel momento, pero no desistió y quien piensa así, su persona es más grande que su problema: él es el rey de si mismo, y está preparado para ser rey de los demás" Los animales aplaudieron entusiasmadamente al tercer león que fue coronado El Rey de los Animales.
Moraleja: No tiene mucha importancia el tamaño de las dificultades o situaciones que tengas. Tus problemas, por lo menos la mayor parte de las veces, ya llegaron al nivel máximo, pero no tú. Tú todavía estás creciendo y eres más grande que todos tus problemas juntos. Todavía no llegaste al límite de tu potencial y de tu excelencia.
La Montaña de las Dificultades tiene un tamaño fijo, limitado. ¡Tú todavía estas creciendo!
(Desconozco al autor)
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Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:
-¿Además del cantar de los pájaros, escuchas alguna cosa más?
Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí:
-Estoy escuchando el ruido de una carreta.
- Eso es -dijo mi padre-. Es una carreta vacía.
Pregunté a mi padre:
-¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aún no la vemos?
Entonces mi padre respondió:
- Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía,... por el ruido.
Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace.
Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:
"Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace"
La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas.
(Desconozco el autor)
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Hace mucho tiempo, un rey coloco una gran roca obstaculizando un camino. Entonces se escondió y miro para ver si alguien quitaba la tremenda roca.
Algunos de los comerciantes más adinerados del rey y cortesanos vinieron y simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino. Entonces un campesino llegó con una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el piso y trato de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró. Mientras recogía su carga de vegetales, el noto una cartera en el piso, justo donde había estado la roca. La cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino. El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron.
Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar la condición de uno.
"SI ALGUNA VEZ CAES, LEVANTATE Y SIGUE ADELANTE"
(Desconozco el autor)
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Hubo una vez un rey infinitamente rico y poderoso, que tenía muchos hijos a quienes amaba entrañablemente. Su deseo era que cada uno de ellos reprodujera en su vida el esplendor, la felicidad y la abundancia de su reino. Para asegurarse de que así fuera, como herencia les concedió parte de sí mismo, representada en dos regalos de valor inestimable: el poder de crear todo aquello que desearan, y la felicidad de ser libres para realizar sus sueños.
Pero las cosas no salieron como el rey lo había dispuesto. Hubo algunos de sus hijos que, para sentirse superiores, buscaron invalidar las facultades otorgadas a sus hermanos.
Y lograron hacerlo en forma muy sagaz, simplemente alterando y retorciendo la verdad, a nivel de las creencias. Se proclamaron a sí mismos reyes absolutos por derecho divino, pontífices infalibles del dogma y la fe, potentados depositarios de las riquezas del reino, políticos máximos salvadores del pueblo, y militantes de violencia con poder para matar. Además les hicieron creer a los de su misma sangre que por voluntad del rey habían sido escogidos para gobernar a su antojo y conveniencia. Aquellos que ignoraban cuál era su herencia real y desconocían su poder, no vieron otra alternativa que someterse al mandato de sus opresores. Así muchos quedaron relegados a llevar una forma de existencia que no reconocía derechos, pero que era proficiente en imponer obediencia, tributos y deberes. Con gran tristeza vio el rey que su plan había sido distorsionado porque, mientras un grupo pequeño de sus hijos entonaba cánticos de vencedores, otros en forma anónima se ahogaban en la miseria, la ignorancia y el olvido de sí.
En esos territorios todo lo que quedaba de la creación original del rey era una sociedad agotada, caduca y gangrenada. Para permitir que allí la vida pudiera continuar, habría que extirpar las células podridas, y dar más energía a aquellas que se conservaban sanas. Entonces, de común acuerdo con todos sus ministros, propuso el rey una operación de salvamento.
La estrategia de rescate estaría concentrada en dos frentes principales: el primero apuntaría a derribar todas las formas de opresión y manipulación vigentes. El segundo consistiría en revelar la verdad a quienes habían sido engañados, para que, quienes la aceptaran, pudieran recobrar su legado de soberanía.
Como en un tablero de ajedrez, cada movida fue cuidadosamente diseñada por el rey y sus fieles colaboradores. Sabían que, antes de declarar un jaque mate, habría muchas fichas importantes de figuras y peones que tendrían que salir del juego. Pero cuando el derrumbe de la tiranía económica, política y religiosa estuviera consumado, muchos de sus hijos estarían todavía presentes para emitir un grito poderoso de victoria, y la heredad se salvaría. La segunda estrategia se concentraría en despertar a los hijos del rey, que habían estado viviendo prisioneros de su propia ignorancia. Ellos habían perdido contacto con su padre, y no sabían, que en la maraña oculta de su genética, se ocultaban dos regalos preciosos: el poder de crear todo aquello que desearan, y la felicidad de ser libres para realizar sus sueños. ¡Entonces ocurrió un milagro! Terribles desastres sucedían en el mundo exterior cada vez con más frecuencia, esto dio el impulso a muchos para buscar un refugio en el interior de su propio ser. Allí entraron en contacto con la chispa de amor, presente en lo más íntimo de sus corazones, y descubrieron la verdad de su origen. Sin tardanza tomaron en sus manos las riendas del reino y comenzaron a asumir las prerrogativas más nobles de su estirpe. Naturalmente se avivó en ellos el recuerdo del padre amoroso y de sus dos regalos. Así fue como, sobre las ruinas del pasado, crearon un reino de esplendor, felicidad y abundancia, que perduró para siempre en la eternidad del tiempo y del espacio…
(Hortensia Galvis Ramírez)
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Dos monjes que andaban de viaje llegaron hasta un río, a cuya orilla hallaron a una bella joven. Temerosa de la corriente, ella les pidió si podían cargarla y cruzarla.
Uno de los monjes dudó, pero el otro rápidamente la levantó y, cargándola sobre sus hombros, la transportó hasta la otra orilla. La joven le agradeció profusamente y partió. Los monjes continuaron su camino, pero el primer monje se veía preocupado e inquieto. Finalmente, incapaz de mantener el silencio, increpó al otro:
"Hermano, nuestro aprendizaje espiritual nos alienta a evitar cualquier contacto con mujeres, ¡y no obstante tú la levantaste y la cargaste!"
"Hermano", replicó dulcemente el segundo monje, "yo la dejé en la otra orilla del río, y tú todavía la estás cargando".
(Cuento sufí)
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Un anciano Cherokee contaba a su nieto acerca de la lucha que se desarrollaba dentro de sí mismo. Ésta era entre dos lobos...

Uno es diabólico: iracundo, lujurioso, arrogante, mentiroso, falso predicador, vanidoso, resentido, ladrón, abusador y asesino. El otro es bueno: pacífico, amoroso, sereno, humilde, generoso, compasivo, fiel, bondadoso, benevolente y honesto". El nieto, después de unos minutos de reflexión, preguntó a su abuelo: "¿Y qué lobo ganará?" El anciano Cherokee simplemente respondió:
"El que yo alimente".
(Cuento Cherokee)
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Esta es la historia de un chavalote que tenia muy mal carácter.
Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el muchacho clavo 37 clavos detrás de la puerta.
Las semanas que siguieron, y a medida que el aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta. Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.
Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta y le dijo: "Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves. Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo devastará, y la cicatriz perdurara para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física”.
(Desconozco el autor)
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Era una vez una carrera.... ¡de sapos! El objetivo era llegar a lo alto de una gran torre. Había en el lugar una gran multitud. Mucha gente para vibrar y gritar por ellos. Comenzó la competencia. Pero como la multitud no creía que pudieran alcanzar la cima de aquella torre, lo que más se escuchaba era: "¡¡¡Que pena!!! Esos sapos no lo van a conseguir ...no lo van a conseguir..." Los sapitos comenzaron a desistir. Pero había uno que persistía y continuaba subiendo en busca de la cima. La multitud continuaba gritando "... ¡¡¡que pena!!! ¡No lo van a conseguir!..." Y los sapitos estaban dándose por vencidos. Salvo por aquel sapito que seguía y seguía tranquilo y ahora cada vez con más y más fuerza. Cuando estaban llegando el final de la competición todos desistieron, menos ese sapito que curiosamente en contra de todos, seguía. Finalmente llegó a la cima con todo su esfuerzo. Los otros querían saber qué le había pasado. Un sapito le fue a preguntar como él había conseguido concluir la prueba. Y descubrieron que era sordo.
¡No permitas que personas con el pésimo hábito de ser negativas derrumben las mejores y más sabias esperanzas de tu corazón! Recuerda siempre el poder que tienen las palabras que escuchas. Por lo tanto, preocúpate siempre en ser POSITIVO Resumiendo: Se siempre "sordo" cuando alguien te dice que no puedes realizar tus sueños

(Desconozco el autor)
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Cuanto más envejezco, más disfruto de las mañanas de sábado.Tal vez es la quieta soledad que viene de ser el primero en levantarse, o quizá el increíble gozo de no tener que ir al trabajo. De todas maneras, las primeras horas de un sábado me parecen deliciosas. Hace unas semanas, me dirigía hacia mi equipo de radioaficionado en el sótano con una humeante taza de café en una mano y el periódico en la otra. Lo que comenzó como una típica mañana de sábado se convirtió en una de esas lecciones que la vida parece darnos de vez en cuando. Os cuento. Sintonicé mi equipo de radio para entrar en una red de radioaficionados el sábado por la mañana. Después de un rato, topé con un compañero un tanto mayor, con buena señal y voz. Pueden imaginárselo, sonaba como si estuviese en el negocio de las comunicaciones. Él le estaba diciendo a quien estuviese conversando con él algo acerca de "unas mil canicas". Quedé intrigado y me detuve para escuchar lo que tenía que decir.
-"Bueno, Tom, de veras que parece que estás ocupado con tu trabajo. Estoy seguro de que te pagan bien pero es una lástima que tengas que estar fuera de casa y lejos de tu familia tanto tiempo. Es difícil imaginar que un hombre joven tenga que trabajar sesenta o setenta horas a la semana para sobrevivir. Qué triste que te perdieras la presentación teatral de tu hija. Déjame decirte algo Tom, algo que me ha ayudado a mantener una buena perspectiva sobre mis propias prioridades".
Y entonces fue cuando comenzó a explicar su teoría sobre unas "mil canicas". -"Me senté un día e hice algo de aritmética.
La persona promedio vive nos setenta y cinco años. Ya sé, algunos viven más y otros menos, pero en promedio, la gente vive unos setenta y cinco años". "Entonces, multipliqué 75 por 52 y obtuve 3.900 que es el número de sábados que la persona promedio habrá de tener en toda su vida.Mantente conmigo Tom, que voy a la parte importante". -"Me llevó hasta que casi tenía cincuenta y cinco años pensar todo esto en detalle, y para entonces ya había vivido más de dos mil ochocientos sábados. Me puse a pensar que si llegaba a los setenta y cinco, sólo me quedarían unos mil más que disfrutar": "Así que fui a una tienda de juguetes y compré cada canica que tenían. Tuve que visitar tres tiendas para obtener 1.000 canicas. Las llevé a casa y las puse dentro de un gran envase plástico claro junto a mi equipo de radioaficionado. Cada sábado a partir de entonces, he tomado una canica y la he tirado". -"Descubrí que al observar cómo disminuían las canicas, enfocaba más sobre las cosas verdaderamente importantes en la vida. No hay nada como ver cómo se te agota tu tiempo en la tierra para llevarte a ajustar tus prioridades". -"Ahora déjame decirte una última cosa antes que nos desconectemos y lleve a mi bella esposa a desayunar. Esta mañana, saqué la última canica del envase. Me di cuenta que si vivo hasta el próximo sábado, entonces me habrá sido dado un poquito de tiempo adicional. Y si hay algo que todos podemos usar es un poco más de tiempo".
"Me gustó hablar contigo, Tom, espero que puedas estar más tiempo con tu familia y espero volver a encontrarnos aquí en la banda, el hombre de 75 años, este es K9NZQ, cambio y fuera, ¡buen día!"
Se podia haber oído un alfiler caer en la banda cuando este amigo se desconectó. Creo que nos dio a todos bastante sobre lo que pensar. Había planeado trabajar en la antena aquella mañana, y luego iba a reunirme con unos cuantos radioaficionados para preparar la nueva circular del club. En vez de aquello, subí las escaleras y desperté a mi esposa con un beso. -"Vamos, querida, te quiero llevar a ti y los niños a desayunar fuera". -"¿Qué mosca te picó?" Preguntó sonriendo.
-"Oh, nada; es que no hemos pasado un sábado juntos con los niños en mucho tiempo. Ah, ¿y si paramos en la tienda de juguetes? Necesito comprar algunas canicas".
(Desconozco el autor)
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Una tarde caminaba a lo largo de la playa, y envuelta en mis pensamientos observé una cosa interesante al reparar en las huellas en la arena que iba dejando en mi paseo.
Cuando en determinados momentos de mi vida caminaba por la playa, siempre había dos pares de huellas en la arena, según fuera acompañada por el Señor Éxito, por el Señor Riqueza o por el Señor Amor.
Pero en otros momentos, cuando volvía mi mirada hacia atrás, me di cuenta de que muchas veces en el camino de mi vida sólo había una serie de huellas en la arena, las mías.
Cuando recordé estos momentos, observé que eran momentos imborrables, y comprobé que esto ocurría durante los momentos más duros de mi vida, cuando he sufrido angustias, cuando he tenido penas o fracasos.
Me di cuenta de una cosa, que aquel solitario par de huellas, se advertía mayormente en mis noches sin estrellas, en los días de mi vida llenos de angustia y tristeza, es decir, en los momentos cuando el alma necesita más consuelo y fortaleza que nunca. Y esto me inquietó.
¿Por qué ni el Señor Éxito, ni el Señor Riqueza, ni el Señor Amor, me acompañaban nunca en aquel tipo de paseos?
¿Por qué en esos momentos siempre había un solitario par de huellas en la arena?
Y así se lo pregunté con tristeza a los tres.
¿Vosotros no me habíais prometido que en mis horas de aflicción siempre estarías conmigo? Me prometisteis que siempre estarías conmigo para mostrarme vuestro amor, vuestra compañía.
Pero noto con tristeza que en medio de mis lágrimas, cuando más siento el dolor, solo veo un par de huellas en la arena.
¿Dónde están las otras huellas que indican que paseáis a mi lado, cuando la tormenta azota sin piedad mi vida?
El único que respondió fue el Señor Amor; Los otros dos parecieron no entender nada de lo que les decía.
-Comprendo tu confusión; dijo.
"..... Cuando te dije que siempre te acompañaría, que te amé y te quería, y que en tus horas de aflicción siempre a tu lado estaría, decía la verdad.
Mas si ves solo dos huellas y no ves las otras dos, es que en tus momentos de aflicción, cuando flaquean tus pisadas, en tus momentos de prueba y sufrimiento, cuando tú sólo veías un par de huellas en la arena, mi querida amiga, era entonces que yo te cargaba en mis brazos con cariño, y por eso solo veías dos huellas en la arena, las mías... "
(Desconozco el autor)
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Teddy Stallard era sin duda “el peor”: sin interés por la escuela, desprolijo, con la ropa arrugada, siempre despeinado, uno de esos chicos del colegio de cara impasible, mirada inexpresiva, fría y distraída.
Cuando la señorita Thompson le hablaba, Teddy siempre respondía con monosílabos. Poco atractivo, sin motivación y actitud distante, no resultaba fácil quererlo.
Si bien su maestra decía que quería a todos los de la clase por igual, en su interior no era totalmente sincera.
Cada vez que corregía los trabajos de Teddy, experimentaba cierto placer perverso poniendo una “x” al lado de las respuestas incorrectas y, cuando ponía D en la parte superior de la hoja, siempre lo hacía con elegancia. Debería haberlo pensado un poco más: tenía el legajo de Teddy y sabía más sobre él de lo que quería admitir. El legajo decía:
Primer grado: Teddy promete en su trabajo y su actitud, pero tiene una mala situación familiar.
Segundo grado: Teddy podría dar más. La madre esta muy enferma. Recibe poca ayuda en su casa.
Tercer grado: Teddy es un buen chico pero demasiado serio. Aprende lentamente. Su madre murió el año pasado.
Cuarto grado: Teddy es muy lento, pero se porta bien. Su padre no muestra ningún interés.
Llegó Navidad, y los chicos y chicas de la clase de la señorita Thompson trajeron los regalos correspondientes. Los apilaron sobre el escritorio y se agolparon alrededor para ver cómo los abría. Entre los regalos había uno de Teddy Stallard. Estaba envuelto en papel y escrito simplemente: “Para la señorita Thompson de Teddy”.
Ella se sorprendió de que le hubiera llevado un regalo. Cuando lo abrió, apareció una pulsera recargada de piedras falsas a la cual le faltaban la mitad de las cuentas, y un frasco de perfume barato.
Los otros chicos y chicas empezaron a burlarse de los regalos de Teddy, pero la señorita Thompson tuvo por lo menos suficiente sentido común como para hacerlos callar de inmediato poniéndose la pulsera y echándose un poco de perfume en la muñeca. Levantó el puño para que los demás chicos olieran y dijo: “¿No huele muy bien?”.
Y los chicos, guiándose por la maestra, rápidamente coincidieron con “ooohs” y “aaahs”
Al final del día, cuando terminó la clase y los otros chicos ya se habían ido, Teddy se demoró. Lentamente se acercó al escritorio y dijo con suavidad: "Señorita Thompson... Señorita Thompson, huele igual que mi madre... y la pulsera de ella le queda realmente muy linda también. Me alegra que le gustaran los regalos”.
Cuando Teddy se fue, la señorita Thompson se arrodilló y le pidió perdón a Dios.
Al día siguiente llegó una nueva maestra. La señorita Thompson se había convertido en otra persona. Ya no era sólo una maestra; era un agente de Dios. Había pasado a ser una persona empeñada en querer a sus chicos y hacer por ellos cosas que trascendieran su presencia. Ayudaba a todos sus alumnos, pero especialmente a los más lentos, y sobre todo a Teddy Stallard. Para fines de ese año lectivo, Teddy había mejorado notablemente. Estaba a la altura de la mayoría de sus compañeros y hasta aventajaba a algunos.
Durante mucho tiempo no supo nada de Teddy. Un día recibió una nota que decía:
Querida señorita Thompson: Quería que fuera la primera en saberlo. Voy a terminar segundo de la clase.Cariños, Teddy Stallard.
Cuatro años después, llegó otra nota:
Querida señorita Thompson: Acaban de decirme que soy el primer promedio de mi promoción. Quería que lo supiera antes que nadie’. La Universidad no fue fácil, pero me gustó.
Cariños, Teddy Stallard
Y cuatro años más tarde:
Querida señorita Thompson: Ahora ya soy Theodore Stallard, médico. ¿Qué le parece? Quería que usted fuera la primera en saber que me caso el mes que viene, el 27 para ser más exacto. Quiero que venga y se siente donde se habría sentado mi madre si viviera. Usted es mi única familia, ahora; papá murió el año pasado.Cariños. Teddy Stallard.
La señorita Thompson fue a la boda y se sentó donde se habría sentado la madre de Teddy. Merecía sentarse allí, había hecho por Teddy algo que él no olvidaría, nunca.
( Desconozco el autor)
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A una estación de trenes llega una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación. Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa. Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente. La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente. Por toda respuesta, el joven sonríe... y toma otra galletita. La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho. El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido. Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita.
“No podrá ser tan caradura", piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas. Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora. - ¡Gracias! - dice la mujer tomando con rudeza la media galletita. - De nada - contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad. El tren llega. Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: " Insolente". Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas... ¡Intacto!
(Jorge Bucay)
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Érase una vez un rey que tenía cuatro esposas.
Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás y la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Sólo le daba lo mejor.
También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.
También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.
La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca. Sin embargo, el no amaba a su primera esposa y aunque ella le amaba profundamente, apenas si el se fijaba en ella.
Un día, el rey enfermó y se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo.
Pensó acerca de su vida de lujo y caviló: Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero, cuando muera, estaré solo".
Así que le preguntó a su cuarta esposa: "Te he amado mas que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero. Ahora que estoy muriendo, "¿Estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?" "¡Ni pensarlo!", Contesto la cuarta esposa y se alejo sin decir mas palabras. Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo.
El entristecido monarca le preguntó a su tercera esposa: "Te he amado toda mi vida. Ahora que estoy muriendo, ¿Estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?" "¡No!", contestó su tercera esposa. "¡La vida es demasiado buena! ¡Cuándo mueras, pienso volverme a casar!"
Su corazón experimento una fuerte sacudida y se puso frió.
Entonces preguntó a su segunda esposa: "Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí. Cuando muera, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?"Lo siento, no puedo ayudarte esta vez" contesto la segunda esposa "lo mas que puedo hacer por ti es enterrarte". Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devasto al rey.
Entonces escuchó una voz: "Me iré contigo y te seguiré donde quiera que tu vayas". El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y allí estaba su primera esposa. Se veía tan delgaducha, sufría de desnutrición.
Profundamente afectado, el monarca dijo: ¡Debí haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo!".
En realidad, todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas.
Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo. No importa cuanto tiempo y esfuerzo invirtamos en hacerlo lucir bien, nos dejará cuando muramos.
Nuestra tercera esposa son nuestras posesiones, condición social y riqueza. Cuando muramos, irán a parar a otros.
Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos. No importa cuanto nos hayan sido de apoyo a nosotros aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.
Y nuestra primera esposa es nuestra alma, frecuentemente ignorada en la búsqueda de la fortuna, el poder y los placeres del ego.
Sin embargo, nuestra alma es la única que nos acompañara donde quiera que vayamos. Así que, cultívala, fortalécela y cuídala ¡ahora!
Es el más grande regalo que puedes ofrecerle al mundo. ¡Déjala brillar!
(Desconozco el autor)
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La vendedora de flores sonreía; su arrugado rostro resplandecía de gozo. Por impulso, tomé una de sus flores. "Se ve usted muy feliz esta mañana", le dije.
"¡Claro!" -exclamó-, "sobran los motivos". Aquella mujer vestía tan pobremente y se veía tan frágil, que su actitud me intrigó. -Sobrelleva sus problemas admirablemente,-la elogié. Ella me explicó entonces: Cuando crucificaron a Cristo, el Viernes Santo, fue el día más triste de la historia. Y 3 días después Él resucitó. Por eso he aprendido a esperar 3 días siempre que algo me aflige. Las cosas siempre se arreglan de una u otra manera en ese tiempo. Seguía sonriendo al despedirse de mí.
Sus palabras me vienen a la mente cada vez que estoy en dificultades. “Hay que esperar 3 días".
(Desconozco el autor)
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Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.
Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación. Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador así:
"Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir."

El aguador, le dijo compasivamente:
"Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino."
Así lo hizo la tinaja, y vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de todos modos se sentía apenada porque al final, solo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.
El aguador le dijo entonces “¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos no hubiera sido posible crear esta belleza”.
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.
(Desconozco el autor)
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Un señor muy creyente sentía que estaba cerca de recibir una luz que le iluminara el camino que debía seguir.
Todas las noches, al acostarse, le pedía a Dios que le enviara una señal sobre cómo tenía que vivir el resto de su vida. Así anduvo por la vida, durante dos o tres semanas en un estado semi-místico buscando recibir una señal divina...
Hasta que un día, paseando por un bosque, vio a un cervatillo caído, tumbado, herido, que tenía una pierna medio rota. Se quedó mirándolo y de repente vio aparecer a un puma. La situación lo dejó congelado; estaba a punto de ver cómo el puma, aprovechándose de las circunstancias, se comía al cervatillo de un sólo bocado. Entonces se quedó mirando en silencio, temeroso también de que el puma, no satisfecho con el cervatillo, lo atacara a él. Sorpresivamente, vio al puma acercarse al cervatillo. Entonces ocurrió algo inesperado: en lugar de comérselo, el puma comenzó a lamerle las heridas. Después se fue y volvió con unas pocas ramas humedecidas y se las acercó al cervatillo con la pata para que éste pudiera beber el agua; y después se fue y trajo un poco de hierba húmeda y se la acercó para que el cervatillo pudiera comer.
Increíble. Al día siguiente, cuando el hombre volvió al lugar, vio que el cervatillo aún estaba allí, y que el puma otra vez llegaba para alimentarlo, lamerle las heridas y darle de beber. El hombre se dijo: Esta es la señal que yo estaba buscando, es muy clara. "Dios se ocupa de proveerte de lo que necesites, lo único que no hay que hacer es ser ansioso y desesperado corriendo detrás de las cosas". Así que agarró su atadito, se puso en la puerta de su casa y se quedó ahí esperando que alguien le trajera de comer y de beber. Pasaron dos horas, tres, seis, un día, dos días, tres días... pero nadie le daba nada. Los que pasaban lo miraban y él ponía cara de pobrecito imitando al cervatillo herido, pero no le daban nada. Hasta que un día pasó un señor muy sabio que había en el pueblo y el pobre hombre, que estaba muy angustiado, le dijo: -Dios me engañó, me mandó una señal equivocada para hacerme creer que las cosas eran de una manera y eran de otra. ¿Por qué me hizo esto? Yo soy un hombre creyente... Y le contó lo que había visto en el bosque. El sabio lo escuchó y luego dijo: -Quiero que sepas algo. Yo también soy un hombre muy creyente. Dios no manda señales en vano. Dios te mandó esa señal para que aprendieras. El hombre le preguntó: -¿Por qué me abandonó? Entonces el sabio le respondió: -¿Qué haces tú, que eres un puma fuerte y listo para luchar, comparándote con el cervatillo? Tu lugar es buscar algún cervatillo a quien ayudar, encontrar a alguien que no pueda valerse por sus propios medios.
(Jorge Bucay "El camino del encuentro")
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Durante mi segundo semestre en la escuela de enfermería, nuestro profesor nos dio un examen sorpresa.
Yo era un estudiante consciente y leí rápidamente todas las preguntas, hasta que leí la ultima: "¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?" Seguramente esto era algún tipo de broma.
Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela.
Ella era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero, ¿cómo iba yo a saber su nombre?
Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco. Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen.
"Absolutamente", dijo el profesor. En sus carreras ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Ellos merecen su atención y cuidado, aunque solo les sonrían y digan: "¡Hola!'"
Nunca olvidé esa lección.
También aprendí que su nombre era Dorothy.
Todos somos importantes
(Desconozco el autor)
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Érase una vez una olita pequeñita que vivía muy alegre junto a otras olitas, allí mar adentro. A ella le gustaba mucho saltar y disfrutar de la compañía de sus compañeras. Tenía fama de ser muy alegre y divertida.
Un día, por eso de las corrientes marinas, nuestra protagonista se fue desplazando hacia tierra y cuál no sería su desconsuelo cuando observó en uno de sus saltos, que las otras compañeras que le precedían terminaban rompiéndose contra el acantilado, o desapareciendo entre la arena de la playa, o fruto del reflujo mar, eran desplazadas hacia otras costas.
Toda compungida se volvió hacia su mejor amiga que se encontraba asustando a las gaviotas y le dijo:
-"Qué ignorante eres. Estás jugando y divirtiéndote sin haberte dado cuenta que dentro de poco, cuando la corriente nos lleve hacia la tierra, desapareceremos para siempre y no nos volveremos a ver".
Y su amiga, la otra ola, le contestó: -"Ignorancia la tuya, que todavía no te has dado cuenta que lejos de desaparecer estaremos juntas para siempre, porque entre todas somos... ¡EL MAR!.
(Desconozco el autor)
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Érase una joven que todo lo tenía, un marido maravilloso, hermosos hijos, un muy buen empleo, una familia unida. Pero aún con todo esto no conseguía conciliar su vida, el trabajo y los quehaceres le ocupaban todo el tiempo y su vida siempre estaba fallando en algún área. Si el trabajo le consumía mucho tiempo, ella lo quitaba de los hijos, si surgían problemas, ella dejaba de lado a su esposo. Y así, las personas que ella amaba eran siempre dejadas para después.
Un día, su padre, un hombre muy sabio, le dio un regalo, una flor muy rara, pero muy hermosa y también única. Y le dijo: -Hija, esta flor te va a ayudar mucho, mas de lo que te imaginas. Tan sólo tendrás que regarla y podarla de vez en cuando, y a veces conversar un poco con ella, te dará a cambio ese perfume maravilloso y esos hermosos colores.
La joven quedó muy emocionada, a fin de cuentas, la flor era de una belleza sin igual. Pero el tiempo fue pasando, los problemas surgieron, el trabajo consumía todo su tiempo, y su vida continuaba tan confusa como antes, esto no le permitía cuidar de la flor. Cuando llegaba a casa, miraba la flor y todavía estaba allí, no mostraba señal de flaqueza o muerte, apenas estaba allí, linda y perfumada. Entonces pasaba de largo. Hasta que un día, sin más ni menos, la flor murió.
Ella llegó a casa y se llevó tremendo susto, estaba completamente muerta, su raíz estaba reseca, sus colores se habían perdido y sus hojas estaban ya amarillas. La joven lloró mucho, y contó a su padre lo que había ocurrido. Su padre entonces respondió: -No te puedo dar otra flor, porque no existe otra flor igual a esa, ella era única, al igual que tus hijos, tu marido y tu familia. Todos son bendiciones que el Señor te dio, pero tú tienes que aprender a regarlos, podarlos y darles atención, pues al igual que la flor, los sentimientos también mueren. Te acostumbraste a ver la flor siempre allí, siempre florida, siempre perfumada, y te olvidaste de cuidarla. Cuida de las personas que amas, acuérdate siempre de esta flor, pues las Bendiciones del Señor son como ella, Él nos da sus bendiciones, pero nosotros tenemos que cuidar de ellas.
(Desconozco el autor)
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Cierta vez existió debajo de la tierra una caverna. Durante toda su existencia había permanecido en la oscuridad.
Un día una voz llamó: - "Sube y ven hacia la luz, ven a ver la luz del Sol". La caverna respondió: - "No entiendo que quieres decirme; nada existe fuera de la oscuridad". Pero finalmente la caverna tuvo valor para subir y quedó sorprendida al ver la luz por todas partes. Entonces la caverna se dirigió al Sol y le dijo: - "Ven ahora tú conmigo y conocerás la oscuridad." - "¿Qué es oscuridad?" preguntó curioso el Sol. La caverna insistió: - "Ven conmigo y verás". Un día el Sol aceptó la invitación. Al entrar, la caverna dijo: - "Ahora verás mi oscuridad". - "¿Qué oscuridad?" preguntó curioso el Sol. La caverna insistió: - "Ven conmigo y verás mi oscuridad". Pero no había ninguna oscuridad.
El mensaje es sencillo:
La oscuridad no es nada más que la ausencia de luz y esto es fácilmente remediable. Depende de nosotros, de abrir los ojos para la luz y para la vida. No importa la edad (recuerda que una vela siempre arde con la misma intensidad, independientemente de cuanto queda de cera). Vivir nuestra luz mientras brilla, ilumina nuestra fe. Que podamos abrir los ojos, ver las cosas como son, y no apenas como las imaginamos. Vivir y al hacerlo iluminar la oscuridad de la vida de aquellos que amamos.
(Desconozco el autor)
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Que gran decepción tenía el joven de esta historia, su amargura absoluta era por la forma tan inhumana en que se comportaban todas las personas, al parecer, ya a nadie le importaba nadie.
Un día dando un paseo por el monte, vio sorprendido que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido, el cual no podía valerse por sí mismo. Le impresionó tanto al ver este hecho, que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual. Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre.
Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta. Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: "No todo está perdido. Si los animales, que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas".
Y decidió hacer la experiencia: Se tiró al suelo, simulando que estaba herido, y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara.
Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Estuvo así durante todo el otro día, y ya se iba a levantar, mucho más decepcionado que cuando comenzamos a leer esta historia, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio, sintió dentro de sí todo el desespero del hambriento, la soledad del enfermo, la tristeza del abandono, su corazón estaba devastado, y casi no sentía deseo de levantarse.
Entonces allí, en ese instante, lo oyó... ¡Con qué claridad, qué hermoso!, una hermosa voz, muy dentro de él le dijo:
Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad, para encontrar a tus semejantes como hermanos, deja de hacer de tigre y simplemente se la liebre".
(Desconozco el autor)
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Cuenta la leyenda que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, la LOCURA, como siempre tan loca, les propuso: -¿jugamos al escondite? La INTRIGA levantó la cara intrigada, y la CURIOSIDAD sin poder contenerse preguntó: - ¿al escondite? ¿y cómo es eso? -Es un juego- explicó la LOCURA - en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego. El ENTUSIASMO se halló secundado por la EUFORIA. La ALEGRIA dio tantos saltos que terminó por convencer a la DUDA, e incluso a la APATÍA a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La VERDAD prefirió no esconderse; ¿Para qué? si al final siempre le fallaban y la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo, lo que le molestaba era que la idea no había sido suya), y la COBARDÍA prefirió no arriesgarse... Uno, dos, tres... comenzó a contar la LOCURA. La primera en esconderse fue la PEREZA, que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. La FE subió al cielo, y la ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse; cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: ¿que si un lago cristalino? ¡Hay ideal para la BELLEZA!; ¿que si la rendija de un árbol? ¡Perfecto para la TIMIDEZ!; ¿que si el vuelo de una mariposa? ¡ o mejor para la VOLUPTUOSIDAD!; ¿que si una ráfaga de viento? ¡Magnífico para la LIBERTAD! Así que terminó por ocultarse en un rayito de sol, el EGOÍSMO, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... eso sí, sólo para él. La MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (¡mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris), y la PASIÓN y el DESEO en el centro de los volcanes, el OLVIDO... ¡se me olvidó donde se escondió!... pero no es lo importante. Cuando la LOCURA contaba 999.999 el AMOR aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y, enternecido decidió esconderse entre sus flores. -¡Un millón!- contó la LOCURA y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la PEREZA, sólo a tres pasos de la piedra. Después escuchó a la FE discutiendo con Dios en el cielo sobre zoología, y a la PASIÓN y al DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la ENVIDIA, y claro, pudo deducir donde estaba el TRIUNFO. Al EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo; él solito salió desesperado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la BELLEZA. Y con la DUDA resulto más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún en que lado esconderse. Así fue encontrando a todos: el TALENTO entre la hierba fresca, la ANGUSTIA en una oscura cueva, la MENTIRA detrás del arco iris... (¡Mentira, si ella estaba en el fondo del océano!), y hasta el OLVIDO, al que ya se le había olvidado que estaba jugando al escondite.Pero solo el AMOR no aparecía por ningún sitio. La LOCURA buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y, cuando estaba apunto de darse por vencida, divisó un rosal y las rosas... Y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas había herido en los ojos al AMOR, la LOCURA no sabía que hacer para disculparse; lloró, rogó, imploró, pidió perdón, y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra…
EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE, SIEMPRE, LE ACOMPAÑA.
(Desconozco el autor)
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Lucas era el tipo de persona que te encantaría ser. Siempre estaba de buen humor y siempre tenia algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba como le iba, él respondía:
- "Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo".
Era un gerente único porque tenía varias camareras que lo habían seguido de restaurante en restaurante. La razón por la que las camareras seguían a Lucas era por su actitud. Él era un motivador natural. Si un empleado tenía un mal día, Lucas estaba ahí para decirle al empleado como ver el lado positivo de la situación. Ver este estilo realmente me causó curiosidad, así que un día fui a buscar a Lucas y le pregunte:
No lo entiendo... no es posible ser una persona positiva todo el tiempo ¿Cómo lo haces?...
Lucas respondió:
"Cada mañana me despierto y me digo a mí mismo, Lucas, tienes dos opciones hoy: Puedes escoger estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor. Escojo estar de buen humor. Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello. Escojo aprender de ello. Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida. Escojo el lado positivo de la vida".
- Si, claro, pero no es tan fácil, protesté.
- "Si lo es", dijo Lucas. "Todo en la vida es acerca de elecciones. Cuando quitas todo lo demás, cada situación es una elección".
"Tu eliges como reaccionas ante cada situación, tu eliges como la gente afectará tu estado de ánimo, tu eliges estar de buen humor o mal humor".
"En resumen, TU ELIGES COMO VIVIR LA VIDA".
Reflexioné en lo que Lucas me dijo...
Poco tiempo después, deje la industria hotelera para iniciar mi propio negocio. Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Lucas, cuando tenía que hacer una elección en la vida en vez de reaccionar contra ella.
Varios años más tarde, me enteré que Lucas hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio de restaurante, dejo la puerta de atrás abierta y una mañana fue asaltado por tres ladrones armados. Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano temblando por el nerviosismo, resbalo de la combinación.
Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon. Con mucha suerte, Lucas fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una Clínica.
Después de ocho horas de cirugía y semanas de terapia intensiva, Lucas fue dado de alta, aún con fragmentos de bala en su cuerpo. Me encontré con Lucas seis meses después del accidente y cuando le pregunte como estaba, me respondió:
- "Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo".
Le pregunté que paso por su mente en el momento del asaltoy me contestó:
- Lo primero que vino a mi mente fue que debí haber cerrado con llave la puerta de atrás. Cuando estaba tirado en el piso, recordé que tenía dos opciones: Podía elegir vivir o podía elegir morir. Elegí vivir".
- ¿No sentiste miedo?, le pregunte. Lucas continúo:
- "Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en las caras de los médicos y enfermeras, realmente me asuste.
Podía leer en sus ojos: Es hombre muerto. Supe entonces que debía tomar una decisión.
- Que hiciste?, pregunté.
- "Bueno, uno de los médicos me preguntó si era alérgico a algo y respirando profundo grite: - Sí, a las balas .
Mientras reían, les dije: estoy escogiendo vivir, opérenme como si estuviera vivo, no muerto".
Lucas vivió por la maestría de los médicos, pero sobre todo por su asombrosa actitud.
Aprendió que cada día tenemos la elección de vivir plenamente, la ACTITUD, al final, lo es todo.
(Desconozco el autor)
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Cuatro Velas se estaban consumiendo tranquilamente. El ambiente estaba tan silencioso que se podía oír el diálogo entre ellas.
La primera dice: -¡Yo Soy la Paz! A pesar de mi Luz, las personas no consiguen mantenerme encendida. Y disminuyendo su llama, se apagó totalmente.
La segunda dice: -¡Yo me llamo Fe! Infelizmente soy superflua para las personas. Porque ellas no quieren saber de Dios, por eso no tiene sentido continuar quemándome. Al terminar sus palabras, un viento se abatió sobre ella, y esta se apagó.
En voz baja y triste la tercera vela se manifestó: -¡Yo Soy el Amor! No tengo más fuerzas que quemar. Las personas me dejan de lado porque solo consiguen manifestarme para ellas mismas; se olvidan hasta de aquéllos que están a su alrededor. Y también se apagó.
De repente entró una niña y vio las tres velas apagadas -¿Qué es esto? Ustedes deben estar encendidas y consumirse hasta el final.
Entonces la cuarta vela, hablo: -No tengas miedo niña, en cuanto yo esté encendida, podemos encender las otras velas.
Entonces la niña tomó la vela de la Esperanza y encendió nuevamente las que estaban apagadas. -¡Que la vela de la Esperanza nunca se apague dentro de nosotros!
(Desconozco el autor)
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Había una vez..... Un chico que nació enfermo. Una enfermedad que no tenía cura. Con 17 años y podría morir en cualquier momento .Siempre vivió en su casa, bajo el cuidado de su madre. Ya estaba harto y decidió salir solo por una vez. Le pidió a su madre y ella aceptó. Caminando por su cuadra vio muchas tiendas.
Al pasar por una tienda de música y ver el aparador, noto la presencia de una niña muy tierna de su edad. Fue amor a primera vista. Abrió la puerta y entro sin mirar nada que no fuera ella. Acercándose poco a poco, llegó al mostrador donde se encontraba ella. Ella lo miró y le dijo sonriente: "¿Te puedo ayudar en algo?
Mientras el pensaba que era la sonrisa más hermosa que había visto en toda su vida. Sintió deseos de besarla en ese mismo instante.
Tartamudeando le dijo: Si, eeehhh, uuuhhh...me gustaría comprar un CD".
Sin pensar, tomó el primero que vio y le dio el dinero. "¿Quieres que te lo envuelva?" - Pregunto la niña sonriendo de nuevo.
 El respondió que si, moviendo la cabeza; y ella fue al almacén para volver con el paquete envuelto y entregárselo. El lo tomo y salió de la tienda. Se fue a su casa, y desde ese día en adelante visito la tienda todos los días para comprar un CD. Siempre se los envolvía la niña para luego llevárselos a su casa y meterlos a su closet.
El era muy tímido para invitarla a salir y aunque trataba, no podía. Su madre se enteró de esto e intentó animarlo a que se aventara, así que al siguiente día se armó de coraje y se dirigió a la tienda Como todos los días compro otra vez un CD, y como siempre, ella se fue atrás para envolverlo.
Él tomó el CD; y mientras ella no estaba viendo, rápidamente dejo su teléfono en el mostrador y salió corriendo de la tienda......¡¡¡Ringggg !!!
Su madre contestó: ¿Bueno?", era la niña, preguntó por su hijo; y la madre desconsolada, comenzó a llorar mientras decía: "¿Que, no sabes?...murió ayer". Hubo un silencio prolongado, excepto los lamentos de su madre. Más tarde; la madre entró en el cuarto de su hijo para recordarlo. Ella decidió empezar por ver su ropa, así que abrió su closet. Para su sorpresa se topó con montones de CD´s envueltos. Ni uno estaba abierto. Le causo curiosidad ver tantos y no se resistió; tomó uno y se sentó sobre la cama para verlo; al hacer esto, un pequeño pedazo de papel salió de la cajita plástica. La madre lo recogió para leerlo y decía:
“¡Hola! ¡Estas súper guapo! ¿Quieres salir conmigo?". TQM....Sofía. De tanta emoción, la madre abrió otro y otro pedazos de papel en varios CD; y estos decían lo mismo....
Moraleja: Así es la vida, no esperes demasiado para decirle a ese alguien especial lo que sientes.
Díselo hoy. Mañana puede ser muy tarde.
(Desconozco el autor)
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Había una vez un hombre que estaba profundamente enamorado de una mujer. La veía pasar todos los días con una cesta de mimbre colgada el brazo. El sabía que ella le amaba tiernamente porque nunca le miraba a los ojos.
Un día, le pidió matrimonio y ella contestó que sí, pero le puso una sola condición: que nunca mirara dentro de la cesta de mimbre hasta que ella le diera permiso. Así se casaron y fueron muy felices. Pero el marido pronto olvidó su promesa y un día que ella había ido al mercado abrió la cesta. Asombrado, comenzó a reírse.

Estaba vacía.
Cuando ella llegó los ojos se le nublaron de lágrimas, de alguna manera supo que él había roto la promesa y le miró acusadora y llena de pena.
El trató de defenderse: "Mujer loca, no había nada allí dentro", "¿Nada?", murmuró ella. "Nada", contestó él.
Entonces ella dio la vuelta y empezó a andar hacia el sol poniente hasta que su imagen desapareció entre los rayos anaranjados.
Nunca nadie la volvió a ver sobre la faz de la tierra. No, la mujer no se marchó porque él hubiera roto la promesa, sino porque al mirar en el interior no vio nada.
Ella había llenado aquel cesto de cosas hermosas que había recolectado del cielo: polvo de estrellas, rayos de luna, colas de cometas... cosas destinadas a llenarles de felicidad. Cuando él miró y no pudo verlas, ella comprendió que ya no había nada que pudiera hacer y desapareció.
(Cuento Bosquimano)
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En una aldea había un anciano muy pobre, pero hasta los reyes lo envidiaban porque poseía un hermoso caballo blanco. Los reyes le ofrecieron cantidades fabulosas por el caballo, pero el hombre decía: - “Para mí, él no es un caballo, es una persona. ¿Y cómo se puede vender a una persona, a un amigo?” Era un hombre pobre pero nunca vendió su caballo. Una mañana descubrió que el caballo ya no estaba en el establo. Todo el pueblo se reunió diciendo: - „Viejo estúpido. Sabíamos que algún día le robarían su caballo. Hubiera sido mejor que lo vendiera. ¡Qué desgracia! - „No vayáis tan lejos -dijo el viejo-, simplemente decid que el caballo no está en el establo. Este es el hecho; todo lo demás es vuestro juicio. Si es una desgracia o una suerte, yo no lo sé, porque esto apenas es un fragmento. ¿Quién sabe lo que va a suceder mañana? La gente se rió del viejo. Ellos siempre habían sabido que estaba un poco loco. Pero después de 15 días, una noche el caballo regresó. No había sido robado, se había escapado. Y no sólo eso, sino que trajo consigo una docena de caballos salvajes. De nuevo se reunió la gente diciendo: - “Tenías razón, viejo. No fue una desgracia sino una verdadera suerte. - “De nuevo estáis yendo demasiado lejos -dijo el viejo-, decid sólo que el caballo ha vuelto... ¿quién sabe si es una suerte o no? Es sólo un fragmento. Estáis leyendo apenas una palabra en una oración. ¿Cómo podéis juzgar el libro entero?”

Esta vez la gente no pudo decir mucho más, pero por dentro sabían que estaba equivocado. Habían llegado doce caballos hermosos... El viejo tenía un hijo que comenzó a entrenar a los caballos. Una semana más tarde se cayó de un caballo y se rompió las dos piernas. La gente volvió a reunirse y a juzgar: - “De nuevo tuviste razón -dijeron-, era una desgracia. Tu único hijo ha perdido el uso de sus piernas y a tu edad él era tu único sostén. Ahora estás más pobre que nunca”. - “Estáis obsesionados con juzgar -dijo el viejo-, no vayáis tan lejos; sólo decid que mi hijo se ha roto las dos piernas. Nadie sabe si es una desgracia o una fortuna. La vida viene en fragmentos y nunca se nos da más que esto”. Sucedió que pocas semanas después el país entró en guerra y todos los jóvenes del pueblo eran llevados por la fuerza al ejército. Sólo se salvó el hijo del viejo porque estaba lisiado. El pueblo entero lloraba y se quejaba porque era una guerra perdida de antemano y sabían que la mayoría de los jóvenes no volvería. - “Tenías razón, viejo, era una fortuna. Aunque tullido, tu hijo aún está contigo. Los nuestros se han ido para siempre”. - “Seguís juzgando -dijo el viejo-, nadie sabe. Sólo decid que vuestros hijos han sido obligados a unirse al ejército y que mi hijo no ha sido obligado. Sólo Dios sabe si es una desgracia o una suerte que así suceda”.
No juzgues o jamás serás uno con el Todo. Te quedarás obsesionado con fragmentos, sacarás conclusiones de pequeñas cosas. Una vez que juzgas, has dejado de crecer...
Punto de Reflexión. Todo lo que a la vista parece un contratiempo puede ser un disfraz del bien, y lo que parece bueno a primera vista puede ser realmente dañino. Aceptemos la vida como nos viene e intentemos aprender de la circunstancias, sabiendo que siempre está la mano de Dios detrás de todo. Tengamos confianza.
(Desconozco el autor)
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Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo. Al terminar la clase, ese día de verano, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo...
- Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de verle esa cara aburrida. El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado. El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó: - ¿Cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes? El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta. - Por supuesto que no. -Contestó de nuevo en tono despectivo el muchacho. - Bueno, -prosiguió el profesor-, cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar. - No entiendo a qué se refiere. -dijo el alumno confundido. - Muy sencillo, -replicó el profesor-, tú me estás ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo, y yo, mi amigo, en verdad, prefiero obsequiarme mi propia serenidad. - Muchacho, -concluyó el profesor en tono gentil-, tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa, yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón pero de mí depende lo que yo cargo en el mío.
Cada día, en todo momento, tú puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres poner en tu corazón y lo que elijas lo tendrás hasta que decidas cambiarlo. Es tan grande la libertad que nos da la vida que hasta tenemos la opción de amargarnos o ser felices. ¿Qué escogiste tú?
(Desconozco el autor)
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Su nombre era Fleming y él era un pobre agricultor inglés. Un día, mientras trataba de ganarse la vida para su familia, escuchó a alguien pidiendo ayuda desde un pantano cercano. Inmediatamente soltó sus herramientas y corrió hacia el pantano. Allí, enterrado hasta la cintura en el lodo negro, estaba un niño aterrorizado, gritando y luchando tratando de liberarse del lodo. El agricultor Fleming salvó al niño de lo que pudo ser una muerte lenta y terrible. El siguiente día, un carruaje muy pomposo llegó hasta los predios del agricultor inglés.
Un noble inglés, elegantemente vestido, se bajó del vehículo y se presentó a sí mismo como el padre del niño que Fleming había salvado. -Yo quiero recompensarlo, -dijo el noble inglés-. Usted salvó la vida de mi hijo. -No, yo no puedo aceptar una recompensa por lo que hice, -respondió el agricultor inglés, rechazando la oferta-. En ese momento el propio hijo del agricultor salió a la puerta de la casa de la familia. -¿Es ese su hijo?- preguntó el noble inglés. -Sí -, respondió el agricultor lleno de orgullo. -Le voy a proponer un trato. -Déjeme llevarme a su hijo y ofrecerle una buena educación.Si él es parecido a su padre crecerá hasta convertirse en un hombre del cuál usted estará muy orgulloso. El agricultor aceptó.
Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming el agricultor se graduó de la Escuela de Medicina de St. Mary' s Hospital en Londres, y se convirtió en un personaje conocido a través del mundo, el notorio Sir Alexander Fleming, el descubridor de la Penicilina. Algunos años después, el hijo del noble inglés, cayó enfermo de pulmonía. ¿Que lo salvó? La Penicilina. ¿El nombre del noble inglés? Randolph Churchill. ¿El nombre de su hijo? Sir Winston Churchill.

Alguien dijo una vez:
"Siempre recibimos a cambio lo mismo que ofrecemos"
(Desconozco el autor)
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Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: - Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo. Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo: - No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje - el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey- Pero no lo leas -le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación. Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino... De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía: "ESTO TAMBIÉN PASARÁ". Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje. - ¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida. - Escucha -dijo el anciano- este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, porque el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo: - Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
(Desconozco el autor)
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-“Pasa” me dijo Dios,- “¿así que quieres entrevistarme?”
-“Bueno”, le conteste, “Sí tienes tiempo...”
Me sonríe y dice:
-“Mi tiempo se llama eternidad y alcanza para todo; ¿Qué pregunta quieres hacerme?”
-“Ninguna nueva ni difícil para ti... ¿Qué es lo que más te sorprende de los hombres?”
Y dijo: -“Que se aburren de ser niños, apurados por crecer, y luego suspiran por regresar a ser niños.
Que primero pierden la salud para tener dinero y enseguida pierden el dinero para recuperar la salud.
Que por pensar ansiosamente en el futuro, descuidan su hora actual, con lo que ni viven el presente ni el futuro. Que viven como si no fueran a morirse, y se mueren como si no hubiesen vivido, y pensar que yo... ”
Con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada deja de hablar. Sus manos toman fuertemente las mías y seguimos en silencio. Después de un largo tiempo y para cortar el clima, le dije:
-“¿Me dejas hacerte otra pregunta? ”
No me respondió con palabras sino sólo con su tierna mirada.
-“Cómo padre ¿Qué es lo que pedirías para tus hijos para este nuevo año?”
“Que aprendan, que no pueden hacer que alguien los ame. Lo que si pueden es dejarse amar.
Que lleva años construir la confianza y sólo unos segundos destruirla.
Que lo más valioso no es lo que tienen en sus vidas, sino a quienes tienen en sus vidas.
Que no es bueno compararse con los demás, pues siempre habrá alguien mejor o peor que ellos.
Que “rico” no es el que más tiene sino el que menos necesita.
Que deben controlar sus actitudes o sus actitudes los controlaran.
Que bastan unos pocos segundos para producir heridas profundas en los seres que amamos y que pueden tardar muchos años en ser sanadas.
Que a perdonar se aprende practicando.
Que hay gente que los quiere mucho, pero que simplemente no sabe como demostrárselo.
Que el dinero lo compra todo menos la felicidad.
Que a veces cuando están molestos tienen derecho a estarlo, pero eso no les da derecho a molestar a los que les rodean.
Que los grandes sueños no requieren de grandes alas sino de un tren de aterrizaje para lograrlos.
Que amigos de verdad son escasos, de modo que quien ha encontrado uno ha encontrado un verdadero tesoro.
Que no siempre es suficiente ser perdonado por otros, algunas veces deben perdonarse a sí mismos.
Que son dueños de lo que callan y esclavos de lo que dicen.
Que de lo que siembran cosechan, si siembran chismes cosecharan intrigas, si siembran amor cosecharan felicidad.
Que la verdadera felicidad no es cuestión de suerte sino producto de sus decisiones. Ellos deciden ser felices con lo que son y tienen o morir de envidia por lo que les falta y carecen.
Que dos personas pueden mirar una cosa y ver algo totalmente diferente.
Que sin importar las consecuencias, aquellos que son honestos consigo mismos llegan lejos en la vida.
Que a pesar de que piensen que no tienen nada más que dar, cuando un amigo llora con ellos encuentran la fortaleza para vencer sus dolores.
Que retener a la fuerza a las personas que aman, las aleja más rápidamente de ellos y dejarlas ir las deja para siempre a su lado.
Que a pesar de que la palabra “amor” pueda tener muchos significados, ésta pierde valor cuando es usada en exceso.
Que amar y querer no son sinónimos sino antónimos, el querer lo exige todo, el amar lo entrega todo.
Que nunca harán nada tan grande para que Dios lo ame más, ni tan malo para que los ame menos. Simplemente los amo a pesar de sus conductas.
Que la distancia más lejos a la que pueden estar de mí es la distancia de una simple oración.”
....Y así, en un encuentro profundo, tomados de la mano, continuamos en silencio.
(Desconozco el autor)
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Dios estaba en el cielo mirando cómo actuaban los hombres en la tierra. Entre ellos, la desolación reinaba. ¡Más de 6 mil millones de seres humanos son pocos para alcanzar la magnificencia divina del amor! Suspiró el señor.
El padre vio tantos humanos en guerra, esposos y esposas que no completaban sus carencias, ricos y pobres apartados, sanos y enfermos distantes, libres y esclavos separados, que un buen día reunió un ejército de ángeles y les dijo: ¿Veis a los seres humanos? ¡Necesitan ayuda! Tendréis que bajar vosotros a la tierra. ¿Nosotros? Dijeron los ángeles ilusionados, asustados y emocionados, pero llenos de fe. Sí, vosotros sois los indicados. Nadie más podría cumplir esta tarea. ¡Escuchad!: Cuando cree al hombre, lo hice a imagen y semejanza mía, pero con talentos especiales cada uno. Permití diferencias entre ellos para que juntos formasen el reino. Así lo planee. Unos alcanzarían riquezas para compartir con los pobres. Otros gozarían de buena salud para cuidar a los enfermos. Unos serian sabios y otros, muy simples para procurar entre ellos sentimientos de amor, admiración y respeto. Los buenos tendrían que rezar por los que actuaran como si fueran malos. El paciente toleraría al neurótico.
En fin, mis planes deben cumplirse para que el hombre goce, desde la tierra, la felicidad eterna. Y para hacerlo, ¡vosotros bajaréis con ellos! ¿De que se trata? Los ángeles preguntaron inquietos. Entonces el señor explicó su deber. Como los hombres se han olvidado de que los hice distintos para que se complementasen unos a otros y así formaran el cuerpo de mi hijo amado; como parece que no se dan cuenta de que los quiero diferentes para lograr la perfección, bajaran ustedes con francas distinciones. Y dio a cada uno su tarea: -Tú tendrás memoria y concentración de excelencia: serás ciego;
Tú serás elocuente con tu cuerpo y muy creativo para expresarte: serás sordomudo;
Tú tendrás pensamientos profundos, escribirás libros, serás poeta: tendrás parálisis cerebral;
A ti te dará el don del amor y serás su persona, habrá muchos otros como tú en toda la tierra y no habrá distinción de raza porque tendrás la cara, los ojos, las manos y el cuerpo como si fueran hermanos de sangre: tendrás Síndrome de Down;
Tú serás muy bajo de estatura y tu simpatía y sentidos del humor llegaran hasta el cielo: serás gente pequeña;
Tu disfrutaras la creación tal como lo planee para los hombres: tendrás discapacidad intelectual y mientras otros se preocupan por los avances científicos y tecnológicos, tu disfrutaras mirando a una hormiga, una flor. Serás muy feliz, muy feliz porque amaras a todos y no harás juicios de ninguno. Tú vivirás en la tierra, pero tu mente se mantendrá en el cielo; preferirás escuchar mi voz a la de los hombres: tendrás autismo;
Tú serás hábil como ninguno te faltarán los brazos y harás todo con las piernas y la boca.
Al último ángel le dijo: Serás genio; te quitare las alas antes de llegar a la tierra y bajaras con la espada ahuecada; los hombres reparan tu cuerpo, pero tendrás que ingeniártelas para triunfar. Tendrás mielomeningocelle que significa: miel que vino del cielo. Los ángeles se sintieron felices con la distinción del señor, pero les causaba enorme pena tener que apartarse del cielo para cumplir su misión. ¿Cuánto tiempo viviremos sin verte? ¿Cuánto tiempo lejos de ti? No os preocupéis, estaré con vosotros todos los días. Además, esto durara solo entre 60 y 80 años terrenos. Esta bien, padre. Será como dices 80 años son un instante en el reloj eterno. Aquí nos vemos al ratito, dijeron los ángeles al unísono y bajaron a la tierra emocionados. Cada uno llegó al vientre de una madre, ahí se formaron durante 6, 7, 8, o 9 meses al nacer fueron recibidos con profundo dolor, causaron miedo y angustia. Algunos padres rehusaron la tarea; otros la asumieron enojados; otros se echaron culpas hasta disolver su matrimonio y otros mas lloraron con amor y aceptaron el deber.

Sea cual fuere el caso, como los ángeles saben de su misión y sus virtudes son la fe, la esperanza y la caridad, además de otras, todas gobernadas por el amor, ellos han sabido perdonar, y con paciencia pasan la vida iluminando a todo aquel que los ha querido amar. Siguen bajando ángeles a la tierra con espíritus superiores en cuerpos limitados y seguirán llegando mientras haya humanidad en el planeta. Dios quiere que estén entre nosotros para darnos la oportunidad de trabajar con ellos, para aprender de ellos. Y, trabajar es servir; servir es vivir y vivir es amar, porque la vida se nos dio para eso. El que no vive para servir, no sirve para vivir. ”Maestro, ¿quién pecó para que este naciera ciego? ¿El o sus padres? Ni el ni sus padres; nació así para que se vieran en él las obras de Dios.” Y las obras de Dios también se hacen a través de los hombres. Estas obras son de misericordia, especialmente con aquellos que más nos necesitan. ¿Ven por que tantas diferencias?
Gracias Señor por darme tan hermosa oportunidad de poder conocer no a uno sino a muchos de estos hermosos angelitos divinos de los cuales he aprendido muchas cosas, entre ellas el verdadero AMOR.
(Desconozco el autor)
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Cuentan que un buen hombre vivía en el campo pero tenía problemas físicos, cuando un día se le apareció Jesús y le dijo: "Necesito que vayas hacia aquella gran roca de la montaña, y te pido que la empujes día y noche durante un año".
El hombre quedó perplejo cuando escuchó esas palabras, pero obedeció y se dirigió hacia la enorme roca de varias toneladas que Jesús le mostró. Empezó a empujarla con todas sus fuerzas, día tras día, pero no conseguía moverla ni un milímetro. A las pocas semanas llegó el diablo y le puso pensamientos en su mente: "¿Por qué sigues obedeciendo a Jesús? Yo no seguiría a alguien que me haga trabajar tanto y sin sentido. Debes alejarte, ya que es estúpido que sigas empujando esa roca, nunca la vas a mover".
El hombre trataba de pedirle a Jesús que le ayudara para no dudar de su voluntad, y aunque no entendía se mantuvo en pié con su decisión de empujar. Con los meses, desde que se ponía el sol hasta que se ocultaba aquel hombre empujaba la enorme roca sin poder moverla, mientras tanto su cuerpo se fortalecía, sus brazos y piernas se hicieron fuertes por el esfuerzo de todos los días. Cuando se cumplió el tiempo el hombre elevó una oración a Jesús y le dijo: "Ya he hecho lo que me pediste, pero he fracasado, no pude mover la piedra ni un centímetro”.
Y se sentó a llorar amargamente pensando en su muy evidente fracaso. Jesús apareció en ese momento y le dijo: "¿Por qué lloras? ¿Acaso no te pedí que empujaras la roca? Yo nunca te pedí que la movieras, en cambio mírate, tu problema físico ha desaparecido. NO has fracasado, yo he conseguido mi meta, y tú fuiste parte de mi plan".
Muchas veces al igual que este hombre, vemos como ilógicas las situaciones, problemas y adversidades de la vida, y empezamos a buscarle lógica, nuestra lógica, a la voluntad de Dios y viene el enemigo y nos dice que no servimos, que somos inútiles o que no podemos seguir. El día de hoy es un llamado a "empujar" sin importar qué tantos pensamientos de duda ponga el enemigo en nuestras mentes, pongamos todo en las manos de Jesús, y Él por medio de su voluntad nunca nos hará perder el tiempo, mas bien, nos hará ser mas fuertes!
(Desconozco el autor)
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El abuelo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieta de 7 años. Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.
La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían el alimentarse asunto difícil....
Los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel.
El hijo y su esposa se cansaron de la situación. "Tenemos que hacer algo con el abuelo", dijo el hijo. "Ya he tenido suficiente. Derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo". Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor.
Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer.
Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera. De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado sólo.
Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida. La niña, observaba todo en silencio.
Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hija estaba jugando con trozos de madera en el suelo.
Le preguntó dulcemente: "¿Qué estás haciendo?"
Con la misma dulzura la niña le contestó: "Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, comáis en él." Sonrió y siguió con su tarea.

Las palabras de la pequeña golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla. Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer. Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa con ellos.
Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.
Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben. Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas. Los padres y madres inteligentes se percatan de que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de su hijo. Seamos constructores sabios y modelos a seguir.
(Desconozco el autor)
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Había dejado atrás su juventud buscando afanosamente en disciplinas y filosofías tan dispares como el zen, budismo, sintoísmo, islam, cristianismo, judaísmo, la practica del yoga y la meditación, aquellas respuestas que su espíritu inquieto necesitaba tan imperiosamente. Podía decirse de él que ya lo había probado todo. De ninguna de sus tentativas logró el resultado esperado, más bien al contrarío; cada vez era mayor su confusión y frustración. Hasta que un día, resignado ya, decidió rendirse y renunciar a toda búsqueda.
Abatido por lo que él sentía como el abrumador peso de la derrota, fue dando tumbos, sin ocupación ni meta.
Más, un día, alcanzó a oír lo que un grupo de jóvenes con el entusiasmo propio de su juventud comentaban:
-Pues si, dicen de él que es no solo un gran maestro, sino que, además es el mejor, el más sublime, el primero, el más grande...
-Si, -añadió otro- tanto es así que aseguran algunos que con su sola presencia han alcanzado el conocimiento, la iluminación...
-Es cierto -comentó otro- pero seguro que debe ser poco menos que inaccesible. Además vive en un país tan remoto...
Estos comentarios fueron suficientes para reavivar en él la llama de aquella inquietud que tantos años había permanecido dormida.... Y pensó:
Aún que tal vez fuera cierto que fuera casi inaccesible y que además viviera en aquel lejano país del que alcanzó a oír su nombre... ¿Que podía perder él que ya lo había perdido todo, hasta la esperanza?
Por eso y con la firme determinación de su ilusión renovada emprendió el camino hacia aquel distante país.
Después de mucho tiempo y esfuerzo y penalidades que no hacían sino provocar más empeño logró llegar a aquél país. Pero nadie parecía conocer ni saber de aquél gran maestro, a pesar de su fama de ser el mejor, el más grande, el primero...
Nuevamente el desánimo le incitaba ya a una nueva renuncia pues, pasaba el tiempo y ante su desesperación no conseguía que nadie le diera referencia alguna. Hasta que un día, en una de las últimas ciudades que le quedaban por visitar se encontró con un grupo de jóvenes que animadamente iban comentando sobre una fiesta a la que estaban invitados.
Tal vez, y recordando que fueron unos jóvenes también los que con sus comentarios le decidieron a emprender la hasta entonces infructuosa búsqueda, o quizá por una compulsiva intuición se dirigió a ellos preguntándoles por aquel gran maestro, el más sublime, el mejor, sin duda el primero.
Casi no podía creerlo cuando uno de ellos pregunto a su vez a un compañero:
-¿No recuerdas que hace mucho tiempo también vino uno preguntando por ese supuesto maestro?
-Si, y creo que se refiere a Kabir... he oído rumores al respecto.
-Pues si es a él al que buscas -añadió un tercero- estás de suerte pues vamos a una fiesta a la que sabemos que él también está invitado. Si quieres acompáñanos y te lo mostraremos.
¿Como? ¿A una fiesta? -pensó- ¿Como puede ser esto... un gran maestro en una fiesta? Seguro que hay un mal entendido... Pero gracias a que yo he hecho yoga, zen, conozco el budismo, el sintoísmo... lo veo bien claro ¿como va a ir a una fiesta un maestro? Pero, ya que he llegado hasta aquí, veamos quien es este tal Kabir.
Cuando llegaron a la lujosa mansión en la que se celebraba la fiesta se encontró con lo que a sus ojos le pareció poco menos que una orgía palaciega. Ahora si que ya no tenía ninguna duda de que allí no encontraría maestro alguno... porque él, que había hecho zen, yoga, sufismo...
¿Como podía caer en semejante error? Por cierto, ¿donde estaba el tal Kabir?
Cuando preguntó por él uno de los jóvenes se disculpó:
- ¡Ah! si, perdona,...espera a ver... ¡Si! ¿Ves aquel joven que está apoyado en aquella columna?... Si, aquella junto a la ventana...
-¿Como? ¿Aquel que está besándose con aquella chica?
Pero ¿como podía alguien creer que el tal Kabir fuera un maestro? Afortunadamente, él que había hecho zen, yoga, meditado, etc, etc... tenía sus ideas bien claras respecto a lo que debía ser un maestro. Y por supuesto, el tal Kabir, ...¿en una fiesta de una lujosa mansión y besándose con aquella mujer? ¡Ni por aproximación!
Era evidente que aquellos jóvenes no comprendían el significado dela palabra “maestro” y que no habían comprendido, por lo que nuevamente preguntó tratando de ser más preciso:
A ver, ¿no sabríais de alguien que... no sé,... que se haya ido a vivir retirado, que haya dejado todo...?
-Bueno, -interrumpió uno de ellos- ahora que lo dices... recuerdo que mi padre una vez me comentó que siendo aún joven, un amigo suyo se había ido a vivir solo en lo más alto de aquella montaña... Si, aquella que se ve al fondo, por esta ventana. Parece ser que era medio místico o algo parecido...
¡Al fin! -exclamó- ¡Este es el que busco!
Y con una apresurada despedida inició la marcha hacia aquella montaña.
Después de una difícil y fatigosa ascensión alcanzó la cumbre y, súbitamente se encontró frente a la presencia de un anciano que, majestuosamente sentado en una perfecta posición del loto ante la entrada de una pequeña gruta, estaba sumido en profunda meditación. Con una profunda sensación de sobrecogimiento, respetuosamente se sentó procurando no perturbarle, en actitud de reverente espera a pesar de su impaciencia que, iba en aumento a medida que transcurría el tiempo...
Pero, al fin, aquel anciano al que mil surcos en su rostro y una larga y blanca barba le conferían un aspecto solemne y venerable, lentamente abrió los ojos.
No pudiendo contener más su impaciencia, empezó a narrarle al anciano las incidencias de su larga búsqueda. De como gracias a que él había practicado tantas disciplinas, estudiado diversas filosofías había podido adquirir los conocimientos precisos para comprender que si había algún gran maestro, el más grande, el primero sin duda era él ya que tanta era su plenitud que ello le permitía liberarse de la dependencia del mundo y sus miserias y grandezas...
Mientras se prodigaba en elogios a la maestría del anciano, este iba adquiriendo una expresión cada vez más triste y apesadumbrada, y cuando ya unas lágrimas se bifurcaban entre los infinitos y profundos surcos que el tiempo había cincelado en su rostro, con voz grave que reflejaba un gran pesar le interrumpió:
“No hijo, no soy yo el gran maestro, y ni mucho menos el más grande, el primero; sino que, el más grande, el más sabio, es este joven que viste en aquella fiesta.
Si, porque yo aún debo apartarme la sociedad y del mundo, huir de él para tratar de encontrar la paz en mi. En cambio este joven y gran maestro si puede estar en el mundo sin que el mundo esté en él, esta es la suprema maestría.”
Se cuenta que aquél inquieto buscador fue visto bajando de aquella montaña dando saltos y aspavientos y con grandes risotadas.
Algunos dicen que era la risa histérica y desenfrenada de aquel que ha perdido la razón...
Más, otros afirman que esta era la risa espontánea, desinhibida, arrolladora y visceral de aquél que por fin ha comprendido.
(Desconozco el autor)
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La historia se refiere a un individuo que se mudó de aldea, en la India, y se encontró con lo que allí llaman un Sennyasi.
Éste es un mendicante errante, una persona que, tras haber alcanzado la iluminación, comprende que el mundo entero es su hogar, el cielo su techo y Dios su padre, que cuidará de él. Entonces se traslada de un lugar al otro, tal y como tú y yo nos trasladaríamos de una habitación a otra de nuestro hogar.
Al encontrarse con el Sennyasi, el aldeano dijo: -¡No lo puedo creer!, anoche soñé con usted, soñé que el Señor me decía: "Mañana por la mañana abandonarás la aldea, hacia las once, y te encontrarás con este Sennyasi errante". Y aquí me encontré con usted. -¿Qué más le dijo el Señor?, preguntó el Sennyasi. - Me dijo: "Si el hombre te da una piedra preciosa que posee, serás el hombre más rico del mundo..." ¿Me daría usted la piedra?
Entonces el Sennyasi revolvió en un pequeño zurrón que llevaba y dijo: -¿Será ésta la piedra de la cual usted hablaba? El aldeano no podía dar crédito a sus ojos, porque era un diamante, el diamante más grande del mundo. -¿Podría quedármelo? -¡Por supuesto! Puede conservarlo; lo encontré en un bosque. Es para usted. El Sennyasi siguió su camino y se sentó bajo un árbol, en las afueras de la aldea.

El aldeano tomó el diamante y ¡qué inmensa fue su dicha!, como lo es la nuestra el día en que obtenemos realmente algo que deseamos. El aldeano, en vez de ir a su hogar, se sentó también bajo un árbol y permaneció todo el día sentado, sumido en meditación.
Y al caer la tarde, se dirigió al árbol bajo el cual estaba sentado el Sennyasi, le devolvió a éste el diamante y dijo: -¿Podría hacerme un favor? -¿Cuál?, le preguntó el Sennyasi. -¿Podría darme la riqueza que le permite deshacerse de esta piedra preciosa tan fácilmente?
(Uno de los cuentos que contaba Anthony de Mello )
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En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras.
Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Eliahu transpirando, mientras parecía cavar en la arena.
- ¿Que tal anciano? La paz sea contigo. - Contigo -contestó Eliahu sin dejar su tarea. - ¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos? - Siembro -contestó el viejo. - Qué siembras aquí, Eliahu? - Dátiles -respondió Eliahu mientras señalaba a su alrededor el palmar. - ¡Dátiles!! -repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez.- El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor. - No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos... - Dime, amigo: ¿cuántos años tienes? - No sé... sesenta, setenta, ochenta, no sé.. lo he olvidado... pero eso, ¿qué importa? - Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojala vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo. - Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto... y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea. - Me has dado una gran lección, Eliahu, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste - y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero. - Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tu me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto y sin embargo, mira, todavía no acabo de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo. - Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy y es quizás más importante que la primera. Déjame pues que pague también esta lección con otra bolsa de monedas. - Y a veces pasa esto -siguió el anciano y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas-: sembré para no cosechar y antes de terminar de sembrar ya coseché no solo una, sino dos veces. - Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo de que no me alcance toda mi fortuna para pagarte...
(Jorge Bucay -Cuentos para pensar)
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Cuatro hombres se reunieron para peregrinar por la India y tomar contacto con la sabiduría de este país. Eran un persa, un turco, un griego y un árabe; se encontraban un amanecer junto a un río sagrado, pasó por allí un devoto y pensó: Estos hombres no tienen muy buen aspecto. Voy a darles una limosna. Amigos, aceptarme estas cinco rupias y tomad algo como desayuno. - Gracias, buen hombre - respondieron los peregrinos. Cuando el hombre hubo partido, el persa dijo: "Con este dinero compraré angur y todos lo comeremos", pero el turco replicó: "Ni hablar, compraremos uzum", en tanto que el griego protestó: "Nada de eso, compraremos stafyllia", y el árabe aseveró: "Vamos a comprar inab", y entonces todos comenzaron a regañar y llegaron a las manos. Pasó por allí en tales momentos un yogui y trató de calmarlos y reconciliarlos. - ¿Qué os ocurre? - les preguntó, y los peregrinos se lo explicaron. Entonces el yogui les rog&oacut |